El cantante Julio Iglesias
Poca broma con la denuncia de dos extrabajadoras de Julio Iglesias. Le acusan de graves agresiones sexuales y laborales mientras servían en sus mansiones de Bahamas y República Dominicana en una situación de absoluto dominio que describen como la casa de los horrores.
Reconozco que su relato a la vez de espantarme, me ha producido cero sorpresa porque la figura del eterno seductor, truhán y señor, viviendo a lo grande rodeado de mujeres jóvenes y atractivas de la que tantos memes y gracietas hemos hecho, en realidad escondía a un presunto agresor impune bajo su prestigio, poder y fama. Lo que en principio eran dos testimonios ya se ha materializado en una denuncia contra el cantante en la Audiencia Nacional.
Estamos hablando de algo muy reciente, los hechos se remontan a 2021 cuando Iglesias tiene 77 años, y cuando la mirada del mundo ya no permite la impunidad de la que ha gozado toda su vida y a la que hemos asistido mil y una veces.
Estas mujeres han dado el primer paso, muy valiente, confiando en que su relato evite que no le suceda lo mismo a más mujeres, pero no nos engañemos, señalar a uno de los cantantes más internacionales de habla hispana les va a acarrear una gran exposición, un cuestionamiento, descalificaciones y un reguero de insidias a cerca de los motivos. El poder y el machismo siempre intentan aplastar a quienes se atreven a denunciarlo. Por eso, nuestro deber es acompañarlas y protegerlas.
Se trata de una dinámica de poder; una estrella frente a unas mujeres vulnerables, precarias y a las que denunciar les implica un proceso largo, costoso económica, personal y socialmente
Tenemos que resaltar algo que es determinante es este tipo de casos y hacer hincapié en la gran desigualdad desde la que se produce la denuncia. Se trata de una dinámica de poder; una estrella frente a unas mujeres vulnerables, precarias y a las que denunciar les implica un proceso largo, costoso económica, personal y socialmente.
Vamos a asistir a ver cómo se escrutan tres tipos de abuso; el sexual, el de clase, rico frente a pobres, y el racial puesto que son mujeres caribeñas. No estamos ante un tema social o del corazón, estamos ante un asunto político.
No hay más que hacer constar la reacción de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en lo que en mi opinión, además de precipitada, ha sido una auténtica revictimización de las mujeres para ponerse de parte del fuerte. Dice Ayuso en redes que las mujeres violadas están en Irán con el silencio de la ultraizquierda y que la Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos al de Julio Iglesias.
No por esperada, no deja de ser infame e injustificable el mensaje de la señora Ayuso. Intentar apelar a la batalla cultural para justificar la impunidad es nauseabundo. Para que quede claro y en castizo puro: el que toca a una, nos toca a todas, se llame Errejón, Salazar, Plácido Domingo, Epstein o Julio Iglesias.
Por último, quisiera hacer una reflexión para auto- preguntarnos si hemos sido un tanto indulgentes o aduladores, y si hemos contribuido a que señores superpoderosos hayan podido creerse impunes al consentimiento. Titulares como "Julio Iglesias camina con mulatas", en alusión a la ayuda prestada por dos mujeres racializadas que le ayudan con sus problemas de movilidad o reír las bromas sobre sus presuntas paternidades desentendidas, etc., conociendo lo publicado y lo que vendrá espero que nos genere, al menos, un poquito de mala mala conciencia.