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Sobran los dedos de las manos para contar los grados que marcan los termómetros en el exterior. En el mejor de los casos solo sobran los de una mano, pero lo habitual es que sobren los de ambas y que estas se mantengan enguantadas en el interior de los bolsillos.

Se encamina hacia sus últimos días, pero en Cracovia el invierno es frío y, aunque en pleno verano pueda parecer que en el interior de la mina de sal hace fresco, en esta época supone un alivio entrar y retirarse alguna de las capas de abrigo mientras se visita uno de los lugares más interesantes de las cercanías de capital medieval polaca.

En la etapa medieval Wieliczka, a unos diez kilómetros del centro de Cracovia, y donde hoy los mineros que han cesado con la extracción solo se encargan de mantener la estructura, funcionaba a pleno rendimiento.

Incluso los candelabros están realizados con cristales de sal Oficina Turismo Polonia

En recorrer los caminos salados de la mina de Wieliczka se tarda entre dos y tres horas en las que cuesta sucumbir a la tentación de girar la cabeza para no seguir los pasos de la esposa de Lot y convertirse en una nueva estatua, en esta ocasión ataviada con ropa y herramientas de minero con el que se visten los visitantes que optan por el itinerario inmersivo.

Decenas de esculturas construidas oír los mineros adornan los pasillos y salas de la mina Oficina Turismo Polonia

El itinerario turístico recorre los pasillos y cuevas formadas por la extracción de sal durante siglos, en los que el tiempo, además de sal se ha acumulado numerosas leyendas que se han transmitido de generación en generación. Una de las más conocidas tiene como protagonista a la princesa húngara Santa Kinga, que como dote en su casamiento con el príncipe de Cracovia pidió sal.

Era el siglo XIII y la sal en Polonia un bien raro así que el regalo paterno de la mina más rica de Hungría, fue un gran regalo. En ella, Santa Kinga, a quien se le atribuye el hallazgo de sal en Polonia, arrojó el anillo de compromiso antes de abandonar su país para dirigirse al de su esposo. Una vez en el nuevo destino, Kinga pidió que excavaran un hoyo en un campo y allí encontró  envuelto en un trozo de sal el anillo que simbolizaba un matrimonio que nunca se consumó por acuerdo mutuo. 

El resultado de los trabajos es la actual mina de sal y a ella está dedicada la capilla de Santa Cunegunda -santa Kinga para los polacos  que la consideran el ángel de la guarda-, tallada completamente en sal. Otras leyendas hablan de espíritus que avisaban a los mineros de derrumbes o de damas que les llevaban a la perdición.

Dos veces al día se hacen visitas en español en Wieliczka que, desde 1978, es Patrimonio de la Humanidad. Las esculturas en roca salina fueron hechas por los propios mineros Oficina Turismo Polonia

Aunque durante la visita solo se recorren 3 kilómetros que resultan suficientes para quedarse estupefactos con la vista del lago, las esculturas y la capilla, la realidad es que la mina tiene más de trescientos kilómetros de túneles y salas a 327 metros de profundidad a las que se llega tras bajar 380 escalones.

Cómo ir desde Cracovia a Wieliczka

Con salida desde la estación central de Kraków Glówny, es fácil y barato hacerlo en transporte público. Aunque el viaje en tren es algo más rápido que el autobús, la duración total del trayecto es de unos veinticinco o treinta minutos. De las inmediaciones de la estación central salen también autobuses privados, y el bus urbano N.º 304, que también va a Wieliczka, tiene dos paradas: una frente a la estación y otra ante la Galería Krakowska.

Entradas

Durante todo el año se garantiza una visita en español a la mañana y otra a la tarde. La primera tiene lugar a las 11:20 y la segunda a las 16:40. En temporada alta, si la demanda lo requiere, se incrementan las visitas que se recomiendan reservar a través de una agencia o asegurarse la entrada comprándola online. También puede hacerse en la propia taquilla, con el riesgo de que se hayan agotado los tickets para las visitas en español y haya que hacerlo en inglés.

Más sal

A cuarenta kilómetros de Cracovia y diez menos si se va desde Wieliczka está la mina de Bochnia, también patrimonio de la Humanidad. Por el momento no se ofrecen visitas en español, pero existe la opción de hacerlo en inglés. Menos conocida que Wieliczka y más pequeña, Bochnia es la mina de sal más antigua de Polonia. Al igual que Wieliczka Bochnia es un “pueblo subterráneo” que, si se desea, permite hacer un tramo en ferrocarril, en barco o, incluso, descender de nivel usando un tobogán de 140 metros.

En el recorrido, que se prolonga durante unas tres horas  incluyendo la exposición multimedia, se pueden usar audio guias Oficina Turismo Polonia

Cómo llegar a Cracovia

Desde primeros de diciembre, Wizzair  tiene vuelos directos desde el aeropuerto de Loiu. Los precios por tramo, sin equipaje, comienzan en 25 euros. Caso de llevar maleta en cabina requiere un importe extra de 35 euros. Los vuelos dese Bilbao parten martes y sábados a las 20:00 o 20:30 horas y tienen una duración de tres horas. El regreso de Cracovia es a las 16:40, también martes y sábados. En la página de la aerolínea se pueden adquirir billetes hasta finales de 2026.

Comer

La comida en Polonia es contundente. Lo es el zapiekanka, que tanto en sonido como en escritura o composición parece hacer un guiño al euskera y a lo Vasco. Se trata de un panecillo con queso y setas que se puede comprar en los puestos callejeros por  unos pocos euros. El zurek es una sopa agria que suele servirse en el pan a modo de plato; el maczanka, un trozo de cerdo que también se sirve en pan.

Y la barszcz una colorida sopa de remolacha que en su versión calórica añade albóndigas por partida doble: carne y patata. Con este tubérculo rallado se elabora plaki ziemniaczabe que también se encuentran en los puestos callejeros.

Las comidas se acompañan con cerveza, una de las bebidas más populares y se rematan con vodka, sin olvidar el vino caliente.

Dónde comer

No es complicado encontrar puestos callejeros para aliviar los estómagos que reclaman a voces algo para saciar el hambre o la gula. Otra opción para comer algo rápido y mantener el presupuesto a raya es entrar en los bares de leche, establecimientos sencillos en los que es frecuente encontrar el típico pierogi, una especie de empanadilla con rellenos muy distintos.