Cuando alguien pensó en la famosa expresión, “la cuadratura del círculo”, seguro que no tenía en la cabeza que en pleno siglo XXI, se nos iba a dar una perniciosa carambola que bien podría ser el paradigma de esa forma geométrica imposible, y que ha dado a la economía un sonoro sopapo con la mano abierta.

En esta indigesta macedonia hay tres ingredientes clave que parecen haberse aliado en un contexto de incertidumbre difícil de gestionar. 

El contexto: todavía no hemos conseguido salir de una pandemia que nos dejó en lo emocional, en lo personal y en lo económico noqueados. Y sin abandonar ese lastre nos encontramos con los ingredientes. 

Una de ellos es la “inesperada” crisis de suministros que hace que chirríen empresas emblemáticas, que tienen que parar su producción por que les faltan componentes.

 

El contexto: todavía no hemos conseguido salir de una pandemia que nos dejó en lo emocional, en lo personal y en lo económico noqueados.

 

El segundo viene de atrás, y se ha ido convirtiendo en protagonista principal con el paso de los días. El  alza de los precios energéticos se nota en los bolsillos de todos y  pone en jaque a las empresas. 

Ya parecía esto una carrera de insalvables obstáculos cuando nos encontramos con el tercer componente: la guerra en Ucrania. El conflicto bélico ha conseguido rompernos los esquemas  si es que todavía nos quedaba alguno por romper.

La situación merece un mínimo análisis. De entrada hay una coincidencia en los tres ingredientes, cuatro  si contamos la pandemia: nadie lo esperaba. NADIE.

 

Ya parecía esto una carrera de insalvables obstáculos cuando nos encontramos con el tercer componente: la guerra en Ucrania

 

Primer error de cálculo. Que la pandemia nos haya pillado con el pie cambiado puede tener un pase, no parece sencillo, o así nos lo han contado saber cuándo puede ocurrir una circunstancia de esas características. 

Las otras tres eran más predecibles. De los costes inasumibles de la energía y de su impacto en los bolsillos de todos, y de la merma que suponen para la competitividad de las empresas, algunos llevamos hablando años, sin que nadie le haya puesto remedio a un modelo energético claramente obsoleto e ineficaz.

La guerra en Ucrania no la veía más que Putin, parece que los analistas y la diplomacia no la computaban  y en menudo lío estamos. 

Y finalmente la crisis de suministros no prevista se nos ha dado porque nadie, absolutamente nadie, ha pensado en hacer más cerca lo que necesitamos, para no depender tanto de terceros.

 

La guerra en Ucrania no la veía más que Putin, parece que los analistas y la diplomacia no la computaban  y en menudo lío estamos

 

Esa es una de las claves, la dependencia de otros, dependencia que en algunos casos es exclusiva de un único país y que cuando las cosas se tuercen nos deja a los pies de los caballos.

Pues nada, “que no se podía prever”, se ha convertido en la expresión más utilizada en los últimos tiempos, un auténtico mantra y una fácil excusa para una gestión nefasta y una complacencia absoluta y permanente basada en eso  de que las cosas están bien como están.

Y a partir de ahí, y después de meses de carestía energética, de una pandemia, y con una guerra que ya dura más de un mes, vamos parcheando tarde, a trompicones y con medidas que nunca resuelven el problema de fondo, limitándose a aplazarlo.

 

Esa es una de las claves, la dependencia de otros, dependencia que en algunos casos es exclusiva de un único país y que cuando las cosas se tuercen nos deja a los pies de los caballos

 

Somos, como nos decían de pequeños, duros de mollera, no aprendemos de los errores fundamentalmente, porque tenemos un problema evidente  para reconocer que nos equivocamos  y que tomamos decisiones erróneas.

Invertimos más tiempo en las justificaciones y excusas ante las directrices mal tomadas que en el análisis de cómo enmendarlas, para no volver a tropezar una y otra vez en la misma piedra.

Nos sobran excusas y autocomplacencia y nos falta autocrítica.

Y claro, al final…así nos va.