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Poco más de dos meses después de que la plantilla de Maderas de Llodio volviese al trabajo -tras más de 280 días de huelga iniciada en protesta del ERE activado por la multinacional Garnica- esta se está enfrentando a un contexto complicado.

Y lo hace después de que todos los clientes habituales con los que la compañía contaba antes de septiembre del año pasado, cuando la dirección activó el ERE, tuviesen que recurrir a otros proveedores.

En la mayoría de los casos, tal y como describió este medio, los antiguos clientes de Maderas de Llodio -gran parte de ellos dedicados a la construcción- habían recurrido a proveedores asiáticos, dada la competitividad de sus precios. Factor al que ahora la firma tendría que hacer frente.

Y es que aunque la fábrica cuenta ahora con pequeños clientes, aseguran desde fuentes sindicales, "todavía no ha recuperado los grandes, porque la competencia asiática ofrece precios mucho más competitivos".

Entre estos clientes 'grandes', enumeran importantes firmas de países europeos como Francia, Alemania y Holanda.

Y es aquí donde está el quid de la cuestión, el condicionante a la evolución del ERTE activo hasta finales de este año. Por el momento, indican representantes sindicales, "se ha quitado el turno de noche, trabajamos solo mañana y tarde. Y hay semanas que trabajamos y semanas que no".

La sede de Maderas de Llodio, en Llodio Crónica Vasca

Desde 1982

Esta comenzó su actividad en 1982 dentro del casco urbano del municipio del Valle de Ayala, Llodio, dedicándose principalmente a la producción de tablero de okume, pino y variados, estrategia que viró en 2003, cuando se centró en la producción de tableros de pino y reubicándose en el Polígono Industrial de Santa Cruz.

En 2018, cuando fue adquirida Maderas de Llodio exportaba el 80% de sus ventas, producía 42.000 m3 de tablero, facturaba 21,5 millones de euros anuales y contaba con más de 100 empleados.

Plantilla que ha ido creciendo hasta alcanzar los 151 empleados que había cuando el grupo Garnica activó el ERE, el pasado mes de septiembre por “causas productivas y organizativas"; sin embargo, según los sindicatos el movimiento iba más allá y con él se buscaba "llevarse parte de la producción a otras plantas del grupo”.