La escasez de suministros se ha instalado en el sector de vino. Con los grandes fabricantes de botellas a pleno rendimiento, la producción no alcanza para cubrir una demanda que se ha disparado. Por un lado la industria del vidrio busca pedidos de mayor tamaño para poder repercutir al cliente parte de la subida de los costes energéticos y, además, fuentes del sector apuntan a una "psicosis por acaparar" botellas en los últimos meses que está dejando sin frascos a los productores más pequeños. 

En esa batalla por el vidrio cada bodega está saliendo del paso como puede. Las que tienen una relación afianzada con su proveedor no están teniendo problemas para mantener el suministro, aunque sí deben asumirse retrasos de varios meses. Los fabricantes ponen además dos condiciones: pedidos cada vez más largos y concentrar el mayor número de botellas posible en el mismo envío para ahorrar costes en el transporte. "El que no ha cuidado a su proveedor en el pasado ahora tiene problemas. Ellos ahora lo tienen todo vendido y no te necesitan", señala un productor vasco de txakoli. Desde otra bodega con producciones cortas se indica que las botellas tardan al menos tres meses en llegar con una subida del precio de más del 30%.

Las grandes vidrieras tienen en estos momentos la posición de fuerza, pero también enfrentan sus propios obstáculos, principalmente relacionados con el elevado coste energético. La gran referencia en Euskadi como es Vidrala vio caer a plomo sus beneficios en el primer trimestre (un 98% menos) a pesar de aumentar sus ventas. El alto consumo de los hornos y el coste de la materia prima se comía así todo el margen en el arranque de 2022, obligando a repercutir parte de esas subidas a los clientes. "La subida de precios no se hace por agresividad, sino por necesidad", remarcaba en abril el director financiero de Vidrala, Raúl Gómez.

La firma de la familia Delclaux mantiene sus factorías a pleno rendimiento y fuentes de la compañía indican que la demanda ha superado todas las expectativas. Si bien era previsible un pico a raíz de la normalización de la hostelería tras la pandemia, no se esperaba que el tirón durara tanto tiempo. El grupo con sede en Llodio es uno de los principales proveedores de los bodegueros vascos, que cuentan también con referencias como Verallia, con planta en Burgos, la portuguesa Barbosa Almeida (BA Glass) con factoría en León, la estadounidense Owens Illinois, que fabrica en Barcelona y Sevilla, o la francesa Saverglass.

Todos los gigantes están saturados y además la exigencia de pedidos cada vez más amplios deja fuera a pequeños productores con 100.000 o 200.000 botellas anuales. La alternativa es diversificar la compra o la búsqueda proveedores alternativos, principalmente en Italia y Francia, indican fuentes del sector. "Pero el problema es global. Entonces ellos tambien tienen sus clientes preferentes. Ir a Francia o Italia supone ponerte a la cola y esperar", indica un productor. "Algunas bodegas han tenido que adaptar sus diseños a nuevos modelos porque los que se utilizaban ya no se producen o tienen plazos de producción eternos", apostillan desde Bizkaiko Txakolina.

Envases de vidrio de Vidrala durante su producción / CV

El símil del papel higiénico

Como en todas las crisis de desabastecimiento, el problema es bidireccional. No es solo que los fabricantes no den abasto, es que entre las bodegas la sensación de escasez se ha instalado y eso anima a aprovisionarse para tener asegurado el próximo embotellamiento. Una "psicosis por acaparar", según otras fuentes del sector vitivinícola, que podría compararse con la obsesión por comprar papel higiénico durante el confinamiento por el covid. Parte de ese aprovisionamiento tiene que ver también con esa condición del fabricante de hacer envíos lo más largos posibles para ahorrar viajes.

En ese contexto las bodegas de menor tamaño son las que tienen las de perder, ya que su capacidad de negociar es menor. Por otro lado la escasez de vidrio no afecta solo a Euskadi, es un problema común a otras comunidades productoras. A nivel europeo, la asociación alemana de cerveceros ha alertado de que hay riesgo de falta de botellines de cara al verano.