Vivimos en tiempos de posverdad y fake news.
“En 2039 habrá más extranjeros que vascos en Vitoria”, firmado Vox. Esto es la posverdad. Fíjense bien en la frase porque su contenido no importa nada, El mensaje es otro: si te va mal la vida, imagínate cuando esto se nos llene de inmigrantes.
El mensaje también es: para que eso no ocurra vota a Vox, que es el único partido capaz de parar una invasión. ¿De parar qué? Se supone que la llegada de “extranjeros”, pero resulta que a Vitoria llegan más españoles que extranjeros propiamente dichos. ¿Estará Vox ahora en plan Aliança Catalana advirtiendo de que los inmigrantes españoles van a reemplazar a los vascos vitorianos?
La posverdad se basa en que no se debate porque es un valor alternativo a la verdad, es decir, que se coloca en su lugar. La verdad es que lo del reemplazo es una gilipollez marca de la casa de la extrema derecha
A Vox este tipo de razonamientos le traen al pairo. La posverdad se basa en que no se debate porque es un valor alternativo a la verdad, es decir, que se coloca en su lugar. La verdad es que lo del reemplazo es una gilipollez marca de la casa de la extrema derecha.
Con esa trola ganó sus primeras elecciones Viktor Orban en un país con la tasa de inmigración más baja de la UE, y hasta hoy sigue ahí, porque una vez instalada en el poder, la extrema derecha hace de la posverdad su único modo de comunicación con la sociedad.
En realidad, tampoco le interesa mucho comunicar con la sociedad, prefiere hacerlo individualmente con cada portador de un teléfono móvil, es decir, todo dios, pero individualmente, como si te estuviera hablando Abascal en unas cañas por España.
¿Alguien vio alguna vez a Abascal defender sus disparatados porcentajes y cifras? Si alguien ha oído a algún representante de Vox Álava sostener el aserto de la pancarta, que levante la mano, por favor.
El ministro Grande Marlaska se desgañitaba hace unos años en el Congreso tratando de contraponer cifras ciertas a los desvaríos de Abascal, hasta que comprobó que este jamás discutía sobre datos, sino que repetía el mismo mensaje: tu abuela gana menos que un mena, te van a reemplazar, España se llena de violadores del Magreb, y cosas por el estilo.
¿Se acuerdan que risas cuando Kellyanne Conway, la consejera de Donald Trump, dijo en 2017 eso de los hechos alternativos? Pues menos risas porque aquella ocurrencia iba completamente en serio. Es la posverdad que permite ahora al gobierno ultraderechista de EEUU decir que un tipo que ha sido vilmente asesinado por la espalda, inmovilizado por varios colaboradores del asesinato,“blandió” un arma e intentó dispararla. Toma ya hecho alternativo.
La extrema derecha ha hecho de la posverdad el núcleo de cualquier argumento, pero sería erróneo creer que se trata de una actitud política que nace y se cría en su entorno. Al contrario, hunde su origen en modas intelectuales izquierdistas, lo que luego denuesta esa misma extrema derecha como “woke”
En el Congreso de los Diputados un portavoz de Vox que tiene serias dificultades para hilvanar una frase coherente, termina su intervención diciendo que el Gobierno de España es una panda de asesinos. Otro hecho alternativo. ¿Le preocupa lo más mínimo que el presidente de la cámara le pida que piense lo que ha dicho? No, porque la posverdad no se discute: es alternativa, está para reemplazar la verdad.
La extrema derecha ha hecho de la posverdad el núcleo de cualquier argumento, pero sería erróneo creer que se trata de una actitud política que nace y se cría en su entorno. Al contrario, hunde su origen en modas intelectuales izquierdistas, lo que luego denuesta esa misma extrema derecha como “woke”.
Fue desde ámbitos políticos y académicos (muy acomodados, por cierto) vinculados a la izquierda post-socialdemócrata que se impuso la impugnación de ideas no por su racionalidad, sino por las cualidades de quien las formulaba: Kant no servía porque era hombre. Del mismo modo, se extendió el convencimiento de que todo conocimiento no era más que relato y, por tanto, tan relativo como se quisiera.
Esto ha sido especialmente deletéreo para las humanidades, donde residen la filosofía o la historia. Ambas están ahora en la lista de objetivos a extinguir por parte de la extrema derecha, sustituyéndolas por posverdades de lo más descabelladas pero que, y esto es lo importante, se están imponiendo.
Ejemplo: ahí tienen a todo un consejero delegado de Repsol refiriéndose a un inexistente golfo de América (a no ser que se refiriera a su anfitrión). Así que la posverdad, tan divertida que parece por su excentricidad (los inmigrantes se comen a las mascotas), tiene un efecto político tangible.
La extrema derecha lleva un año gobernando en EEUU. Ha hundido la confianza en el país, porque la influencia ya solo la ejerce bajo amenazas, bien de aranceles, bien de invasiones.
Todo es Big and Beautiful según la posverdad, pero el hecho cierto es que tanto los norteamericanos, como el resto del planeta, tras un año de gobierno ultraderechista vivimos más inseguros y con mucho peores perspectivas de futuro. La posverdad, y no la inmigración, es el gran reemplazo.