El documento que el gobierno norteamericano ha llamado Estrategia de Seguridad Nacional se ha comenzado a hacer carne (y sangre) con el año recién estrenado. Forma parte esencial del régimen que se está consolidando en EEUU. La escritora Siri Hustvedt pide en un artículo publicado en El País este domingo llamarlo por su nombre: fascismo.
El mismo día, desde las páginas de El Correo, Antonio Rivera analizaba las nefastas consecuencias que ese régimen va a tener en el espacio atlántico y concluía pidiendo a Europa que fuera más Europa para poder afrontar la que se viene.
Anne Applebaum, Giuliano da Empoli, Salomé Saqué, Franco Delle Donne son solo algunos de los muchos autores que han analizado cómo la ultraderecha ha ido ganando terreno a la democracia hasta convertirse en el régimen más probable para la mayor parte del mundo, sino para todo él. Trump y su régimen son un impulso fundamental para que esto ocurra. Por ello, la ultraderecha global aplaude con las orejas cada una de las decisiones del norteamericano, como ha hecho Vox afeando de paso al Partido Popular que no haga lo propio.
El documento de seguridad salido de la factoría de Stephen Miller y Marco Rubio detallaba lo que iba a ocurrir mes y medio después en Venezuela, pero también contenía estas palabras: “Los problemas más grandes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y de otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía; las políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos; la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política; el hundimiento de las tasas de natalidad; y la pérdida de las identidades nacionales y de la confianza en sí misma.”
La Unión Europea debe tomarse muy en serio estas palabras
Visto lo que ha ocurrido en Venezuela y seguirá ocurriendo en América Latina, la Unión Europea debe tomarse muy en serio estas palabras. En primer lugar, porque son exactamente el programa de la extrema derecha, a la que abiertamente apoya en todo proceso electoral la administración Trump. En segundo lugar, porque es una declaración explícita de ataque a los fundamentos de la propia Unión.
Por parte norteamericana no parece que haya mucho que negociar, dejando a Europa casi abocada a decidir si se pliega al régimen autocrático occidental. Para hacerlo basta dejarse ir como hasta ahora y seguir siendo, como Mark Rutte, los groupies de Trump. Tendremos a la ultraderecha al mando y volveremos a la Europa de los Estados nacionalistas y, finalmente, enfrentados.
Una de las ideas que más se están divulgando deliberadamente es que Europa no puede hacer nada al respecto, que EEUU es demasiado poderoso. Lo es militarmente, sin duda, pero no políticamente. Al contrario, ahí es más débil. La estrategia de la internacional autocrática para Europa pasa, hasta ahora parece que con éxito, por romper el bloque que históricamente cimentó la UE: llevar a socialdemócratas y a conservadores a un escenario de enfrentamiento radical en el que aparece una ultraderecha salvadora, primero como aliada de los conservadores y, en no mucho tiempo, al mando.
Si desde el final de la II Guerra Mundial se entendió que la unión era la mejor defensa ante el totalitarismo, ahora el dilema es similar
La peor de las noticias desde Europa para el proyecto de un nuevo orden autoritario occidental sería que la Unión se afirma en un compromiso histórico entre las dos grandes familias ideológicas que la fundaron. En cierto modo, se trataría de volver a los orígenes frente al riesgo de su liquidación: si desde el final de la II Guerra Mundial se entendió que la unión era la mejor defensa ante el totalitarismo, ahora el dilema es similar.
La UE es el producto de un compromiso histórico entre derecha e izquierda y sin tal base es difícil que funcione. Eso lo saben bien los ideólogos del nuevo orden autocrático occidental y por ello es objetivo prioritario romper el bloque histórico de la Unión. Se empeñan en que veamos la cuestión solo desde el punto de vista militar y nacionalista, cuando, en realidad, el dilema es político.
En la época del plomo terrorista en España decía Savater que para saber qué hacer frente a ETA no había más que escucharles y hacer lo contrario, por supuesto. Una metodología similar debería aplicarse ahora en Europa. Desde EEUU, pero también desde los partidos autocráticos europeos, se nos está diciendo con claridad que quieren deshacer la UE porque es el mayor impedimento para imponer ese orden. Pues bien, hagamos lo contrario, recuperemos el compromiso histórico que fundó la Unión y así podremos hacer valer sus principios de libertad y democracia. Incluso en Groenlandia.
