Llega un momento en que la realidad del fenómeno migratorio se impone. Esta misma mañana he acudido a un conocido centro comercial a realizar unas gestiones. Primero me he tomado un café doble y amargo para despejar las perezas que aún quedaban desde el madrugón que se impone como una condena para ir a trabajar. El soniquete del ¿qué desea tomar? era inequívocamente colombiano y he anhelado que el café tuviera el mismo origen.

Al momento, en pleno éxtasis mañanero, las puertas de la cocina se han abierto con el resplandor que debe acompañar la garita de San Pedro en el paraíso y un cocinero portaba en cada mano un par de tortillas recién hechas, una con cebolla y la otra sin cebolla. Al tiempo, me daba los buenos días con acento y aspecto norteafricano, diría que él o su familia llegaron de Marruecos. 

Una vez con el buche y el ánimo caliente tras el hamaiketako, me he dirigido a hacer las compras pertinentes por esos pasillos impolutos y relucientes que deslumbran la experiencia de compra, los limpiaba Farah, así rezaba la chapita que portaba en su pecho. Piel oscura y ojos profundos, no se lo he preguntado pero me he imaginado que podría ser de Ghana como los Willians. Y así, en un ratito, el día a día se impone con la naturalidad de quien trabaja y quien saca ratitos de asueto.

Se calcula que entre 500.000 y 800.000 personas podrían ser amparadas por este Decreto que en la actualidad se encuentran en situación de irregularidad

El Consejo de Ministros ha aprobado vía Real Decreto una regularización extraordinaria para migrantes que puedan acreditar cinco meses de residencia en el Estado hasta diciembre de 2025. Un empadronamiento, el justificante de un envío de dinero o una volante médico serán suficientes para demostrar que se cumple con el plazo requerido.

Se calcula que entre 500.000 y 800.000 personas podrían ser amparadas por este Decreto que en la actualidad se encuentran en situación de irregularidad.

Esta medida parte de una Iniciativa Legislativa Popular que se tomó en consideración hace más de un año por mayoría absoluta en el Congreso. Con ello se consigue alejar de la clandestinidad a estas personas y facilitar el poder optar a puestos de trabajo con contrato y garantías y el mercado la mano de obra que necesita. Hostelería, servicios, empleadas domésticas son algunos de los sectores donde más se ocupan las perdonas migrantes. Mi mañana simplemente ha venido a plasmar lo que acaba de dotarse de cauce legal.

La política migratoria ha sido y es una pelota ardiendo que ha quemado a cada Gobierno. La Unión Europea tampoco ha sabido dar vía comunitaria al fenómeno migratorio.

Al final, nos quedan los parches como este, del que llevan tirando los diferentes Ejecutivos centrales, a excepción de la época de Marino Rajoy, único mandato donde no se regularizó a nadie. Me refiero a ello como parche porque, en conclusión, la regularización extraordinaria casi es la única salida a la irregularidad administrativa. No hemos articulado canales migratorios seguros que permitan la llegada de personas de manera ordenada y segura.

Es inevitable en el contexto actual hacer una comparativa con lo que está sucediendo en otras latitudes, especialmente en EE.UU. donde nos sobrecogen las actuaciones paramilitares del ICE sacando a personas de su casa, a niños y tiroteando impunemente, con la complicidad del gabinete Trump, a personas inocentes que protestan contra estas acciones ilegales. En un Estado del miedo, un un Estado policial, así se ha transformado la otrora democracia más respetada del mundo.

Volviendo al patio doméstico, no es de extrañar que en esa estela de seguidismo de la ultraderecha española con todo lo que dice y hace Trump se haya dejado sentir al albur de la decisión del Consejo de Ministros. Odio al pueblo español, repatriaciones, deportaciones y remigraciones mientras el cafelito y a la abuela le empuja la silla de ruedas uno de esos que tanto denostan. Feijóo no logra colocar su mensaje, parece blandito ante el ruido de Vox.

Habla de efecto llamada, de que este Gobierno premia la ilegalidad… queda hasta tibio frente a quienes se han situado en la trinchera del nacionalcatolicismo. Me temo que aunque tomen el café, les hagan la tortilla y les limpien el piso los mismos que yo he visto esta mañana seguirán ciegos de odio y aturdidos frente a la realidad o ¿acaso quieren convertir nuestras calles en una réplica de las de Minneapolis?.