“Abrir un melón” significa abordar un tema o debate complicado o polémico. La imagen puede surgir de que, al igual de lo que ocurre con el melón, uno no está muy seguro de qué va a encontrar dentro, si algo en buen estado… o no.
Cuando abres un melón empiezas a tratar un asunto incómodo, espinoso, pero la expresión, orientada por el uso, guarda connotaciones aún más delicadas: hay francas posibilidades, cuando abres un melón, de que las cosas terminen mucho peor de como estaban al principio.
La exégesis de la expresión nos conduce, en esta ocasión, al intenso debate sobre la financiación de las comunidades autónomas. Pero ni siquiera al núcleo de la discusión de estas últimas semanas (la financiación de Cataluña y, de rebote, la financiación del resto de comunidades), sino al régimen que hasta ahora había permanecido inmaculadamente protegido por toda clase de disposiciones estatutarias y constitucionales: la especialísima financiación del País Vasco y de Navarra.
Acuerdos nucleares, conseguidos durante la Transición y consagrados en la Constitución de 1978, se abren al debate. Y esos debates se promueven tanto desde la izquierda como desde la derecha
Hasta la ruptura del consenso constitucional de 1978, nadie cuestionaba, al menos de forma pública, el concierto económico vasco y el convenio económico navarro. No había resistencia, ni oposición, ni deseos de cambio: una especie de tácita resignación garantizaba, en términos políticos, que nadie iba a poner en solfa nuestro sistema de financiación.
Pero los consensos constitucionales han saltado por los aires. Acuerdos nucleares, conseguidos durante la Transición y consagrados en la Constitución de 1978, se abren al debate. Y esos debates se promueven tanto desde la izquierda como desde la derecha. Por poner dos ejemplos emblemáticos: la monarquía (Título II de la Constitución) y el estado autonómico (Título VIII).
El ala izquierda del espectro reivindica de nuevo la idea republicana, cuando los que vivimos los años 80, los 90 y la primera década de este siglo vimos absolutamente aparcada esa cuestión. Por el ala derecha el nunca cuestionado estado autonómico también forma ahora parte del debate: VOX no oculta su explícito deseo de acabar con él y establecer un estado centralizado.
Son más los consensos constitucionales que han saltado por los aires, pero esos dos resultan ilustrativos del nivel de desacuerdo y del volumen gigantesco de los melones políticos que se quieren abrir de nuevo.
La Constitución ya no se considera un texto sagrado y eso puede tener, a medio plazo, consecuencias indeseadas. Hoy la financiación autonómica es un conflicto político de primera magnitud
Ahora asistimos a una violenta reyerta política con motivo de la financiación autonómica (subcategoría de la reyerta mayor que podremos encontrar, a medio plazo, con el estado autonómico) y en el debate asoman, de vez en cuando, el régimen especial del País Vasco y Navarra. Abierto ese melón, los críticos con la financiación especial de ambas comunidades ya no se recatan en hablar sobre el sistema y, eventualmente, elucubrar sobre su eliminación.
El blindaje constitucional del concierto económico dificulta cualquier operación abolitoria, pero desde luego no tranquiliza que se empiece a hablar sobre él de forma crítica. El conflicto sobre la financiación de las regiones de régimen común se produce entre alusiones al régimen vasco y navarro, trayendo con frecuencia el término “privilegio” a ese debate.
Hubo un momento en que el nacionalismo vasco democrático se apresuró a abrir el “melón constitucional”, coqueteando, en concreto, con el cuestionamiento de la forma de gobierno. Quizás no percibió que entrar en ese juego podía tener costes imprevistos: si uno propone reformas constitucionales de calado, otros están no menos legitimados para hacer exactamente lo mismo.
Ahora todas las posibilidades se hallan abiertas. La Constitución ya no se considera un texto sagrado y eso puede tener, a medio plazo, consecuencias indeseadas. Hoy la financiación autonómica es un conflicto político de primera magnitud, pero cuanto menos se agite ese avispero, menos posibilidades habrá de que ciertos aguijones alcancen al régimen foral de financiación.
En un campo tan peligroso, pienso ahora que “agitar un avispero” sería, como metáfora, mucho más adecuada que la más modesta de “abrir un melón”.
