Meryl Streep en el rodaje de 'El diablo viste de Prada 2' / ITALY PHOTO PRESS / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

Meryl Streep en el rodaje de 'El diablo viste de Prada 2' / ITALY PHOTO PRESS / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO

Cultura

'El diablo viste de Prada 2' se estrena a bombo y platillo con una Meryl Streep inolvidable

Veinte años después de la primera entrega y con una labor de promoción única, el filme llega a los cines. Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci completan el reparto

'Michael', la esperadísima película sobre el rey del pop

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La esperadísima secuela de 'El diablo viste de Prada' llega a los cines de todo el mundo el fin de semana después del estreno de 'Michael' con lo que uno no puede evitar preguntarse qué tiene la cartelera de estos tiempos que destila un sabor tan deliciosamente melancólico.

'El diablo viste de Prada' se realizó hace veinte años basándose en la novela de Lauren Weisberger en la que, inspirada en su propia experiencia, una joven periodista empieza a trabajar para una mordaz y gélida editora de moda, hecha a imagen y semejanza, lo sabemos todos, de Anna Wintour, editora de Vogue desde hace 37 años.

Meryl Streep hizo entonces -lo hace siempre, pero bueno- uno de los grandes papeles de su vida, poderosa en cada plano, odiosa, solitaria, cómica y dramática a partes iguales. Sin ser una obra maestra, fue una película perfecta que arremetía contra el mundo de la prensa, la moda, la frivolidad y el ritmo loco de las grandes ciudades.

Y encima, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci contribuyeron a la magia del filme con sus impecables interpretaciones.

'El diablo viste de Prada' es una película sobre el mundo de la moda, sí, pero también crítica y reflexiva.

Por eso, cuando se anunció la secuela, los fans de la película que somos hordas, suspiramos con la idea de ver a estos cuatro actores reunirse de nuevo. Y el resultado es, simple y llanamente, magnífico.

Promoción de la película / Europa Press

Promoción de la película / Europa Press

Una diosa

Todo vuelve a girar en torno a ella, sin duda. Porque Meryl Streep es una diosa y se mete a las mil maravillas en un papel en el que puede permitirse lo que la actriz no ha hecho jamás que es eso precisamente: Ir de diosa.

Además, todas las premieres, presentaciones y promociones de la película han contado con una Meryl entregada en cuerpo y alma al papel de su inolvidable Miranda Prestly a la que ella ha convertido ya en un icono de la historia del cine.

Más allá de ella, que lo es todo, el filme es super consciente de sí mismo. Se ríe de lo que se reía veinte años atrás y arremete contra los mismos dramas modernos de antes, sobre todo de los ricos y sus cosas de ricos.

Pero la cinta arremete también contra todo y lo hace con elegancia, es demoledora en cuanto al futuro de la prensa, inteligentísima al introducir los cameos y profundamente previsible, eso sí, con algo que aún no está superado: Las cuotas.

Y es que para que la peli guste a todos y represente a todos y sea complaciente con todos, para no ser, en definitiva, una peli de 'girls and gays' de las de toda la vida, quiere complacer a todo el mundo y mostrar todo tipo de mujeres.

Vuelve a mostrarnos a una Miranda aún poderosa en sus setenta y pico, a una Andy con cerebro y a una Emily frívola y naif, pero ambas espléndidas en sus cuarenta y tantos y la fiel amiga negra, y a secretaria india, llena de estereotipos y otra china que es puro cliché.

Y luego hacen un dos por uno con el gay gordito y desternillante. Todo tan medido, todo tan acartonado, todo tan para complacer a todo el mundo, que la cinta se ve lastrada por ellos, sin duda, aunque sean personajes interesantes.

Pero bueno, es lo que hay hasta que la nueva moda de la industria diga lo contrario.

Mención aparte merece Stanley Tucci que está absolutamente espléndido en el papel de fiel compañero de fatigas de Miranda y catalizador cuerdo de este universo femenino lleno de zarpazos y rincones oscuros.

'El diablo viste de Prada 2' es una película cien por cien disfrutable. No tan buena como la primera, pero tampoco le pedíamos eso, ¿no?