A las mujeres que consultaron para realizar el último estudio sobre abusos sexuales en el entorno laboral del trabajo doméstico se les hacían preguntas como si sus empleadores les inquirían sobre su vida sexual, si les pedían citas de forma reiterada, si se habían sentido observadas clandestinamente mientras se cambia o se ducha, si les besan o acarician sin permiso, si le piden que acaricie los genitales de alguien, si hay tocamientos, pellizcos o roces innecesarios, si les han pedido abiertamente relaciones sexuales o si se han sentido presionadas para obtener sexo con intimidación.
Las respuestas obtenidas permitieron determinar de manera muy precisa que, en el último año, el índice de acoso sexual entre las trabajadoras del hogar, especialmente de origen extranjero, fue de 14%. En el transcurso de su vida laboral, el 35%, una de cada tres, ha sufrido acoso sexual en algún momento. Es decir, el acoso en el sector del hogar y los cuidados tiene carácter recurrente y estructural, además de estar relacionado no solo con el trabajo en domicilios, sino también con el origen extranjero de las trabajadoras.
La vulnerabilidad te debilita. La dependencia, también. Aquellas mujeres que necesitan un techo bajo el que vivir, han dejado en su país a sus hijos y les gustaría traerlos, precisan de un empadronamiento o un contrato o simplemente necesitan dinero, como todo el mundo, para subsistir son especialmente sensibles y necesitan una protección extra.
Lo que para cualquier persona trabajadora es un derecho, alta en la Seguridad Social, vacaciones pagadas o un contrato laboral, es para muchas de estas mujeres un favor por el que hay que dar algo a cambio
Sin embargo, que alguien les ofrezca “hacerles los papeles”, un contrato o dinero suele venir acompañado de la exigencia de una contraprestación sexual. Lo que para cualquier persona trabajadora es un derecho, alta en la Seguridad Social, vacaciones pagadas o un contrato laboral, es para muchas de estas mujeres un favor por el que hay que dar algo a cambio.
No llegan al 1% las denuncias presentadas por acoso laboral y sexual entre las trabajadoras domésticas. Esa vulnerabilidad, tanto legal como económica, es el freno que les hace aguantar, ceder en muchas ocasiones, y sentir que son ciudadanas de segunda, de tercera o vaya usted a saber de qué categoría. El miedo a tener que abandonar el país, a que no las crean o a perder el sustento económico que tan caro les sale paraliza cualquier atisbo de denuncia.
Tampoco es fácil encontrar apoyo o un atisbo de empatía en el entorno familiar del acosador cuando estas mujeres se atreven a contar lo que sucede. Si hay que creer a alguien, pocas veces será a la víctima. Los datos dicen que un 42% de ellas han intentado transmitírselo a la familia, pero esta actúa de forma condescendiente con el agresor, culpabiliza a la denunciante o mira para otro lado. Así, la gran mayoría de las agredidas lo sufren en silencio.
Ser joven, sin una red social que te proteja, dependiente económicamente y con una situación administrativa sin resolver son factores que te convierten en candidata a sufrir estos abusos si tienes la mala suerte de caer en la casa de alguien al que el sentimiento de poder, envalentona.
En lo que vamos de 2026 ya ha sido detenido en Huelva un hombre acusado de agresiones sexuales, trata de seres humanos y explotación laboral
No es solo el caso de los señores poderosos como Julio Iglesias, es el día a día de muchas mujeres que trabajan sobre todo como internas, pero también el de aquellas que vienen a nuestro país por temporadas para trabajar en el campo. Sin ir más lejos, en lo que vamos de 2026 ya ha sido detenido en Huelva un hombre acusado de agresiones sexuales, trata de seres humanos y explotación laboral.
De nuevo, las víctimas son mujeres migrantes en situación irregular que sufrías abusos sistemáticos, tanto laborales como sexuales. La trata y la explotación sexual en granjas frutícolas se da en un contexto de vulnerabilidad en el que, otra vez, los hombres con poder sienten que las mujeres con las que trabajan son una mercancía más, como las fresas, los tomates o los mangos.
Hay un sexismo hostil que se ceba especialmente con las mujeres que trabajan en esos ámbitos, el doméstico y el agrario. Y quienes lo promueven están convencidos de que las mujeres se ofenden con facilidad, que no aprecian todo lo que los hombres hacen por ellas o que exageran las agresiones que sufren en su trabajo.
Son ellos, los promotores de un maltrato basado en su sensación de poder, de dominación y en sentir que tienen un privilegio sobre personas que les necesitan para, por ejemplo, alimentarse, ellas y sus hijos.
El caso del cantante español destapado por las compañeras periodistas de eldiario.es y Univisión ha puesto sobre la mesa un problema sobre el que rara vez ponemos la mirada y que requiere mucha más atención. Los lobos están por todas partes y nosotras, las mujeres, somos sus principales víctimas.
