Publicada

Las torrijas son uno de los dulces más populares de España. Unas joyas de la repostería que se erigen como un auténtico manjar gracias a su sabroso rebozado y textura cremosa por dentro.

Su irresistible combinación de texturas junto con su dulzura y sabor transforman una receta sencilla en una experiencia culinaria única. Prepararlas no es difícil, pero sí requiere ingredientes clave y una técnica concreta para que queden ideales, algo que emplea a la perfección la chef Elena Arzak.

El truco de Arzak

Entre tanta innovación en los bocados dulces, la tradición se siente como un respiro. Los nostálgicos no hacen más que regresar a los postres de toda la vida, como unas buenas torrijas.

Algo que Elena Arzak recupera siempre que puede. Un dulce que supone un traslado a la infancia a través de su sabor y aroma. Un manjar a partir de leche, pan, huevo y azúcar y canela que no deja a nadie indiferente.

Muchos han creído desde hace tiempo que para potenciar el sabor de una receta basta con añadir más azúcar o sal. Pero nada más lejos de la realidad. Para Arzak, ajustar el dulzor en las torrijas es primordial porque permite, como recoge la revista Lecturas en su artículo Elena Arzak, chef, y su truco para hacer torrijas: "El azúcar no debe tapar el resto de ingredientes, sino acompañarlos" (no te pierdas su receta familiar), "resaltar otros matices del postre y hacerlo más ligero".

Motivo por el que la receta familiar de la donostiarra se centra en cuidar la leche infusionada con canela y cítricos, y la textura del pan. Además, el truco de la donostiarra es el de conseguir esponjosidad a través de un pan de leche o rústico con miga esponjosa en lugar de brioche, pues absorben mejor la leche sin deshacerse y la torrija queda muy jugosa en el interior y crujiente por fuera.

Para elaborar las torrijas, Elena usa una barra de pan de leche o rústico, 1 rama de canela, medio litro de leche, piel de un limón, 50 gramos de azúcar, dos huevos, aceite de oliva suave para freír y canela en polvo.

Comenzamos calentando la leche con la canela, con el azúcar y la piel de limón y, una vez empiece a hervir, la retiramos del fuego y la dejamos reposar para que los aromas queden bien impregnados.

Cortamos el pan en rebanadas gruesas y las ponemos en una fuente. Vertemos la leche infusionada por encima y dejamos que absorban el líquido. Acto seguido, batimos los huevos y calentamos aceite en la sartén, y pasamos las rebanadas por el huevo. Las freímos hasta que adquieran un tono dorado. Por último, espolvoreamos un poco de canela y las servimos con frutas frescas.