Que levante la mano aquel o aquella a la que nunca le han colado un bulo. Si estás entre ellos, no lo dudes eres una “rara avis” o no vives en este mundo, porque quien más quien menos ha sufrido la pesadilla de ser consciente de que ha caído.

Desgraciadamente, las noticias falsas, esas fake news están a la orden del día. Tanto que nos hemos acostumbrado, y una tiene que mirar con lupa aquello que lee; escuchar y no solo oír lo que le cuentan;  y mirar además de ver. 

Acabamos de ser conscientes una vez más de que quienes hacen de las noticias falsas una profesión han vuelto a actuar, tras el desgraciado accidente de trenes ocurrido en Adamuz (Córdoba). Quienes proclaman bulos no respetan ni los momentos de dolor, aun a sabiendas de que con su comportamiento, hacen que ese dolor se incremente. Es literalmente vomitivo.

Por eso tenemos que estar alerta e intentar detectar los bulos para que no nos la cuelen pero sobre todo, para no propagarlos y convertirnos así en parte del problema. O lo que es lo mismo, nos guste o  no tenemos una responsabilidad también en esto.

En la actualidad es difícil tener certezas absolutas, si es que en algún momento han existido, y a no tenerlas ayudan mucho los difamadores, los que colocan noticias falsas y hacen que circulen y se expandan a la velocidad de la luz

Lo primero que debemos plantearnos es quién nos está aportando la información, o la noticia. ¿Se trata de una fuente fiable? Más de uno y  más de una pensarán que ya no queda de eso, pero no es cierto. Todavía tenemos medios serios donde trabajan periodistas que ejercen muy dignamente su función y que son de fiar. Son además los que sistemáticamente se encargan de desmentir los bulos. Así que no hay duda, la fuente es importante. Si me lo esta contando mi prima, por mucha confianza que tenga con ella debo poner en entredicho lo que dice antes de trasladarlo a otros y favorecer la propagación de una mentira.

Es importante también distinguir las opiniones de los hechos objetivos. En este artículo hay opinión que puede ser o no compartida, pero fundamentalmente es opinión. Los hechos se trasladan en las informaciones, en las noticias y deben ser objetivos y además estar contrastados. Esa es la función fundamental del periodismo: aportar datos reales y contrastados.

Es bueno también desconfiar de aquellos que se refieren a las fuentes como “expertos”, “según las fuentes consultadas”, “según fuentes científicas”… esas explicaciones son tan etéreas que nos tienen que hacer dudar.

Nadie posee la fórmula mágica para evitar caer en las informaciones falsas a la primera pero hay algunas claves que nos pueden ayudar a ser menos vulnerables ante la propagación de bulos.

Si hay problemas con las situaciones obvias, todavía hay quien piensa que la tierra es plana, aún es más complicado, dar con las mentiras mucho más sutiles y menos evidentes

En la actualidad es difícil tener certezas absolutas, si es que en algún momento han existido, y a no tenerlas ayudan mucho los difamadores, los que colocan noticias falsas y hacen que circulen y se expandan a la velocidad de la luz. De lo que debemos ser especialmente conscientes es que todas y cada una de las mentiras que se difunden tienen una intencionalidad, y además suele ser perversa y con intereses de lo más variopinto: políticos, económicos…

Hay ejemplos más que sobrados que constatan este argumento. Y si hay problemas con las situaciones obvias, todavía hay quien piensa que la tierra es plana, aún es más complicado, dar con las mentiras mucho más sutiles y menos evidentes.

Por concretar esas acciones que nos pueden ayudar a identificar los bulos son las siguientes: parar y pensar antes de reaccionar; no confundir la fuente con quien da la información actuando como emisor; verificar en la media de nuestras posibilidades (acudiendo a fuentes más fiables); distinguir la opinión de la información; desconfiar de los “expertos” cuando no se identifican y por último, ser responsables, muy responsables con aquello que compartimos.

Si entre todos ponemos nuestro granito de arena, cuando menos, minimizaremos el impacto de las mentiras que tendrán un alcance menor.

Y para predicar con el ejemplo en eso de identificar las fuentes deben saber que este artículo, está basado en una charla mantenida en Casa Cultura Ignacio Aldecoa, con el profesor de la UPV Iker Merchán.

Aplicar estos consejos además de ser muy sano, nos ayudará a que no nos la cuelen.