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El dramaturgo de origen libanés Wajdi Mouawad explicaba que para escribir su obra teatral 'Littoral' pensó en tres personajes: Edipo, que mató a su propio padre, Hamlet, que vengó al suyo, y el protagonista de 'El idiota' de Dostoievski, que no conoció a su progenitor. Supongo que la obra de todo artista consiste en matar al padre y asumir su propio destino. El artista no puede ser un esclavo de su contexto. Debe ser un testigo de su tiempo, alguien que trata de descubrir cuál es su propio punto de vista, cuál es su mirada, y cómo confrontar con lo real. Como dice Enzo Cormann, la dramaturgia consiste en pensar contra uno mismo.

El 4 de julio de 2018 asistí en la Biblioteca Bertendona de Bilbao a la presentación de la magnífica novela gráfica de Alfonso Zapico titulada 'Los puentes de Moscú', que cuenta las historias del dirigente socialista Eduardo Madina y del músico Fermín Muguruza. Confieso que nunca he sido fan del “rock radical vasco”. Siempre fui más de Bob Dylan, Georges Brassens y Joan Baez. Cada vez que mis vecinos me perturbaban con el sonido de Su ta gar, yo ponía 'Mi querida España', de Cecilia. Soy un vasco atípico. Ese día acudí a la presentación del libro pues estaba en Bilbao y sentía curiosidad por conocer un poco más ambas historias, aunque obviamente me sentía - y me siento - más cercano a Edu Madina que a Fermín Muguruza.

En 'Los puentes de Moscú' Zapico dibuja el intento de asesinato de ETA contra Madina cuando se disponía a acudir a su trabajo. Recuerdo perfectamente el atentado contra Madina y cómo acudí a la manifestación de repulsa en Bilbao junto a mis padres. En el cómic de Zapico aparece una viñeta sobre ese día. En la cabecera de la manifestación podía verse el lema, que me pareció impecable y decía así: “No hay más patria que la humanidad”. Zapico también dibuja un conato de atentado contra Fermín Muguruza – cuando celebraba en Barcelona un concierto a favor de los presos de ETA - perpetrado por un “youtuber” llamado Santiago Royuela, que difunde todo tipo de teorías conspiranoicas en internet. En otra de las viñetas Zapico escribe: “Ya nada es igual que antes. Por eso estamos haciendo este libro”. Esta afirmación me parece inquietante. He pensado mucho sobre ella. Y quizá tenga razón. En otra viñeta Zapico recoge literalmente una revelación que Fuguruza le hizo a Madina en su entrevista para Jot down, cuando explica que su técnico de sonido era hermano de Yoyes (asesinada por ETA el 10 de septiembre de 1986).  

En el largometraje de animación 'Black is beltza', de Fermín Muguruza, el joven Manex será testigo de varios hechos históricos, como los disturbios provocados por el asesinato de Malcolm X en 1965, o la conexión entre los Black Panthers y los servicios secretos cubanos. Aparecen diversos personajes históricos, como el Ché Guevara o Jimmy Hendrix. Se trata de una historia de aventuras entretenida pero el objetivo del protagonista no queda del todo claro. De lo que no hay duda es de que Manex insiste en varias ocasiones en explicar que es "vasco", y no “francés". Este empeño en reivindicar su origen y su sentimiento identitario es el síntoma inequívoco de un narcisismo a flor de piel que choca frontalmente con el internacionalismo de otros personajes que aparecen en el film.

Manex entiende que él es vasco y que eso es relevante a la hora de defender causas políticas. En cierto modo refleja bien la contradicción ideológica del propio Muguruza, quien por un lado tiene una vocación internacionalista y sin embargo es profundamente nacionalista. Durante el film, los personajes hablan recurrentemente de los vascos. El Ché intuye que su apellido es vasco. Juan Rulfo afirma que su segundo apellido también es vasco. Otros personajes hablan de la importancia de los vascos en el mundo. En una escena, cuando el protagonista sufre los efectos del mezcal, otro personaje (esta vez una mujer) asegura: “soy negra y orgullosa, soy vasca y orgullosa”. Lo vasco se presenta como elemento autorreferencial inagotable. A mí, sin embargo, me agota.

En 'Black is beltza II': Ainhoa aparece el escritor y exetarra Joseba Sarrionaindía, al que Kortatu ya dedicó su célebre canción 'Sarri, sarri', haciendo referencia a la fuga de la prisión de Martutene que éste mismo protagonizó junto a Kepa Pikabea en 1985, aprovechando que en dicha cárcel se celebraba un concierto del cantante y músico Imanol Larzábal. La Policía interrogó a Imanol, aunque él no tenía nada que ver en la fuga pues ya se había desvinculado de ETA. Imanol fue miembro activo de la plataforma cívica "¡Basta ya!" y tuvo que exiliarse a Alicante debido a las amenazas de la banda y a la coacción permanente del mundo abertzale. Allí murió poco después. 

Muguruza ha sido censurado en diversas ocasiones -como en Málaga o en Murcia-, lo que no tiene ninguna justificación. Ahora bien, durante años él defendió a ETA públicamente. Como recoge Zapico en su novela gráfica, Muguruza afirma que “a finales de los noventa y después de la ruptura de Lizarra Garazi yo ya digo públicamente que ETA tiene que terminar”. Me estremece pensar que hasta ese momento Muguruza justificó cientos de asesinatos. Si pudiera, le preguntaría si está conforme con su pasado. 

En una entrevista reciente con el periodista Diego Díaz, Muguruza considera “un insulto” que un reconocido torturador franquista y colaborador de la Gestapo como Melitón Manzanas tenga hoy un lugar en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Sin ánimo de polemizar, debo explicarle a Muguruza que no se ha informado correctamente. Este dato es falso, por mucho que lo difunda en las redes sociales. Como explica Gaizka Fernández Soldevilla, "en el Centro Memorial no hay ninguna placa, ningún monumento que reivindique la memoria de Melitón Manzanas", ni de ninguna otra víctima que reúna también la condición de victimario, como podrían ser Lasa y Zabala, Argala o Carrero Blanco. Es más, en dicho Centro Memorial hay referencias a algunas personas que fueron "agentes de radicalización" como el dirigente de Herri Batasuna Telesforo Monzón. Fermín Muguruza podría estar también en esta sección por su apoyo público a ETA, y sin embargo no lo está. Los líderes y referentes del mundo abertzale de esa época no se mancharon las manos de sangre pero alentaron a muchos jóvenes para que lo hicieran. Muchos padres mintieron. El terrorismo fue un acto supremo de narcisismo que atemorizó a toda la sociedad. Algunos se refugiaron en la equidistancia como seguro de vida. Otros muchos callaron. Otros aplaudieron. Es el prestigio del crimen. 

La idealización de la patria y la reivindicación del origen fueron el motor de la violencia simbólica que en el País Vasco animó a muchos jóvenes al pasaje al acto. El odio fue la consecuencia de un relato que se transmitió de padres a hijos. Era un discurso donde la vida del enemigo no tenía valor

Muguruza habla de Melitón Manzanas, pero parece ignorar quiénes fueron sus víctimas. El miembro del PCE y fundador de CCOO en Guipúzcoa José Luis López de Lacalle fue torturado por Melitón Manzanas y, más de tres décadas después, asesinado por ETA. Batasuna aprobó el crimen y sus seguidores llegaron a escribir pintadas como: “De Lacalle jódete”. La reacción de Otegi a este atentado fue la siguiente: "Con esto ETA pone encima de la mesa el papel de medios de comunicación y de determinados profesionales que plantean una estrategia de manipulación".  

El miembro del Frente de Liberación Popular durante el franquismo José Ramón Recalde fue también torturado por Melitón Manzanas. Años después fue Consejero de Educación del Gobierno Vasco (por el Partido Socialista). Cuatro meses después del asesinato de López de Lacalle, Recalde fue objeto de un atentado de ETA que le dejó graves secuelas. Batasuna tampoco condenó este intento de asesinato. 

Los etarras que en 1968 ordenaron matar a Manzanas fueron condenados en el Proceso de Burgos. Cuando salieron de prisión en 1977 hicieron política por vías democráticas y con el tiempo fueron los mayores defensores de la Constitución española y el pluralismo político en el País Vasco. Vivieron durante décadas con escolta. Muguruza debería saber que la persona que disparó a Manzanas (no diré su nombre) después militó en Euzkadiko Ezkerra. Los miembros de Jarrai quemaron su establecimiento en dos ocasiones y tuvo que huir. Sería interesante indagar en la doble vara de medir de Muguruza. Afirma que Melitón Manzanas no debe figurar en un memorial de víctimas pero dedica una canción como Hotel Monbar a cuatro terroristas de ETA que fueron asesinados por sicarios de los GAL. Esa canción hace referencia a las campanadas a la muerte que han vuelto a sonar. Es magnífica, pero no por ello dejaré de preguntarme; ¿los etarras asesinados por el GAL merecen un reconocimiento público o un tratamiento simbólico que ensalce su figura? No. Lo que sí debemos hacer siempre es condenar sin matices todos los crímenes, independientemente de quién sea el asesino y quién sea la víctima. 

El pasado 7 de enero Fermín Muguruza asistió a una manifestación convocada por el colectivo "Sare" para pedir la excarcelación de los asesinos de ETA. Me pregunto si Muguruza cree realmente que es positiva esa excarcelación y si su manera de "tender puentes" es pedir la amnistía para terroristas que no han hecho una rectificación moral de sus actos. ¿Cómo puedo yo tender puentes con quien quiere levantar fronteras y pide impunidad para los criminales? Honestamente, no lo sé. 

Es una frase que nunca olvido, pues me recuerda a otra que me dijo mi abuela, católica y nacionalista vasca, tras un atentado de ETA: “Ninguno de mis ideales justifica el llanto de un niño”. Yo condeno el crimen político porque no tolero que nadie mate en mi nombre

La idealización de la patria y la reivindicación del origen fueron el motor de la violencia simbólica que en el País Vasco animó a muchos jóvenes al pasaje al acto. El odio fue la consecuencia de un relato que se transmitió de padres a hijos. Era un discurso donde la vida del enemigo no tenía valor. Por eso es tan difícil deslegitimar el odio del mundo abertzale; porque para ello hay que desmontar el relato que heredaron de Sabino Arana, según la cual un padre originario sufrió un agravio que debe ser reparado. Es una querella con la Historia para recuperar un pasado idealizado que nunca existió, pero en el que creen religiosamente. Su pensamiento no ha cambiado en lo esencial desde 1885, aunque se disfrace de progresista: España es para ellos un armatoste artificial. Entienden que hay “culturas ancestrales” o “pueblos naturales” que han estado ahí “in hilo tempore”. España es “artificial” y “opresor” mientras Euskal Herria es lo “natural”. De ahí sacan la expresión que califica a España como “cárcel de pueblos”. Por eso hablan de la Europa de los pueblos, que en realidad es la de las etnias. Como dice Jorge Polo, autor de Románticos y racistas: orígenes ideológicos de los etnonacionalismos españoles: “pretender recomponer el mapa de Europa en base a criterios etnolingüísticos es la utopía más reaccionaria, peligrosa y suicida que quepa imaginar”.

Quizá lo más valioso de la novela gráfica de Alfonso Zapico es su reflexión sobre la trampa del absurdo. Como dice Camus en 'Un hombre rebeld'e: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no”. Condenar el uso de la violencia cuando los que la ejercen son nuestros adversarios ideológicos es relativamente fácil. Condenar el terrorismo cuando las víctimas comparten nuestra ideología tampoco genera un conflicto interno en nuestras vidas. Ser demócrata significa condenar siempre el uso del terror, también cuando las víctimas son torturadores franquistas, o terroristas de ETA. O lo que sea. Ser demócrata es entender que el monopolio de la violencia debe tenerlo el Estado, siempre sujeto a la ley. Si el monopolio de la violencia no lo tiene el Estado, entonces lo tendrán las mafias. 

En Estocolmo, en una conferencia de prensa, el mismo día en que recibió el premio Nobel de Literatura, Albert Camus afirmó: “Ninguna causa, aunque sea inocente y justa, me separará jamás de mi madre, que es la causa más importante”. Es una frase que nunca olvido, pues me recuerda a otra que me dijo mi abuela, católica y nacionalista vasca, tras un atentado de ETA: “Ninguno de mis ideales justifica el llanto de un niño”. Yo condeno el crimen político porque no tolero que nadie mate en mi nombre. 

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