La bola negra es una película militantemente gay. Y no pasa nada. O no debería pasar nada tampoco cuando otras películas militantes se realizan defendiendo sus pancartas, sus ideas, sus injusticias o sus causas.
Pero el cine militantemente gay tiene el beneplácito de la agenda woke -de la que estamos hartos-, por eso se dice que sigue haciendo falta -que igual no tanto- y por eso se llevará todos los premios del mundo -aunque haya pelis mejores-.
Porque en los festivales y en los premios se siguen mirando, muchas veces, las cuotas y las militancias antes que el buen hacer puramente cinematográfico.
Dicho esto, hablemos de la película militantemente gay del momento. Hablemos de su argumento y de su factura visual, de su estética, su propuesta, su historia y, también, de su intención.
Imagen de 'La bola negra'.
La bola negra narra las vidas interconectadas de tres hombres en tres épocas distintas que tienen en común su homosexualidad, sus heridas, su deseo y su dolor y que se sustenta sobre el principio de la última obra empezada por Federico García Lorca llamada, por supuesto, La bola negra.
Sobre esta premisa, Javier Calvo y Javier Ambrossi, escriben y dirigen una película que en tres líneas temporales diferentes reflexiona sobre la incapacidad o la imposibilidad de vivir la sexualidad en plenitud.
La primera historia se basa en lo poco que escribió Lorca en su obra inacabada sobre un joven granadino que es rechazado del elitista club social al que pertenece su padre -recibiendo una bola negra- por ser homosexual.
Los Javis en Donostia.
La segunda, sucede unos pocos años después, ya durante la Guerra Civil y en pleno frente, cuando un joven trompetista republicano empieza a sentirse atraído por Rafael Rodríguez Rapún, otrora amante y amado de Lorca. Y, la tercera, sucede en 2017 cuando un historiador y dramaturgo investiga algunas historias queer olvidadas de España sin sospechar que su familia alberga un secreto en esta línea.
Está magníficamente bien realizada y cuenta con un clima y una atmósfera admirables, con estampas que son pura poesía y una manera de fotografiar la desnudez masculina como pocas veces se ha visto. Pero nada de esto construye una película inmensa
Un reparto jovencísimo encabezado por el músico y actor novel Guitarricadelafuente y Miguel Bernardeau junto con Carlos González y Milo Quifes, está acompañado de unos siempre poderosos Antonio de la Torre, Lola Dueñas, Glenn Close y Penélope Cruz, esta última, fundamental para el recorrido internacional de la cinta.
Aclamada en Cannes, Toronto y San Sebastián, la carrera de La bola negra por el Oscar a la mejor película internacional no ha hecho más que empezar. Y tendrá mucho a su favor porque la película tiene un gran poderío visual.
Está magníficamente bien realizada y cuenta con un clima y una atmósfera admirables, con estampas que son pura poesía y una manera de fotografiar la desnudez masculina como pocas veces se ha visto. Pero nada de esto construye una película inmensa, pues el cine mayestático no es sólo el estéticamente bello, sino el intrínsecamente poderoso.
Y la historia que aquí nos cuentan ya la sabemos, ya nos la han contado mil veces: Antes era más difícil quererse y vivir en plenitud.
Pero es que antes era más difícil casi todo.
