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El diablo sobre ruedas, El último hombre sobre la tierra (Soy Leyenda o El último hombre vivo), Más allá de los sueños, Los compañeros del diablo y La leyenda de la casa del infierno son solo algunas de las adaptaciones que se han hecho de las magníficas novelas de Richard Matheson, uno de los padres de la ciencia ficción moderna.

También El hombre menguante, esa obra maestra de la ciencia ficción y el terror psicológico, publicada por el estadounidense en 1956, se ha llevado al cine en varias ocasiones. Y, de todas ellas, El increíble hombre menguante de Jack Arnold, realizada al año siguiente de la salida a la venta de la novela que se convirtió en un súperventas, es la más celebrada. 

En la versión que ahora se estrena, Paul, un constructor naval de vida relativamente ordenada y casi corriente, se expone a un fenómeno meteorológico que le provoca ir menguando poco a poco. Aunque las diferentes versiones cinematográficas han contado la historia con diversos matices, la importancia del relato radica en que lo que aparentemente es una mera historia de supervivencia en la que un hombre corriente debe abordar este cambio sustancial en su vida, se convierte en una relectura existencialista de su propia identidad.

La importancia del relato radica en que lo que aparentemente es una mera historia de supervivencia en la que un hombre corriente debe abordar este cambio sustancial en su vida

Y toda la historia, novela o película, se conforma como una metáfora existencial sobre cómo el hombre, pese a sus limitaciones físicas, morales o identitarias, sigue siendo hombre, único e insustituible. Y, por tanto, el viaje físico que emprende este increíble hombre menguante será, en realidad, el viaje hacia su propia transformación o, más bien, descubrimiento. 

En la película francesa que llega a los cines, el actor Jean Dujardin da vida a este hombre empequeñecido que ve cómo su vida se desmorona a nivel económico, familiar y de pareja, al tiempo que los objetos cotidianos se convierten en una terrible amenaza.

Dujardin demuestra una vez más, un dominio del relato y una presencia escénica admirables, llevando todo el peso protagónico del filme con la misma elegancia y solvencia con que ya hiciera la encantadora The Artist en 2011, a infravalorada Un seductor a la francesa en 2018, la excelente El oficial y el espía de 2019 o incluso la fallida, Lucky Luke en 2009. 

No se puede no recordar la versión de la novela de Matheson estrenada en 1957 y es obvio que la cinta del holandés Jan Kounen se mira en ella, pero no es menos cierto que, con una mirada profundamente moderna, este Hombre menguante recupera el clásico con una pasmosa inteligencia.

Dujardin demuestra una vez más, un dominio del relato y una presencia escénica admirables

Visualmente extraordinaria, extrañamente cómica y con algunos excesos argumentales propios del cine contemporáneo que es exageradamente explicativo, este relato primero grotesco y luego trágico sobre la pequeñez de la vida humana, se convierte, como no podría ser de otra manera atendiendo al texto en que se basa -pero cosas más raras hemos visto- en un pequeño tratado filosófico impecable, contundente y único. En toda una reflexión sobre lo importante y pequeños que somos a la vez. 

Así, esta mezcla de relato fantástico, cine de terror y drama existencial, impensable sin el gran Dujardin, insistimos, es una película espléndida sobre la gratuidad y la gratitud en un mundo donde ambos conceptos parecen ser tan raquíticos como nuestro increíble hombre menguante.