Tras conocerse el resultado de las elecciones gallegas hubo dos declaraciones, hechas casi a bote pronto, que, en mi opinión, mostraron los dos problemas a los que el PSOE se enfrenta ya de manera inevitable. La primera proviene de Cuca Gamarra, quien vino a decir que el país y el Gobierno no concuerdan, que el primero va en una dirección y el ejecutivo en otra. La segunda se la debemos al presidente Emiliano García-Page señalando que si no se quiere que lo que ya es un ciclo se convierta en un ciclón, en el partido y el gobierno que dirige tienen que cambiar cosas.

Ni la riojana ni el castellanomanchego son precisamente platos de gusto del gobierno y de la dirigencia actual socialista pero, quizá por ello, haría bien el PSOE en prestar atención a lo que dicen, porque ambas advertencias se basan en hechos irrefutables. Es bastante obvio que el país va inclinándose cada vez más en sentido contrario a la política auspiciada por los partidos que conforman el gobierno en este momento y desde hace cinco años. De hecho, estos partidos acceden al gobierno tras las últimas elecciones generales no por la capacidad que han tenido de concitar las voluntades ciudadanas por sí mismos sino porque entendieron a la perfección que una cosa era eso y otra conformar una mayoría de gobierno en el Congreso de los Diputados. Que para ello tuvieran que vender un cacho de su alma al diablo, eso ya es otra cosa.

El partido que no deja de subir en apoyo social desde que Alberto Núñez Feijoo se puso al frente accede al poder municipal y al autonómico, pero no al nacional

El hecho cierto es que se está dando la paradoja de que hay obviamente un ciclo en el que el PP va de subida y el PSOE de bajada, que se confirma en cada convocatoria electoral desde 2021 y, sin embargo, gobierna este último. El partido que no deja de subir en apoyo social desde que Alberto Núñez Feijoo se puso al frente accede al poder municipal y al autonómico, pero no al nacional. El partido que casi no da una en elecciones locales y autonómicas, se hace con el gobierno. Por supuesto que la paradoja se resuelve viendo la incapacidad del PP para pactar más allá de Vox.

Por lo tanto, tiene razón Cuca Gamarra: país y gobierno no concuerdan y si existe este gobierno es porque desde los 152 diputados con que cuentan sus componentes pueden armar una mayoría a base de aquellos partidos que tienen un notable peso en determinadas circunscripciones autonómicas. Lo que sí concuerda entonces es país y mayoría parlamentaria, mientras elección a elección parece que el país se distancia del gobierno, de los partidos que lo conforman.

Si existiera el verbo, diría que al gobierno de España le está fallando “lenguajizar” convenientemente su política

El segundo problema que tiene el PSOE va parejo al anterior y corre peligro de que se le vuelva ciertamente un ciclón, como dice el líder castellanomanchego. Los partidos del gobierno no solamente se están desacoplando cada vez más del país sino que tampoco parecen mostrar muchos recursos para conectar con la sociedad española de manera eficaz. Si existiera el verbo, diría que al gobierno de España le está fallando “lenguajizar” convenientemente su política. No es solo verbalizarla, decirla, expresarla, sino conformar un lenguaje, crear su propio modo de decir, su vocabulario, sus metáforas, sus alegorías y todo ese conjunto de elementos que permitan que sus ideas políticas se socialicen de manera efectiva.

El mejor ejemplo al respecto está en el orden del día. Los partidos del gobierno no han sido capaces de “lenguajizar” su posicionamiento, cambiante en el caso del PSOE, sobre la amnistía cuando esta se ha convertido en la clave del arranque de la legislatura. No hay un lenguaje del gobierno reconocible que permita asimilar socialmente lo que propone al respecto. De ahí la sensación de que va a remolque de las demandas de esos socios con quienes pactó la promoción de la amnistía. Pero sin amnistía le ocurría ya algo similar porque “lengaujizar” la política es algo más que hacer anuncios de medidas dirigidas a estos o a aquellos en plena campaña electoral. Socializar un lenguaje es lo más cotidiano que tiene la política y ahí es donde, creo, se está produciendo la desconexión más evidente entre los partidos del gobierno y el país y ahí también es donde el PP se maneja mejor: tractores, amnistía, sequía…, cualquier asunto es rápidamente “lenguajizado” con las mismas referencias, metáforas y alegorías (el sanchismo, el anticonstitucionalismo, la traición a España, la dictadura en ciernes…).

Por lo tanto, dado que estamos nada más que arrancando esta legislatura, creo que al PSOE le convendría reflexionar sobre el liderazgo efectivo que tiene que ejercer en esa mayoría parlamentaria que es la que, a día de hoy, le conecta con el país y, para ello, tiene previamente que armarse de lenguaje y socializarlo. No es fácil, pero tampoco imposible.