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España afronta una oportunidad estratégica para reforzar su liderazgo empresarial internacional durante el periodo 2026-2035, gracias a la coincidencia entre las capacidades acumuladas por sus compañías y las nuevas prioridades de inversión europea. Así lo sostiene el Instituto Coordenadas en el informe ‘El nuevo ciclo del corporate español’, que identifica la energía, las infraestructuras, la digitalización, la defensa y los servicios avanzados como motores de esta nueva etapa.

El análisis considera que el tejido empresarial español dispone de una base más internacional y diversificada de lo que refleja su dimensión bursátil. A los grandes grupos cotizados se suman compañías familiares, empresas privadas y proveedores especializados con capacidad para participar en proyectos complejos y competir en distintos mercados.

“El reto es pasar de compañías globales a un sistema corporativo global”, señala el documento, que plantea reforzar las conexiones entre grandes empresas, proveedores, capital y tecnología para multiplicar la capacidad de crecimiento exterior. Para ilustrar esa capacidad, el informe recoge que las matrices españolas contaban en 2023 con 6.141 filiales en el exterior en industria, construcción, comercio y servicios de mercado no financieros. Estas sociedades generaron 280.972 millones de euros de facturación y emplearon a 947.513 personas, según los datos del INE citados en el análisis.

El Instituto subraya que esta presencia representa una experiencia operativa acumulada: gestionar inversiones, integrar adquisiciones, financiar proyectos y desenvolverse en marcos regulatorios distintos. Un conocimiento especialmente relevante en un entorno condicionado por la seguridad de suministro, la regionalización de las cadenas productivas y la autonomía estratégica europea.

El regreso de la inversión en activos físicos favorece, según el documento, a empresas españolas con trayectoria en redes eléctricas, concesiones, agua, transporte, ingeniería y financiación a largo plazo. La oportunidad consiste en asumir el liderazgo de proyectos y consorcios, desarrollar tecnología y controlar activos estratégicos.

Energía e inteligencia artificial

La transición energética constituye una de las principales palancas. El informe sitúa el siguiente impulso en las redes, el almacenamiento y la electrificación industrial, y defiende que la capacidad renovable española puede contribuir a atraer industria e infraestructuras digitales.

En inteligencia artificial, el análisis destaca el potencial de las grandes compañías que ya cuentan con datos, clientes y procesos en banca, turismo, energía, logística e infraestructuras. Integrar esta tecnología en sus operaciones puede impulsar la productividad y generar servicios exportables.

También advierte de que la inversión en centros de datos debe promover actividades de software, ciberseguridad y servicios empresariales, de manera que España capture una mayor parte del valor generado.

Iberoamérica y escala empresarial

La posición geográfica española y sus vínculos con Iberoamérica constituyen otro activo diferencial. Según las cifras recogidas en el documento, Latinoamérica recibió el 38,3% de la inversión productiva bruta española en el exterior en 2025. El Instituto propone evolucionar hacia una relación bidireccional: utilizar España como plataforma europea para grupos iberoamericanos y conectar capital, tecnología y talento entre ambos mercados.

El informe condiciona este escenario a una mayor dimensión empresarial, mercados de capitales más profundos, estabilidad regulatoria y disponibilidad de talento. Asimismo, defiende las fusiones, alianzas y plataformas compartidas como instrumentos para elevar la productividad y competir internacionalmente. La conclusión apunta a un cambio de ambición: convertir España en uno de los centros europeos desde los que se construyan, financien y gobiernen empresas con capacidad de liderazgo global.