Fotograma de la película 'Minions & Monsters' EFE
La nueva entrega de los Minions se postula como el gran estreno familiar del verano
La séptima película del universo Gru y los Minions vuelve a ser una comedia descacharrante que homenajea al cine clásico
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Hasta que no llegó a los cines E.T. El extraterrestre en 1982 no existía el concepto de blockbuster, ni mucho menos el de blockbuster veraniego y es que, en las décadas anteriores, la época estival era la más floja para la taquilla pues el público no se metía en las salas de cine ni a la de tres.
Steven Spielberg cambió eso y, desde entonces, los grandes estudios se reservan un súper estreno de carácter familiar y para todos los públicos para estrenar en verano.
Y 2026, no lo duden, será el año de Minions & Monsters.
La película, para empezar, se ambienta en los maravillosos años 20 y en el Hollywood de la época rindiendo un homenaje tras otro al cine clásico donde nuestros maravillosos personajes tendrán un protagonismo especial. Porque en esta deliciosa precuela contemplaremos cómo, en ese mágico mundo del celuloide, los Minions irán en busca de un villano al que servir al tiempo que entre ellos surge la escisión y se dividen.
Y, como no podía ser de otra manera, todo se les va de las manos hasta el punto de que el futuro del mundo está en peligro y tendrán que ser ellos y sólo ellos los que, en esta mezcla maravillosa de humor físico con guiños constantes, nostálgicos y encantadores al cine mudo, tendrán que salvar el planeta.
Dicho eso, seamos claros: No estamos ante una película más de la saga que sea, que podría serlo como lo son tantas, y no pasaría nada. No estamos ante la enésima película de animación del verano que ofrece la misma fórmula repetitiva año tras año calentándonos la cabeza y los nervios con bufonadas y astracanadas que hace tiempo dejaron de ser divertidas. No.
Estamos antes una de las películas del año, ante uno de los estrenos más estimulantes de la animación contemporánea y ante una película que es toda una declaración de amor al cine, al cine más puro, donde las bufonadas y las astracanadas eran siempre nuevas, donde todo era siempre distinto.
No es un secreto que ese semi mutismo de los Minions, que farfullan una especie de idioma inventado apenas audible y desde luego ininteligible, bebe mucho del humor físico del slapstick. Pero quizá porque ahora lo mira muy de frente y lo homenajea sin rubor, es cuando algunos disfrutamos mucho más de los amarillos personajes afirmando sin rubor que estamos ante la mejor película de la factoría desde el estreno de la primera, claro.
Profundamente divertida, alocada, gamberra y original, la última película de Minions es, sencillamente, adorable a todos los niveles y un perfecto revulsivo para esta hora de calor en que los cines, aunque sea únicamente por la necesidad de sobrevivir, nos llaman con más fuerza que nunca.