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Pau M Just, con M de Magnífico

"Para ser un buen comunicador hace falta conocer la materia que se explica, y Just tiene caudal"

Pau M. Just/ Youtube
Pau M. Just/ Youtube

La parrilla es la forma común de denominar a la programación de una cadena de TV. Así, decimos que un programa se ha caído de la parrilla de Antena 3 o que se ha incorporado a la parrilla de ETB 1. Se llama parrilla porque aún no se habían inventado los cuadros Excel y era la forma a la que recurrió con éxito un hambriento poeta de oficina que quiso ver, en los gráficos de programación, una parrilla a la brasa. Hoy diríamos en el Excel de Antena 3 o en el Excel de ETB 1, pero lo de parrilla se ha quedado como jerga televisiva, que resulta como más propio, más profesional.

La parrilla era la que marcaba los hábitos de la casa. Como un reloj, las comidas y las siestas y las cenas y las tareas de los niños se hacían conforme a la parrilla esa que nos tenía asados con su rigor cronométrico y su implacable avance, que lo mismo te impedía ir al baño cuando lo precisabas que, por culpa de un atasco de tráfico, te hacía perder el capítulo trascendental y definitivo de la serie que habías seguido durante semanas.

Alguien ha dado una patada a las parrillas. Ahora, los programas y las series y hasta los informativos y los documentales circulan etéreos, suspendidos en la nube, en un lugar tan impreciso como inmediato para acudir a tu llamada. Ahora, cada cual se hace su Excel, su parrilla, su programación televisiva, que espera en plataformas y en redes a que abras la espita para brotar en streaming con todo su caudal audiovisual y toda su impaciencia por ocupar tu tiempo.

Hoy todos somos directores de contenido y tenemos la capacidad de escoger aquello que mejor se ajusta a nuestras inquietudes. Es un avance en la libertad de elección y, como toda libertad, nos exige conocer para acertar. La oferta audiovisual de la que se dispone es tan amplia que desborda la capacidad de selección y, finalmente, acabamos por plegarnos a una parrilla algorítmica que anticipa lo que nos va a interesar. No es como antes, pero es igual que siempre.

Para ser un buen comunicador hace falta conocer la materia que se explica, y Just tiene caudal. Eso le permite ofrecer perspectivas singulares y salirse de lo previsible

Entre estas selecciones algorítmicas, hace unas semanas que me apareció un canal en el mosaico de YouTube que con el nombre de “Deconstruyendo el Cine” dirige un joven arquitecto catalán. Pau M. Just es el presentador y guionista de un programa que se propuso explicar la arquitectura, su estética y su funcionalidad, a través de la historia del cine, desde las pelis de 007 a El Señor de los Anillos o Star Wars. Así se lo propuso, aunque va mucho más allá y nos cuenta las estéticas de tendencias musicales, de la arquitectura fascista o de la casa desde la que Ibai emite sus directos.

Just es un comunicador que, afortunadamente, ha dispuesto de una red social para lograr expresarse. De otro modo, en otro tiempo, hubiera asediado a sus amigos con disertaciones sobre la volta catalana, las escaleras de El Joker y la cimentación con troncos de árbol. Hubiera podido escribir un libro con sus inquietudes de arquitecto cinéfilo (seguramente acabará haciéndolo) e incluso dar conferencias presentando fotografías y gráficos en los que expresar sus emociones. Pero todo ello no hubiera sido suficiente para que Just, con8 una cámara y un ordenador, hubiera podido emplear sus cualidades comunicativas, su desinhibición y su capacidad discursiva para transmitir tanta pasión hacia el cine y la arquitectura como lo hace en “Deconstruyendo el Cine”.

No es que Just no gesticule y no se dé un aire doctoral, supongo que es necesario para un papel de este tipo, pero al menos no se le ve el cartón, no se le nota el telepronter, no le hace falta un apuntador, y eso le da crédito

Para ser un buen comunicador hace falta conocer la materia que se explica, y Just tiene caudal. Eso le permite ofrecer perspectivas singulares y salirse de lo previsible en casos como una explicación sobre el genio de Miguel Ángel o sobre las catástrofes de Calatrava. Resulta pretencioso ver a tantos youtubers que les vale aprender lo que la wikipedia dice de un asunto para ponerse ante una cámara a replicarlo con gestos histriónicos y pose rimbombante. No es que Just no gesticule y no se dé un aire doctoral, supongo que es necesario para un papel de este tipo, pero al menos no se le ve el cartón, no se le nota el telepronter, no le hace falta un apuntador, y eso le da crédito para que el aficionado al cine, a la arquitectura o a una visión particular de la estética, se suscriba a su canal.

Atención, que Just no es un fenómeno de las redes, tiene 65.100 suscriptores ganados desde que el confinamiento le animó a distraerse con You Tube. Nada que ver con los casi 10 millones que tiene Ibai. Pero el canal de Pau M Just es como lo son los documentales de La 2 frente a Mira Quién Baila, que son productos distintos emitidos en una misma plataforma.

Por ello, es una suerte que el algoritmo haga llegar a tu mosaico la oportunidad de ver a profesionales con cualidades de comunicación y conocimientos suficientes para formar, informar y entretener (las tres claves de la televisión) con sus docenas de vídeos sobre el cine y la arquitectura. Pau M Just, con M de Magnífico.

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