Barco con contenedores accediendo al Puerto de Bilbao
La guerra y la inestabilidad global complican atacar el récord de tráfico de 2018 en el Puerto de Bilbao
Aunque a priori 2026 parecía un buen ejercicio por la recuperación de Petronor y la previsible mejora del contenedor, el conflicto en Oriente Medio amenaza con impactar en las cifras del principal puerto vasco
El Puerto de Bilbao colocará dos aerogeneradores más y duplicará la potencia eólica
Las 35,6 millones de toneladas de 2018 se mantienen como récord histórico de tráficos anuales del Puerto de Bilbao.
En 2019 se rozó ese techo (35,4 millones) pero el volumen de mercancías se quedó a las puertas de un nuevo máximo lastrado por la parada técnica de Petronor que la refinería realiza cada varios años.
Al año siguiente el mundo se paró por la pandemia y, en clave interna, estallaba el conflicto entre las empresas y los trabajadores de la estiba que tanto costó resolver y que ha marcado profundamente a todo el ecosistema portuario.
El tráfico se hundió a menos de 30 millones de toneladas y desde entonces el Puerto de Bilbao no ha logrado completar la remontada pendiente.
Nueva torre de la refinería Petronor
Un año propicio
El mejor dato es el de 2024 pero de nuevo el pasado ejercicio hubo un bajón precisamente por esa recurrente parada técnica de Petronor lastrando los números del granel líquido, gran protagonista de los tráficos en Bilbao.
El hecho de recuperar la normalidad este año en la refinería y las señales de optimismo que envía el contenedor, la asignatura pendiente del nuevo equipo de gobierno que encabeza Iván Jiménez, encendían al inicio del curso las expectativas de poder atacar ese récord histórico de hace ya ocho años.
Se contaba con un mal enero por las condiciones adversas en la mar y un buen febrero alentaba esta lectura optimista.
Iván Jiménez, presidente del Puerto de Bilbao.
Sin embargo, un nuevo frente en clave geopolítica con la guerra en Irán y sus consecuencias tanto en clave energética como de paso estratégico en Ormuz obliga a recuperar las previsiones más prudentes.
El dato de marzo marcará en qué medida el colapso de esa zona tiene un efecto inducido, tanto por un efecto rebote en sus líneas por posibles colapsos en otros puertos como por la inestabilidad de la cadena de gas y petróleo, si bien en ese sentido Bilbao depende ahora más de mercados energéticos al otro lado del Atlántico como Estados Unidos.
La duración de la crisis en Oriente Medio marcará en gran medida las opciones de volver a volúmenes históricos de mercancías, así como la respuesta de esas nuevas rutas con el continente americano, siempre contando con que los grandes tráficos, gas y petróleo, respondan favorablemente.