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Asesinado por "chivato": 43 años desde que ETA mató al agente comercial José Miguel Palacios

El joven de 31 años se encontraba en una cafetería jugando a las cartas cuando dos terroristas le asestaron nueve disparos

Una persona observa una obra en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. / EP
Una persona observa una obra en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. / EP

«Un vecino de Algorta, asesinado en un bar». Esta es la frase que titulaba las portadas de la prensa el 20 de enero de 1980, hace hoy 43 años. Se trataba de un nuevo asesinato de la banda terrorista ETA. En esta ocasión, José Miguel Palacios, un joven de 31 años que trabajaba como agente comercial fue asesinado por "chivato". Este término fue algo que a finales de los años 70 la banda empezó a utilizar como excusa para asesinar a todos aquellos que consideraba que pasaban información a la policía.

José Miguel Palacios se encontraba jugando a las cartas con tres amigos en una cafetería del barrio de Algorta, en Getxo, cuando dos terroristas con la cara descubierta le dispararon nueve tiros que le alcanzaron en el pecho, cuello y cabeza, produciéndole la muerte. Después del atentado, los asesinos huyeron en un automóvil que habían robado momentos antes a punta de pistola y en el que les esperaba una cómplice.

“Hace tiempo que le dijeron que era un chivato, pero nunca se había metido en política ni le habían amenazado”, afirmaba entre lágrimas Tomás Palacios, padre de la víctima, que se enteró del asesinato de su hijo a través de la agencia EFE. Además, los allegados de Palacios le describieron como una persona que nunca había protagonizado ningún incidente ni destacaba por simpatías políticas.

A sus 31 años, Palacios se encontraba en paro después de haber trabajado como agente comercial.

Vecinos observan la prensa publicada con el anuncio del final de ETA. / Archivo EFE Javier Etxezarreta
Vecinos observan la prensa publicada con el anuncio del final de ETA. / Archivo EFE Javier Etxezarreta

Contra aquellos que decían defender

La banda terrorista, que ejerció la violencia durante más de 40 años y terminó con la vida de 864 personas, decía defender los derechos de la clase trabajadora y tener como objetivos fundamentales a políticos y empresarios. Sin embargo, destaca que muchas de las víctimas pertenecían a esa clase que tanto defendían en su discurso.

Entre las casi 900 víctimas mortales hay numerosos policías, políticos y empresarios, pero también hay cientos de trabajadores que murieron por ser "chivatos", por estar dentro de profesiones señaladas como periodistas o comerciales, o simplemente por "error" o "daño colateral".

Tal y como ha publicado anteriormente 'Crónica Vasca', un estudio desarrollado por Florencio Dominguez, director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, indica que un 71% de las personas que sufrieron atentados de ETA desempeñaban trabajos que les obligaba a estar en contacto con el público: comerciantes, hosteleros o taxistas. Que estas profesiones estuvieran señaladas por la banda terrorista lleva a concluir que cuando ETA mataba existía un perfil que, especialmente en localidades de pequeño tamaño, servía para caracterizar a los supuestos confidentes. Trabajar de cara al público les convertía automáticamente en posibles "chivatos" o "confidentes" de la policía, lo que les metía en el ojo del huracán de la banda terrorista.

 

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