La historia, en su versión más corta, tendría apenas tres elementos protagonistas: un río, varios molinos y algunos monjes agustinos.
Con todos ellos arranca la historia de Dean Village, una población que se diría parada en el tiempo si no fuera por el actual trasiego de visitantes que diariamente irrumpimos ansiosos por comprobar si lo que nos han contado es algo real, producto de una localización cinematográfica o del esfuerzo de quienes siglos atrás la levantaron y que ha sobrevivido gracias a la firme y reciente decisión de conservarlo.
Hay que permitir que la imaginaria máquina del tiempo nos lleve hasta el siglo XII, momento en el que comienzan a surgir "las raíces" de esta barriada nacida a la orilla del río Water Leith, en el extrarradio de la ciudad de Edimburgo a la que surtía de pan y harina.
Las aguas siguen siendo hoy tan claras como lo eran entonces, pero en ellas ya no se reflejan las imágenes de los once molinos que entonces conformaron esa comunidad molinera, que llegó a enviar mercancía al propio rey David.
En Dean Village los molineros convivían con curtidores y herreros que a la postre resistieron mejor las contrariedades que los maquileros, para quienes la prosperidad acabó en la primera mitad del siglo XIX con la construcción de uno de los últimos diseños del ingeniero Thomas Telford: el Puente Dean que hizo innecesario el paso obligatorio por este vecindario que terminó por anexionarse a Edimburgo.
Las ruedas de molino recuerdan el pasado que hizo de Dean Valley un próspero lugar
Los treinta y dos metros de altura del puente lo convirtieron en el más alto de la época y aportaron buenos dividendos a su constructor, John Gibb, quien hasta la fecha de entrega no dudó en instalar una caseta de peaje y cobrar un centavo a todo aquel que quisiera disfrutar de las vistas desde la cima.
Pero quien sin duda obtuvo pingües beneficios fue John Learmonth, alcalde de Edimburgo y propietario de los terrenos que conectaba este viaducto, a los que dio más valor.
Un negocio redondo para un hombre proveniente de una familia acomodada y cuyas riquezas aumentaron a medida que progresaba la especulación inmobiliaria.
Sin embargo, la conexión tuvo justo el efecto contrario en la comunidad molinera que ante la menor presencia de clientes comenzó a desvanecerse y a abandonar el lugar.
Sin duda el más grande de los puentes, aunque otros más pequeños y hasta románticos van atravesando las aguas de Water of Leith
Al tiempo que desaparecían los molinos las viviendas que habían ocupado las familias se deterioraban rápidamente. Este ocaso impactó a John Ritchie Findlay, director del periódico The Scotsman, que en 1886 decidió apoyar a los curtidores que permanecían en el lugar. Para ello construyó un albergue, Well Court, una solución temporal ya que a duras penas el gremio pudo continuar unas décadas más.
De ese modo, la decadencia plena de Dean Village se produjo a mediados del pasado siglo y no fue hasta el último tercio cuando se inició la transformación que lo convertiría durante algún tiempo en una joya escondida. Joya sigue siendo a día de hoy, pero no escondida.
El "Valle Profundo", que es el significado de Dean, pasó de ser uno de los lugares más ricos a convertirse en uno de los más pobres, una circunstancia que se ha revertido gracias a la conservación de la estética original de los edificios rehabilitados que se han reconvertido en viviendas particulares.
Un claro ejemplo es Well Court, el edificio comunal encargado por J.R Findlay, hoy transformado en apartamentos de lujo que mantiene el patio central como lugar de secado de ropa como hacían siglos atrás por falta de espacio en las viviendas.
Vivir en Well Court, que rodeaba un patio comunitario en el que se colgaba la ropa, implicaba cumplir con algunas obligaciones como recogerse antes de las diez de la noche y acudir a misa cada domingo
Pequeñas y cortas calles, casas de piedra, un río cantarín a cuya vera discurre el Paseo del Water of Leith que en su totalidad tiene 20 kilómetros y sendas en DeanPath que llevan hasta el cementerio, probablemente uno de los más bonitos de Edimburgo en el que se encuentran las tumbas de personajes tan famosos como Joseph Bell, médico en el que se inspiró Arthur Conan Doyle para su personaje de Sherlock Holmes y William Henry Playfair, diseñador de la Galería Nacional de Escocia o el Monumento Nacional de Calton Hill.
Las puertas de este cementerio inaugurado en 1846 se abren al público a las nueve de la mañana y se cierran al anochecer en invierno. Los meses de verano permanece abierto hasta las cinco de la tarde
El recorrido por Dean Path, incluso en su versión más corta, permite disfrutar del paisanaje del bohemio barrio de Stockbridge donde se celebra un populoso mercadillo dominical.
Desde ese puente se obtienen preciosas fotos de este conjunto de casas entre las que no faltan galerías de arte y muchas tiendas de segunda mano que venden los productos donados para destinar el dinero a fines benéficos
Muy cerca está el Pozo de San Bernardo que surge de una leyenda según la cual en el siglo XII el santo llegó enfermo a Edimburgo y tras refugiarse en una cueva junto al rio logró recuperarse milagrosamente tras beber de su agua.
Era ya el siglo XVIII cuando el pozo fue descubierto por unos jóvenes que se estaban pescando y el éxito fue tal que el agua, que hoy no se considera apta para el consumo, llegó a embotellarse.
Una de esas personas a las que, igual que al santo, el agua había sanado compró el pozo y encargó el templo.
"Bebiendo te encontrarás bien" dice el pedestal del pequeño templo que, además de contener una estatua de mármol de la diosa griega de la salud, Hygeia, tiene un surtidor
Hasta Dean Village llegan cada día cientos de turistas que aprovechan para pasear a la orilla del río y visitar el cercano Jardín botánico instalado inicialmente en Holyrood por dos médicos que cultivaban plantas medicinales y trasladado en 1820 a su ubicación actual, unos veinte minutos caminando desde Dean Valley. A excepción de los invernaderos la visita, que permite contemplar casi tres mil ejemplares de plantas procedentes de todo el mundo, es gratuita.
Las zonas que más interés levantan entre los visitantes son el Jardín Chino, el Arbolado, el de la Roca y el de la reina Madre
Cómo llegar a Dean Village
Desde la Royal Mile, en el centro de Edimburgo, es un corto paseo caminando pero hasta allí llegan las líneas de autobús 113, 60, 56B, 55 y 37. El tranvía no llega de Dean Valley, aunque para para bastante cerca.
Consejos
Si deseas realizar el recorrido completo del Paseo Water of Leith, comprueba en la web de Water of Leith Conservationtrust si todos los tramos están abiertos. El trazado no es complicado pero trabajos de mantenimiento o desprendimientos por las lluvias pueden afectarlo.
Actualmente también se están realizando trabajos de mantenimiento en el Jardín Botánico.
