Andrés Arizkorreta ve cada día cómo el negocio de CAF, en general, y la marcha de Solaris, en particular, funcionan a pleno rendimiento, como hemos contado aquí esta semana. La empresa guipuzcoana va viento en popa y a toda vela. No puede negarse.
Sin embargo, una empresa no puede sustraerse de la sociedad de la que forma parte. En Euskadi existe una fuerte presión social acerca de la necesidad de revisar los negocios con Israel. La propia plantilla de CAF ha pedido en Crónica Vasca que la dirección revise esos contratos en suelo israelí.
Tal y como hemos desvelado aquí, la compañía admite en su memoria, remitida a la CNMV, "los riesgos de incertidumbre" por sus contratos en Israel.
Es cierto que CAF ya dio un paso al frente al mostrar su compromiso con los derechos humanos en sus operaciones. Como también es cierto que la ONU la señaló como una de las empresas que se lucraban con la ocupación israelí de Palestina.
Está claro, por tanto, que los negocios en Israel suponen una cuestión compleja con daño reputacional para CAF. Quizás sea hora de que la empresa escuche a su plantilla.
