A principios de este mes, y después de que la SEPI le diera el visto bueno para recibir la ayuda de 112,8 millones de euros del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas afectadas por la Covid, Tubos Reunidos presentaba su plan estratégico para los próximos años en el que incluía el cierre de la acería de Trapagaran y la planta de Pamplona. La empresa aseguraba entonces que lo que se ponía en marcha era el traslado de la producción y la plantilla de estas plantas a una nueva acería más especializada en Amurrio, aunque no especificaban cuándo estaría en marcha. 

En la presentación del Plan Estratégico 2020-2026, ponían el foco en tres destinos esenciales: La mejora de los procesos y la eficiencia con una mayor digitalización; La reducción de la huella de carbono mediante la innovación y las mejoras productivas y de productos; y planes de formación de las personas. El desarrollo del plan estará dividida en dos fases, una primera destinada a reforzar la tesorería y una segunda en la que se espera un incremento mundial de las necesidades de energía y electricidad impulsadas por un retorno a demanda pre-Covid19, un crecimiento de la población mundial, y un mayor nivel de desarrollo en los países emergentes, sobre todo en Asia.

El próximo 28 de octubre, Tubos Reunidos celebrará una Junta General Extraordinaria de Accionistas que dará continuidad a este plan estratégico. En la Junta General, la compañía anunciará la fusión de las tres sociedades del grupo en una sola, según ha informado a la CNMV.



Este plan incluye la reorganización de las actividades industriales mediante la fusión de las tres sociedades del grupo (Tubos Reunidos Industrial, Productos Tubulares (Trapaga) y Acecsa (Pamplona) en una única.



El plan incluye traslados de personas, lo que ha conllevado el rechazo de los sindicatos.