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Aunque Netflix no hace públicas sus cifras exactas de descargas o número de reproducciones más que de manera semestral a través de sus informes globales de audiencia, la plataforma sí ha comunicado que el documental Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo se ha colocado en el puesto #2 del Top 10 de películas más vistas en España a los pocos días de su estreno.

Y a nadie nos extraña porque casi treinta años después de aquella crónica de una muerte anunciada, uno de los actos más crueles y viles de la banda terrorista ETA, nos sigue revolviendo por dentro. Porque a Miguel Ángel Blanco no lo hemos olvidado.

Diez días después de la liberación de José Antonio Ortega Lara, el 10 de julio de 1997, ETA secuestró a un joven concejal del PP de Ermua exigiendo lo mismo que con el funcionario de prisiones, el reagrupamiento de los presos vascos en cárceles de Euskadi. La banda terrorista respondía así al éxito policial de días atrás tratando de hacer un chantaje al Estado sin contar con aquella decisión asesina iba a movilizar a toda España.

Aunque la película no es meramente periodística, no se limita a reconstruir lo que sucedió durante aquellas 48 horas terribles, sino que, con una profunda humanidad y una base documental encomiable, pone el foco en lo que sintió toda una nación ante la ignominia de los criminales

En pocas horas, la noticia se esparce por todo el país y empiezan dos días de desánimo, desazón e incertidumbre que tornaron poco a poco en una incredulidad que fue convirtiéndose en indignación, rabia y desesperación hasta, al final, transformarse en un profundo dolor que nadie ha olvidado.

Mediante una reconstrucción fidedigna y profundamente bien documentada, con más de una treintena de voces y testimonios que empiezan en Su Majestad el Rey y pasan por familiares, amigos, periodistas y políticos, como el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, y su ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, el documental es un relato cronológico rico en voces y fidedigno en los tiempos y los hechos con un ritmo minucioso y tenso que no renuncia nunca a los datos y que no cae en el morbo.

Aunque la película no es meramente periodística, no se limita a reconstruir lo que sucedió durante aquellas 48 horas terribles, sino que, con una profunda humanidad y una base documental encomiable, pone el foco en lo que sintió toda una nación ante la ignominia de los criminales y de los colaboradores necesarios de quienes les ayudaron a secuestrar y asesinar al joven concejal.

Imágenes de archivo de todas las ciudades de España, desde Burgos hasta Palma de Mallorca, de los bosques que rodeaban la zona de Eíbar y Ermua y que estaban siendo peinados por la Ertzaintza, ruedas de prensa de políticos y familiares y crónicas periodísticas de reporteros vascos, nacionales e internacionales, completan el fresco completísimo de un documental realizado con una delicadeza y un rigor exquisitos, pero también con el dolor y el amor por Euskadi de sus directores, el vasco Jon Sistiaga y el navarro Juanjo López.

El documental es, por tanto, una herramienta pedagógica fundamental para entender la memoria histórica, una de la que no se habla lo suficiente

Y nosotros, como espectadores, seguimos conmoviéndonos no sólo ante el hecho mismo, sino ante la humanidad doliente y profundamente viva de quienes vivieron el terror de aquellos días. De igual modo que nos sigue retorciendo las entrañas la crueldad de quienes perpetraron aquella cuenta atrás sádica y deleznable.

Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo tiene, además, un valor didáctico evidentísimo que aborda una brecha generacional preocupante y es que los jóvenes españoles nacidos después de que el edil vasco fuera asesinado no saben quién es.

No saben que aquellos desgarradores momentos marcaron simbólicamente el principio del fin de ETA, ni saben que los herederos políticos de la banda terrorista siguen sin condenar aquel crimen. El documental es, por tanto, una herramienta pedagógica fundamental para entender la memoria histórica, una de la que no se habla lo suficiente.