Las residencias de los Saboya han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una calificación que no tiene la Mole Antonelliana, símbolo de la ciudad y sede del Museo Nacional del cine
Turín, "la bella durmiente se despereza"
Es la sede de Casa de los Saboya, uno de cuyos miembros, Amadeo I, fue rey de España por menos tiempo del que la ciudad fue la capital de Italia
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Quince palacios, dieciocho kilómetros de soportales e innumerables cafés históricos es el imborrable rastro que la familia Saboya ha dejado en Turín, primera capital de Italia.
No se conforma Turín con disfrutar de un skyline alpino y tener la custodia del Santo Sudario. Tampoco con ser la sede del primer museo egipcio y cuna de la automoción. Con haber inventado el vermut y el helado de palo. Es, además, la sede de Casa de los Saboya, uno de cuyos miembros, Amadeo I, fue rey de España por menos tiempo del que la ciudad fue la capital de Italia.
Aquí desplegó sus habilidades Margarita de Saboya, "influencer de la época", a la que la pizza napolitana debe su nombre, y primera monarca inmortalizada en cortos cinematográficos.
Comienza el viaje histórico
El apellido de Turín es Saboya, la dinastía más antigua de Europa. Doce generaciones de esta familia vivieron en el Palacio Real, hoy convertido en el Museo de Turín al que sus cinco kilómetros de recorrido lo sitúan, tras el Prado y el Louvre, como el tercero más grande de Europa. Aquí se han rodado películas como el Conde de Montecristo o Lidia Poët, pero las paredes que presenciaron las prósperas vidas de los Saboya y los ataques de Napoleón, esconden intrigas y curiosidades.
El primer Saboya en instalarse fue Manuel Filiberto, en 1563; apenas veinte años después le siguió Carlos Manuel I, quien ya aplicó cambios en el diseño. Antes de que en 1946 lo abandonara Humberto II de Saboya, último de la dinastía en ocuparlo por solo los 33 días que duró su reinado, las modificaciones habían sido tan constantes como simpáticas las anécdotas.
Carlos Alberto de Saboya, firmante del estatuto Albertino, ocupante de una de las habitaciones más austeras del palacio trasladó la "chaise percée", su silla orinal, a la pequeña capilla contigua. Margarita de Saboya, esposa de Humberto I, pidió que escribieran la palabra "felicidad" en el fondo del inodoro y encargó muebles auxiliares y un tocador para guardar sus cremas.
Del palacio real, con una de las colecciones más grandes de porcelana, las salas más impactantes se consideran la armería real, una de las colecciones más importantes del mundo, y el salón de baile.
La armería fue creada por Carlos Alberto e inaugurada en 1837 en la Galería Beaumont, que unía el palacio con las prefecturas de estado
Pero el espacio más sagrado del Palacio es la Capilla de la Sabana Santa, una cúpula barroca diseñada por Guarino Guarini para albergar el Santo Sudario que actualmente se custodia en la catedral y que, como ocurre con el autorretrato de Leonardo da Vincci, guardado en la biblioteca real, solo se expone ocasionalmente: la última vez en 2015.
La cúpula sufrió un grave incendio en 1997 y tras años cerrada volvió a abrirse en 2018, una vez restaurada
Horas, y hasta días, se necesitan para visitar con detalle el Museo Egipcio fundado en 1824 por el rey Carlos Félix de Saboya. A los objetos que tenía sumó la colección de Bernardino Drovetti, soldado del ejército de Napoleón y cónsul francés en Egipto, coleccionista que había "recopilado" más de un millar de piezas que, tras la muerte del emperador francés, vendió al saboyano por 400.000 liras. Nace así el primer museo sobre Egipto en el que, entre joyas, momias, vestimentas, ataúdes, papiros, sarcófagos- como el del hijo de Kefren- o estatuas- como las de Ramsés II o Amenofis I-, salen a la luz 4.000 años de historia.
A los fondos iniciales se fueron añadiendo nuevas adquisiciones, resultado de la participación de investigadores italianos en excavaciones tan fructíferas como las de Deir el-Medina o Gebelein
Una de las piezas más destacadas es el papiro de Turín, relato cronológico de los faraones con su correspondiente periodo de reinado; entre las más impactantes la momia en posición fetal, con más de 6.000 años de antigüedad; entre las “mejor conservadas” los sarcófagos intactos de Kha y Merit, encontrada en Deir el-Medina donde, en la época de Ramsés III, se origina la primera huelga de la humanidad al exigir los obreros alimentos mientras trabajaban para las tumbas del faraón so pena de robar el oro de las minas. Lo más curioso, descubrir que en los enterramientos introducían la figura de un hipopótamo pintado de azul al que rompían las piernas para evitar que el animal atacara al difunto.
Actualmente el museo está rematando un nuevo proceso de ampliación y renovación en el que se han invertido 17 millones de euros.
*Anotamos aquí la importancia de adquirir Torino Card, amortizada con la sola visita a estos dos museos, pero que abre la puerta de otros tantos.
Le duró poco, pero Turín fue la primera capital de Italia. De ese lustro es la Mole Antonelliana, símbolo emblemático de la ciudad que nunca cumplió el papel de sinagoga encargada por la comunidad judía a Antonielli. Los retrasos debidos a las continuas modificaciones incorporadas por el arquitecto dispararon el presupuesto y obligaron a parar la obra que, en 1877, adquirió el ayuntamiento de Turín. Así, el que en su día fue el edificio de mampostería más alto del mundo arrancó su actividad como Museo de la Unificación italiana, en homenaje a Víctor Manuel II. Pero, sin saberlo, la Mole estaba destinada a ser museo del cine. Antes de serlo, su sótano albergaba el origen del cine; allí Andriana Prolo había depositado material cinematográfico protegiéndolo de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron la semilla del actual museo, abierto en el año 2000.
Ciento sesenta y siete metros de altura tiene la Mole, incluyendo los de la aguja recuperada tras ser derribada en 1953 por una tormenta; algunos menos el Tempietto, balcón desde el que se obtiene una gran panorámica de los Alpes y de la ciudad que abarca desde Sacra di San Micheli, monasterio en el que Eco se inspiró para escribir “El nombre de la rosa”, hasta la basílica Superga contra cuyos muros chocó el avión en el que viajaban los jugadores del Torino que no lograron sobrevivir.
Las colecciones del museo incluyen carteles, vídeos, fotos, lentes, cámara oscura, y prendas originales como la capa de Superman, la bufanda de Felini, los guiones de Ciudadano Kane y El Padrino, el corpiño de encaje lucido por Marilyn Monroe en varias películas o la estatua de Moloch, utilizada para la película Cabiria.
Turín fue capital del cine hasta que Mussolini la traslado en 1937 a Cineccità. La Mole se inauguró diez días después de la apertura de la Torre Eiffel
En Villa de la Reina, palacio barroco del siglo XVII perteneciente a los Saboya, en la que residieron el maduro Cardenal Maurizio y su adolescente esposa Ludovica, las cámaras de cine se asentaron por primera vez en los albores del cine para rodar Spergiura. La última vez lo hicieron para la producción de Lidia Poët. La Villa dejó de ser residencia de la corte en 1865 para transformarse en centro de formación de las hijas de militares. A la retirada de muebles originales para ser llevados al Quirinale le siguieron los bombardeos de la guerra y saqueos dejando a la villa, que ya había perdido el uso de centro educativo, en el olvido durante años. Finalmente, en 2008 se reabrió al público conservando los viñedos que le rodeaban.
Villa de la Reina conserva frescos originales, muebles de época y extensos jardines
Sí, también FIAT puede vincularse a los Saboya. Entre los fundadores de la empresa, instalada por primera vez en el Palacio Bricherasio, había miembros de la nobleza. Una simbiosis perfecta: la monarquía veía en ello la ocasión de modernizar el país y FIAT se beneficiaba ampliando mercado. Cuando el espacio del palacio fue insuficiente, las instalaciones se trasladaron al edificio Lingotto que, por su sistema de ensamblaje en vertical y su pista de pruebas en la azotea, cautivó a Le Corbusier. Tras el cese de producción en los 80, el icónico Lingotto y sus 355.000 metros cuadrados, equivalentes a 39 campos de fútbol, fueron rediseñados por Renzo Piano para transformarlo en un centro comercial con una galería de arte, Pinacoteca Agnelli. La exposición permanente incluye obras de Canaletto, Matisse, Manet, Modigliani, Renoir o Picasso; la temporal, en la azotea, prioriza a las artistas.
La antigua pista de pruebas es hoy un jardín en el que se exponen obras de arte con carácter temporal
Un ejercicio aeróbico posibilita que hablemos también de los Saboya para darles sitio en la "exposición" de arte urbano de Borgo Campidoglio. El MAU -Museo de Arte Urbana- surge en 1995 como proyecto de recuperación urbana en el que participan alumnos de la Academia Albertina de Bellas Artes, fundada por María Juana Bautista de Saboya y refundada por Carlos Alberto, al que debe su nombre. Este museo sin techo camufla entre fachadas obras de más de un centenar de artistas. Los 11 primeros en participar lo hicieron de modo altruista; hoy tanto los noveles como los artistas reconocidos reciben subvenciones del ayuntamiento.
Los turineses "descubrieron" MAU en la primera etapa post-covid y ,a día de hoy, muchos visitantes abandonan la ciudad sin saber de su existencia
El viaje gastronómico de la capital piamontesa
Desde 1836 lleva la Stratta haciendo más dulce la vida a los turineses. Chocolates, pastas, panettones y caramelos se convierten en joyas de las que la casa de Saboya, de la que eran proveedores, disfrutaba. El conde de Cavour, clave en la reunificación de Italia, se acercaba hasta los soportales de la Piazza San Carlo para hacer acopio de gianduiotti. Por su "juventud" habría que citar a Domori. Nacida en 1997 logrando premios con varios de sus chocolates.
Turín cuna del gianduiotti, primer chocolate envuelto, celebra cada año la Feria del chocolate entre el 10 y el 14 de febrero
De la cafetería Baratti & Milano que abrió sus puertas en 1856 y también proveedor Saboya, son famosos los "cremino", pralinés de tres chocolates. Guido Gozzano inmortalizó en su poema "Las golosas" el ambiente de estos lugares en los que las burguesas perdían la compostura para, como los niños, comer con los ojos usando los dedos. Es famosa también por sus tramezzini, bocados rellenos de ensaladilla, anchoa y pimiento o vitelo tonnato del que los expertos dicen es una magnífica reinterpretación de la tradición piamontesa. La ideóloga de estos bocados fue Angela Nebiolo quien, tras vivir unos años en Detroit, regresó a su país para abrir en Turín el Caffè Mulassano, uno de los lugares donde se sirve punt e mes, vermut que nació en 1870 en la destilería Fratelli Branca.
Es en la época de la reina Margarita cuando se ponen de moda los tramezzini, elaborados con pan de molde cortado en pequeños triángulos o perfectos rectángulos
La tradición en Casa Broglia incluye agnolotti del plin, pasta rellena de carne, típica del Piamonte y carne cruda cortada finamente a cuchillo. La Badessa reinterpreta la comida monástica, Trattoria Decoratori e Imbianchini, nacida a finales del siglo XIX, sirve especialidades regionales y Esperia, restaurante a orillas del Po con vistas a los murazzi es un buen lugar para tomar una copa al caer la tarde. Que las colas no te disuadan y prueba el helado artesanal de + Di un Gelato. El vermouth y el tradicional aperitivo se disfruta en Platti café al que acudían intelectuales, figuras del rissorgimento y hasta el fundador de la FIAT.
El momento vermout retoma el las conversaciones sin prisa ante un surtido de bocados salados, rematados con un dulce y acompañados de vermut en sus versiones dry, blanco y rosso
La "reconquistada" Merienda real revive el ritual de la realeza en el siglo XVIII : chocolate a la taza con pastas y bombones que en el XIX da paso al bicerin: café, chocolate y crema de leche acompañado de bizcochos y pastas finas.
*La oficina de turismo facilita la lista de los establecimientos que toman parte del proyecto Mangebin (“comes bien”).En ellos, el 60% de la carta tiene que ser producto local y típico.
Extra: La guía real de la Gula Saboya a través de los siglos
XVI: Manuel Filiberto de Saboya , ofrece a los turineses una taza de chocolate para celebrar el traslado de la capital de su ducado desde Chambéry a Turín. Un gesto que da inicio a la cultura chocolatera.
XVIII: Víctor Amadeo II, grissini. El hijo del duque de Saboya tenía problemas digestivos y Antonio Brunero, un panadero, crea para el este pan a base de harina, agua, aceite de oliva y sal.
XIX: Víctor Manuel II de Saboya, José Alberto I de Cerdeña - su padre- y su ex primer ministro Cavour, el vino Barolo : “Vino de reyes, rey de los vinos”. Cavour y la marquesa de Barolo recurren a un enólogo para refinar los vinos del Piamonte que cautivaron al primer rey de Italia.
XIX-XX: Margarita de Saboya, pizza. Durante una visita de los reyes a Nápoles un afamado pizzero preparó tres pizzas. La monarca prefirió la mas sencilla, el color de cuyos ingredientes, tomate, mozzarela y albahaca, coincidían en color con la bandera italiana. Desde entonces, lleva su nombre.
Dormir en Turín
El hotel NH Torino Piazza Carlina, un edificio del siglo XVII construido como centro de oficios para los desfavorecidos de la época, en la Plaza Carlo Emanuel II, soberano piamontés bajo cuyo gobierno Turín comenzó a expandirse hacia el rio Po. Desde su terrazas panorámicas se ven los Alpes.
Cómo llegar a Turín
Por 17 euros trayecto, según fechas, la aerolínea húngara de bajo coste Wizz Air ofrece vuelos directos desde Bilbao tres días a la semana.
Wizz Air ha apostado fuertemente por este aeropuerto con trece rutas nacionales e internacionales. Entre estas últimas, además de a Turín vuela hacia las ciudades italianas de Milán, Nápoles, Roma y Venecia. Varsovia, Budapest. Málaga, Santiago, Valencia y la ciudad polaca de Breslavia, se incorporan en la temporada de invierno.