Tras las elecciones autonómicas de Aragón, el líder del Partido Popular saca como conclusión que las elecciones autonómicas que se van celebrando indican que la sociedad española quiere un cambio. No puede referirse a Extremadura o Aragón porque en ambas comunidades ha ganado el partido que gobernaba, el suyo. Se refiere a España y puede razonablemente entenderse así pues la coalición de gobierno, pero sobre todo el PSOE, va de batacazo en batacazo.
Lo que ya no está tan claro es la segunda parte del razonamiento del líder popular: que la sociedad española quiere que ese cambio se materialice en un pacto entre el partido de Núñez Feijoo y Vox. Eso no lo dicen los datos electorales, lo dice el líder del PP. Puede que en ese punto esté expresando más el deseo del sector más radical del partido que el de la sociedad española.
Al igual que en la mayoría de los países de Europa, la ultraderecha va que patina. Su electorado crece a golpe de convocatoria, pero, precisamente por ello, conviene respirar hondo y analizar la situación con la cabeza fría.
Excepto en el caso precisamente del partido ganador en Extremadura y Aragón, los resultados son muy similares en ambas comunidades: la victoria del PP en Aragón (34%) es significativamente más endeble que la de hace dos meses en Extremadura (43%) pero, por lo demás, el porcentaje de voto de PSOE (25%) y Vox (17%) es el mismo.
¿Quiere esto decir que la sociedad española está reclamando al PP que lidere un gobierno con Vox? Lo que sí parece apuntar es a un liderazgo del PP, pero no, necesariamente, a una confluencia con Vox. Cabe otra interpretación de esos resultados y Portugal ofrece un muy oportuno ejemplo al respecto.
Un claro ejemplo de la comprensión de la política como un conjunto de postulados categóricos lo tenemos en el Partido Comunista de Portugal o en Podemos: nada que negociar, y así les ha ido a ambos
Los resultados eran, si cabe, más tentadores para conformar una colación entre la derecha y la extrema derecha, pues Chega empató con un PS en picado en un 23%. No fue necesaria esa coalición, pues el PS facilitó el gobierno de Montenegro. De igual modo, en las recientes elecciones presidenciales, ante una segunda vuelta en la que quien quedó fuera fue el candidato gubernamental, el socialista Seguro logró reunir el voto conservador y socialista con un 66% de votos.
Lo que nos está diciendo Portugal es que la lectura de Núñez Feijoo ni está justificada ni, seguramente, se ajusta a la realidad. Nos dice, por ejemplo, que ante la posibilidad de que la extrema derecha pueda colonizar un gobierno de la derecha, la responsabilidad del Partido Socialista debe manifestarse en forma de facilitar la conformación de gobiernos conservadores.
Podría pensarse, y en el PSOE actual muchos lo harán, que esto va contra los principios del no es no, que sería como traicionar al electorado propio. Eso está muy bien si se entiende la política como la inmaculada concepción, pero no si se usa la política para intervenir también en realidades incómodas.
Un claro ejemplo de la comprensión de la política como un conjunto de postulados categóricos lo tenemos en el Partido Comunista de Portugal o en Podemos: nada que negociar, y así les ha ido a ambos. Por cierto, que también anida esa idea de la política en Vox y le acabará pasando la factura que el electorado suele presentar cuando se cansa de votar para oír consignas.
Vox o Chega, como otros partidos similares en Europa son deletéreos para la democracia, las libertades y la Unión Europea. Sus postulados son indisimuladamente autoritarios, xenófobos, racistas y machistas. ¿Eso quiere el Partido Popular? Lo dudo. En Portugal, cierto que con otros liderazgos, lo han tenido claro: la política sirve para evitar ese mal mayor aceptando uno menor
Portugal nos enseña cómo se hace política desde otra idea de la misma, que tiene mucho más que ver con el bien común que con el dogma. Permitir un gobierno conservador o un presidente socialista desde una posición ideológica contraria no es ni una traición ni un desdoro. Es, simplemente, optar por la mejor opción posible.
Nos enseña también que, así como la idea de que dejar de fumar es casi imposible es promocionada por las tabacaleras contra toda evidencia, la de que es inevitable que la extrema derecha llegue al gobierno lo es por los partidos de ese signo con idéntico desprecio por la realidad. Los vecinos han demostrado cómo se bloquea política y parlamentariamente a la extrema derecha.
Vox o Chega, como otros partidos similares en Europa son deletéreos para la democracia, las libertades y la Unión Europea. Sus postulados son indisimuladamente autoritarios, xenófobos, racistas y machistas. ¿Eso quiere el Partido Popular? Lo dudo.
En Portugal, cierto que con otros liderazgos, lo han tenido claro: la política sirve para evitar ese mal mayor aceptando uno menor. El PSOE tiene en Extremadura el 3 de marzo una ocasión de mostrar si entiende también así la política prestando los votos necesarios para la investidura de Guardiola. No habría mejor desarme de la extrema derecha que dejarla en su sitio: 17%.
