La desamortización de Mendizabal derivó en el abandono del monasterio que terminó en subasta pública. Levantado por los monjes cistercienses en el siglo XIII fue adquirido en el XIX por un millón doscientos cincuenta mil reales, menos de dos mil euros, equivalentes a quince millones de euros actuales.
Las tierras y el castillo fueron cedidas por los reyes Alfonso II de Aragón y Sancha de Castilla y la familia Muntadas, la encargada de la transformación de uno de los espacios más icónicos de Aragón. El Jardín Histórico ha recobrado casi en su totalidad el aspecto previo al paso de la Dana en 2024, que obligó a su cierre durante cinco meses.
Sustituidos los puentes dañados y restauradas las sendas afectadas por el desbordamiento de las cascadas, atractivo principal del jardín junto con las grutas, cuevas kársticas y lagos creados por el río Piedra, los visitantes pueden seguir sorprendiéndose.
La Cola del Caballo, junto con su vecina La Caprichosa es la cascada más fotografiada y la que "más moja". Muestra poderío mientras se atraviesa la Gruta Iris y se reafirma en la salida al "balcón", aunque el panorama desde la pasarela inferior sea el que abre bocas admiradas al contemplar la caída del agua desde una altura de 50 metros.
El creador del parque histórico, Juan Federico Muntadas, fue el descubridor de la cascada a la que inicialmente de llamó “Chorro palomero” porque en ella suelen anidar palomas
La gruta Iris, rodeada de musgo y estalactitas, se encuentra escondida tras la cascada de la Cola de Caballo que se aprecia desde sus ventanas
El nombre se debe a que cuando el sol se refleja en las gotas de agua de esta se forma un arco iris, la imagen es hipnótica y en la bajada se suceden las fotografías
A la de la Caprichosa le da nombre una trágica leyenda según la cual una de las jóvenes ayudantes de cocina en el monasterio se vio arrastrada en el torrente del agua tras haberse escapado hasta su lugar favorito. Con su muerte, dicen, la niña cumplió todos los caprichos que no pudo satisfacer en vida: tocar el sol y la luna o ver el mundo desde lo alto, como los árboles.
En cierta medida la morfología de las cascadas han cambiado tras el paso de la DANA
Ver el agua y tocarla. En realidad, no hay manera de impedir que el agua te toque o empape si le das ocasión. Pero por más que puedan ser consideradas protagonistas del recorrido del parque, este no comienza aquí.
El itinerario, desglosado a la entrada con un gran panel en el que se señalan los puntos más destacados, está señalizado por partida doble: en azul el recorrido completo para quienes dispongan de casi tres horas para completarlo y otro más corto para quienes deben apurar el tiempo que dedican al paseo. La ruta arranca en el vergel de Juan Federico Muntadas desde el que el visitante intuye la inmensidad del parque. Poco después llega el Baño de Diana.
El agua que salpican las cascadas y la abundante sombra que aporta la vegetación facilitan que el recorrido no resulte sofocante ni en los días más calurosos del verano
La caída del agua en tres escalones llevó a los monjes a bautizarla como Cascada de la Trinidad haciendo alusión al padre, hijo y espíritu santo en la doctrina del cristianismo
Formado por manantiales ocultos, el entorno se refleja en las aguas de este lago en el que nadan invertebrados y crecen numerosas plantas acuáticas
A los lagos, grutas y cuevas que hacen del Jardín Histórico algo único, hay que añadir la acertada ubicación de los restos del monasterio en distintos puntos de los senderos. Por su valor natural y paisajístico, por su importancia histórica, el Parque Jardín Histórico fue declarado BIC en 2010.
El monasterio y sus muchas sorpresas
La sobriedad del monasterio se contrapone con el colorido que aún se aprecia en la decoración barroca de las ruinas de la iglesia de la que solo se conservan algunas partes como el ábside, el enorme rosetón de círculos o los arcos de separación de la nave central en la que los propietarios continúan con su rehabilitación.
La puntilla al cenobio se la dio la desamortización aunque el declive era evidente desde la Guerra de la Independencia. Ni un solo rastro de la techumbre
Uno de los mayores tesoros artísticos que conserva el monasterio es el tríptico relicario, un mueble litúrgico gótico-mudéjar, que data de 1390 y en el que trabajaron hasta cinco artesanos. Y realmente curioso el pequeño museo en el que se exhiben restaurados carruajes y diligencias con las que hace siglos se viajaba en Aragón.
Cerca de trescientas mil personas visitan cada año el monasterio, muchas de las cuales optan por alojarse en las antiguas celdas de los monjes con vistas al claustro o al parque natural. A estas habitaciones del Hotel Monasterio de Piedra & Spa se han añadido comodidades actuales como aire acondicionado, mini frigorífico y televisión.
El hotel, con capacidad para 140 personas y habitaciones familiares, se encuentra dentro del antiguo monasterio cisterciense y, pese a la incorporación de detalles como spa o piscina, en las instalaciones se respira serenidad monacal y paz
Juan Federico Muntadas, político, literato, filósofo y naturalista apostó por convertir en hospedería las celdas de los monjes. En el parque, jardín paisajístico abierto en 1860, crecen más de medio centenar de especies de plantas y árboles autóctonos de las que disfrutan centenares de aves como los patos que visitan el lago en el que se encuentra el árbol más alto de Aragón o los mirlos que dan nombre a uno de los muchos torrentes.
Las rapaces tienen gran importancia en el entorno y con ellas se ofrece diariamente tres espectáculos de media hora de duración.
El aforo es limitado y una vez comenzado el espectáculo no se permite el acceso para no desconcentrar a las aves que, bajo las órdenes de los adiestradores, vuelan entre los visitantes
La historia del monasterio continúa ligada a la trucha autóctona. Muntadas puso en marcha la primera piscifactoria en España en la que los niños pueden alimentar a los peces.
El vino y los dulces del convento
El monasterio forma parte de la ruta del vino DO Calatayud que se sirve en sus restaurantes y vende en la tienda al igual que el chocolate que, según la leyenda, se cocinó aquí por vez primera en Europa.
Añadiendo azúcar, canela y vainilla de la cocina del monasterio surgió el chocolate a la taza, una tradición que ha acompañado a los monjes cistercienses a lo largo de los siglos y que la exposición "Historia de chocolate en Piedra" ayuda a entender.
En la antigua cillería y bodega del monasterio se ubica desde 1998 el Museo del Vino de la DO Calatayud que apoyado en escenografías muestra la relación de los monjes con el vino y las particularidades de sus viñedos cuya introducción impulsaron los monjes.
El monasterio mantiene muchos de los elementos originales de la bodega a la que se accede desde el claustro. La entrada está incluida en la visita al monumento y al parque
