La cartelera en verano está llena de grandes títulos. Desde el Tiburón de Spielberg del año 75 a la esperadísima Odisea de 2026, no hay verano que no caiga un súper estreno de animación o de acción buscando que el respetable huya del calor y se meta en las salas de cine. Pero el verano es también una buena época para la comedia. También para las comedias pequeñas, locales y sin grandes pretensiones.
Haciendo amigos llega a los cines españoles presentada por Santiago Segura que es una manera de decir, ya usada por Spielberg con Los Goonies, que el productor es la estrella y que la cinta lleva su sello. Y como Segura nos ha ido metiendo verano tras verano en el cine a ver Padre no hay más que uno y sus consiguientes secuelas logrando un éxito tras otro, su nombre antes del título es ya, de entrada, una buena carta de presentación.
La comedia española del verano está protagonizada por Antonio Resines y Quim Gutiérrez en la piel de dos ladrones que, por circunstancias de lo más grotescas, aunque bastante previsibles, acaban huyendo de un atraco ocultándose en la ruta de un grupo de personas con discapacidad. A partir de ahí, por supuesto, se suceden toda clase de choques divertidos, ideas preconcebidas y chistes políticamente incorrectos sobre un mundo al que a muchos todavía incomoda ver y menos aún en tono de comedia.
En Haciendo amigos todo vuelve a ser fácil. Los personajes son amorosos, la historia es familiar, el humor un pelín irreverente y el mensaje final, bueno y sanote
No es de extrañar que Segura haya elegido a David Marqués para dirigir la cinta. Y es que el realizador de Campeones y Campeonex ha sabido beber del espíritu de la primera sin ninguna clase de pudor, al más puro estilo “blaxploitation” de la década de los 70, pero huyendo del chiste facilón y guion más bobo de la segunda, que no gustó ni se vio tanto.
En Haciendo amigos todo vuelve a ser fácil. Los personajes son amorosos, la historia es familiar, el humor un pelín irreverente y el mensaje final, bueno y sanote. Falla, sin me permiten, un Antonio Resines que, sin bien a muchos les sigue pareciendo uno de los grandes actores de comedia de su generación, a otros -entre los que se halla quien suscribe- les sigue pareciendo un actor irritante limitado a una clase de registro actoral del que hace demasiados años que no sale. Y sin bien es cierto que es capaz de llevar a su personaje por un arco dramático interesante, uno no puede evitar pensar en Javier Gutiérrez, protagonista de Campeones, mucho más verosímil en su papel de descreído que tiene su particular caída del caballo.
De Quim Gutiérrez sólo podemos aplaudir su magnífica bis cómica y su espléndido humor no verbal para llevar cada chiste a buen puerto junto a una ristra de actores no profesionales que son capaces, como en Campeones y Campeonex, de dignificar la discapacidad con una humanidad enternecedora y admirable.
Quien conoce de cerca el mundo de la discapacidad física o intelectual -como le ocurre, y discúlpenme, a quien suscribe- sabe lo necesarias que son estas películas no solo para las personas que se verán ahí reflejadas, sino también para sus admirables familias. Ellas saben mejor que nadie cómo cada pequeño reto ganado, cada peldaño subido, es un Everest para un colectivo que ni se ve, ni mete ruido y, demasiadas veces, ni se escucha. Para ellos esta película es el aplauso que las personas con discapacidad merecen cada día. Por ellos es por quien reventar la taquilla este verano.
