A veces cuesta interpretar las idas y venidas de la Bolsa, pero en el caso de Talgo el mandato de los inversores está claro: hay confianza en el nuevo proyecto liderado por José Jainaga pero hacen falta hechos.
Fue hace casi ya dos años cuando se conoció públicamente el interés de Magyar Vagon en hacerse con el 100% de la ferroviaria y su disposición a pagar más de 600 millones.
Aunque el fondo mayoritario ya había mostrado su intención de salir de la compañía, el anuncio dio inicio a las gestiones políticas en firme desde el Gobierno de Pedro Sánchez para evitar la fuga del centro de control de una empresa considerada estratégica.
Y en ese camino se encontró las manos amigas de Imanol Pradales, recién llegado a Ajuria Enea y en busca de un primer hito político en el frente empresarial, y de Jainaga, el apellido que ya había sonado en los despachos de Moncloa para reflotar otras industrias en crisis.
Uno de los trenes de Talgo
Complejo desembarco
La complejísima operación de desembarco junto al resto de socios vascos y la Sepi culminó en noviembre y en navidades se fueron conociendo los detalles de cómo será la composición a nivel de jerarquías.
Pero avanzado el mes de enero no hay aun señal oficial del inicio de nuevas inversiones para ganar velocidad de fabricación, la prioridad en estos momentos para evitar nuevos atragantamientos por exceso de encargos.
Internamente ya se ha lanzado el mensaje de que se van a reforzar turnos y entrarán más eventuales en estos primeros meses de 2026, el año en el que la compañía se juega buena parte de su credibilidad.
Jainaga junto al lehendakari Imanol Pradales
Ha habido un primer paso positivo como es la homologación para el inicio de las entregas de unidades en Alemania y Dinamarca, pero lo que de verdad está en cuestión es si el nuevo equipo gestor va a lograr cumplir en plazo y sacar rédito a la enorme cartera de más de 4.000 millones comprometida.
El resultado hasta junio anticipa un nuevo ejercicio 2025 negativo tras un 2024 con más de 100 millones de pérdidas por la multa de Renfe.
Juan Antonio Sánchez Corchero, presidente de la patronal alavesa SEA y consejero de Talgo por la Sepi
El mercado, a la espera
Con todo, el mercado ha reaccionado razonablemente bien a la entrada del dueño de Sidenor: el acuerdo para la compra del 30% por el consorcio vasco en noviembre evitó una caída de la acción a mínimos históricos y hubo un nuevo repunte cuando el nuevo esquema en la propiedad quedó ratificado en junta extraordinaria en diciembre.
Aun así, Talgo vale bastante menos que hace dos años, cuando se puso en marcha la OPA húngara, y el valor está también por debajo del otoño de 2024, cuando los inversores vascos asomaron en la ecuación.
Con la salida de Gonzalo Urquijo del puesto de CEO y con el sostén en el día a día de Rafael Sterling, se da por hecho que será Jainaga el que tome las grandes decisiones.
La planta principal de Talgo en la localidad alavesa de Rivabellosa
Y en enero la maquinaria se ha puesto en marcha: "Talgo tiene su propio plan industrial y de inversiones para la nueva etapa que acaba de comenzar", ha señalado la compañía esta semana.
Habrá que ver si ese plan para relanzar los ingresos aumentando los ritmos de entregas convence a los inversores, que dan por descontado un nuevo golpe de imagen a finales de febrero cuando se anuncie el balance de 2025. A partir de ahí Jainaga puede encontrar unos meses de menor exposición mediática para relanzar fuera de foco el nuevo ciclo de la compañía.
