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La Economía B no es lo que piensas

El movimiento empresarial B Corp entra poco a poco en Euskadi resignificando la letra maldita

Imagen de un encuentro de empresas B corp. / J.S.
Imagen de un encuentro de empresas B corp. / J.S.

La letra b, asociada al dinero, siempre ha tenido mala prensa. Lo habitual es usarla como adjetivo para referirse al parné que queda fuera del control de la Hacienda Pública. El fraude se puede dar en todas las esferas, desde fontaneros hasta un tal M. Rajoy, pero las operaciones resultan más dañinas y depuradas en los peldaños superiores.

Detrás de la caja b o la contalidad b aparecen paraísos fiscales, sociedades pantalla y demás tejemanejes financieros de dudoso gusto y peor ética. Sin embargo, en los últimos años ha tomado carrerilla un movimiento económico con ganas de resignificar el grafema mediante dichos y hechos. Hablamos de B Corporation, comunidad de alcance internacional formada ya por 4.400 empresas de 77 países del mundo. Poniendo la lupa, aparecen seis que operan desde Euskadi.

Son NUOC Life, Ekomodo, BIKOnsulting, Triodos Bank, Kaya Impacto y Aiguasol. Pertenecen a sectores muy distintos (bancario, consultoría, moda, complementos, energía…), pero comparten objetivo: practicar una Economía B de Buena poniendo en el centro de su actividad a las personas y el planeta. Y eso tiene su aquél. A diferencia de los negocios que sólo persiguen fines económicos, las B Corps han de satisfacer los más altos estándares de desempeño social y ambiental, transparencia pública y responsabilidad.

Legalmente, se les exige que tengan en cuenta en la toma de decisiones a sus trabajadores, clientes, proveedores, entorno y medio ambiente. Por eso entrar en la comunidad es complicado y, una vez conseguido, toca seguir demostrando para quedarse. NUOC, marca donostiarra especializada en botellas reutilizables lifestyle, sabe bien que el Movimiento B no se anda con chiquitas. “Iniciamos los trámites para ser B Corp hace dos años, en plena pandemia. Fue un proceso largo e intenso de siete meses porque son muchas evaluaciones que hay que ir “aprobando” y mucha documentación que presentar”, explican desde la empresa.

Pequeños aventureros

Dentro del movimiento hay compañías de renombre internacional, y eso ha ayudado a que B Corp gane prestigio, pero son los pequeños aventureros quienes han escrito las más grandes historias de inspiración. Detrás de NUOC están Maitane Taboada, David Tena y un viaje por el sudeste asiático en 2015 que les puso de frente la inmensa problemática del plástico de un solo uso y sus consecuencias en los océanos.

“Como viajeros y amantes del surf, tras ese viaje decidimos dejar nuestros respectivos trabajos y ser parte del cambio. Así es como nació NUOC (agua en vietnamita), allá por 2016 en San Sebastián. Nuestro objetivo es ofrecer una alternativa reutilizable, sostenible, responsable y de diseño a las botellas de plástico de un solo uso. Y además, apoyamos proyectos de ONG que brindan acceso a agua en países en vías de desarrollo”, cuentan.

Era de recibo que un proyecto así buscara la manera de obtener “un reconocimiento a tanto trabajo y a tanta lucha por intentar cambiar y mejorar algo el planeta”. Ahora bien, la certificación como tal solo es una parte. Las compañías que integran el Movimiento B comparten jornadas de trabajo, construyen espacios de diálogo y suman fuerzas para introducir cambios que favorezcan otro modelo empresarial. Su último hito fue la aprobación por parte del Gobierno de España de una figura jurídica que reconoce las empresas con propósito dentro de la nueva Ley Crea y Crece. Ahí las B Corps vascas estuvieron empujando con brío.

"Más profundo que un certificado"

“Ser B Corp tiene un significado más profundo que obtener la certificación. Significa que el objeto social de la empresa y el alma sea de crear a través de la compañía un impacto positivo en el planeta y en las personas. Nosotros creemos que las empresas que no son parte de la solución, son parte del problema. Por eso desde que nos pusimos en marcha teníamos claro que queríamos ser una B Corp”. Quien lanza este convencido discurso es Aritz Gartzia, CEO y cofundador de EKOMODO, otra compañía nacida de la pasión por cambiar las cosas.

La historia de EKOMODO comienza en Eko-REC, compañía industrial referente internacional en reciclaje y economía circular: es la única de Europa que recicla botellas de plástico PET (alrededor de 5 millones al día) y sin salir de las instalaciones las convierte en diferentes productos industriales. El caso es que en 2019, tres jóvenes trabajadores de Eko-REC identificaron la oportunidad de cerrar aún más el ciclo del residuo, convirtiendo esa fibra en productos que la gente pudiera usar en su día a día con mucho diseño y total funcionalidad. Desde entonces, Gartzia, Adriana Uribesalgo y David Zabala han ido modelando el más sostenible universo de accesorios. 

NUOC y EKOMODO son ejemplo de empresas que nacen con el propósito de salvar el planeta en el ADN, pero en realidad cualquier compañía podría transformar su cultura y maneras de trabajar para ser más justa, responsable y transparente. “Aunque de primeras pueda resultar abrumador, cada cual desde su actividad puede encontrar la mejor manera de tener ese impacto positivo”, asegura Gartzia. No es cuestión de letras malditas, sino de dónde poner el foco.

 

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