Esta semana se celebraba el 40 aniversario de Confebask y, además de un acto institucional, la patronal vasca ha hecho público un curiosísimo informe de impacto elaborado por PwC (¿quién si no?). El estudio viene a decir, de una forma un tanto críptica, que Euskadi estaba mucho peor económicamente en 1983 que ahora. Pero obvia un dato clave: entonces éramos los primeros en PIB per cápita y ahora nos supera Madrid, a la que entonces casi doblábamos.



En cualquier caso, lo más discutible es relacionar directamente la salud económica vasca con la existencia de Confebask. Porque, ¿realmente ha servido para algo esta institución? Hay que tener en cuenta que las decisiones importantes en las que deben participar los empresarios se toman bien en Madrid o bien a nivel foral. CEOE, Cebek, Adegi y SEA son los verdaderos protagonistas de la negociación social, tanto para aprobar leyes como convenios, cuando son provinciales. Confebask por no tener no tiene ni afiliados.



La creación de la patronal vasca tuvo sentido en un momento en el que estaban naciendo las instituciones autonómicas y Lakua necesitaba interlocutores propios que representaran a todo el país. De hecho, los que no veían con buenos ojos la existencia de un Gobierno de Euskadi, como Luis Olarra y el puñado de empresarios del metal que le seguían en Bizkaia, no respaldaron la creación de Confebask. Eran tiempos de violencia y agresividad y para ser empresario en el País Vasco había que ser muy militante.



Era el caso de José María Vizcaíno, cuyo papel al frente de Confebask en momentos tan difíciles no ha sido reconocido suficientemente. Este empresario guipuzcoano, pese a su apellido, dedicó tanto tiempo y esfuerzo a sus actividades representativas que abandonó en cierta medida su papel como empresario. Su compañía de refrigeración renqueó durante muchos años y, pese al fuerte apoyo institucional, terminó en una quiebra que todavía hoy le coloca en la lista de los grandes morosos fiscales de Gipuzkoa.

Las decisiones importantes en las que participan empresarios las toman CEOE en Madrid y, a nivel foral, Adegi, Cebek y SEA

A Vizcaíno le sucedieron Baltasar Errazti, más directivo que empresario, y Román Knörr, que tuvo ciertos encontronazos con el PNV y duró muy poco en el puesto. Los que vinieron después, Miguel Lazpiur, Miguel Angel Lujua, Roberto Larrañaga, Eduardo Zubiaurre e Isabel Busto, apenas se han dejado notar. Estoy convencido de que si se realiza una encuesta en las calles de Euskadi, el 99,9999% de los entrevistados no van a saber nombrar a ningún presidente de Confebask. Ni siquiera a la actual. Reconozco que a mí mismo me cuesta recordar su nombre.



Hubo un tiempo en que este anonimato tenía cierta lógica, la de las pistolas con las que estaban amenazados, aunque insisto en que Vizcaíno se hizo notar y mucho. En esos momentos Confebask tuvo una valiosísima función terapéutica de apoyo de una serie de vascos a los que un día ETA les chantajeaba para que aportaran dinero para "la causa" y al siguiente LAB les montaba un pifostio en la fábrica. Algunos cayeron en el camino. Otros se mudaron a otras tierras. Confebask ayudó a los que se quedaron a seguir madrugando cada mañana, que no es poco.



Terminada la actividad terrorista, uno duda si la patronal vasca sigue teniendo sentido. ¿Ha conseguido cambiar la imagen del empresario en Euskadi? Me temo que no. ¿Ha servido para que en el País Vasco haya más emprendedores? Mi impresión también es negativa. De hecho, los datos vienen a indicar que hemos perdido cierto fuelle respecto a otros territorios que antaño nos envidiaban por nuestro dinamismo empresarial.

En Euskadi creamos entidades nuevas con facilidad pero nos cuesta horrores suprimirlas cuando dejan de tener sentido

Confebask podía haber servido como lobby frente a las instituciones, una labor que solo ha realizado tímida y puntualmente. Ese papel le ha correspondido en mayor medida a entidades como el Círculo de Empresarios Vascos, que no hay que olvidar que es un club privado que solo representa a las principales compañías de Euskadi. Lo hace muy bien en cuanto a trascendencia pública pero es excesivamente conservador en sus objetivos.



¿Por qué no ha asumido Confebask esa labor de lobby? La rotación periódica provincial de la presidencia no ayuda precisamente. Tampoco lo hace su escasa estructura corporativa. Por no hablar de las peligrosas pero lucrativas relaciones económicas que las patronales de Bizkaia, Gipuzkoa y Alava mantienen con las instituciones, que les subvencionan casi todo lo que hacen. No son independientes y la consecuencia es que los partidos mandan mucho en ellas.



Les pasa algo parecido a lo que ocurre con las cámaras de comercio, que una vez suprimidas las cuotas camerales obligatorias sobreviven a duras penas con subvenciones y formaciones de todo tipo. Y eso que la propia administración cada día compite más con ellas en este último aspecto, especialmente en el ámbito tecnológico.



José Ignacio Zudaire, el actual presidente de la Cámara de Bilbao, planteó recientemente que debían reinventarse para ser útiles a las empresas. Lo cierto es que apenas lo son y que su existencia tiene más que ver con el miedo que tienen los políticos a pisar callos que a un valor real. Y a Confebask le ocurre algo parecido. En Euskadi creamos entidades nuevas con cierta facilidad pero nos cuesta horrores suprimirlas cuando dejan de tener sentido.