En menos de una semana tendrá lugar la primera sesión de investidura de la aspirante a revalidar la presidencia de Extremadura, la popular María Guardiola, quien por el momento, no tiene asegurada la reelección al no contar con mayoría absoluta y depender de Vox, otra vez.
Es importante remarcar lo de otra vez porque la estrategia que se diseñó desde la calle Génova era precisamente precipitar el adelanto electoral en aquellas comunidades donde no se había conseguido sacar los presupuestos con la formación de ultraderecha para conseguir distanciarse de los de Abascal.
En conclusión, mejorar resultados en virtud al descalabro de la izquierda y sacar músculo frente a los de Bambú. Sin embargo, para sorpresa de nadie, desde Vox aprovechan el viento de cola para rentabilizar el descontento generalizado a lomos de su populismo ultra recibiendo voto de desencantados del Partido Popular e incluso desde el PSOE. Rondan ya el 20% de voto.
El carrusel electoral que empezó en Extremadura y siguió en Aragón no podría resumirse en esa mítica escena del del Equipo A soñada por los populares donde Hannibal Smith, sacando un puro exclamaba ¡Me encanta que los planes salgan bien! Al capitán del equipo PP, Alberto Núñez Feijóo, no le ha quedado otra que cambiar de serie y, al más puro estilo Falcon Crest, reconvertirse en la Ángela Chaning del negociado de sus baronías autonómicas.
Las negociaciones iban mal, la sintonía Guardiola Vox inexistente en la legislatura pasada, ha empoderado a los verde caspa, que doblaron resultados, y como el gladiador en la película ante el emperador, o en este caso emperatriz que les ha humillado, juran cobrarse su venganza en esta vida o, mejor dicho, en esta posible nueva legislatura.
En Aragón las cosas tampoco avanzan, las siguiente cita electoral en Castilla y León interfiere en los tiempos de los pactos hasta que el desesperado Feijóo no ha tenido más remedio que llamar a Santiago Abascal y tomar las riendas de las conversaciones.
El Partido Popular presenta un decálogo único, vinculante y para toda España para intentar abrir las aguas del diálogo con Vox en el que comparte muchos de sus mensajes a cambio de comprometer una estabilidad presupuestaria
¡Qué bonitos y qué pretéritos quedan los tiempos en los que Feijóo prometía autonomía plena a los líderes autonómicos! La misma de la que disfrutaba y quería para todos cuando era presidente de la Xunta de Galicia con mayoría absoluta. Podría haber sido Feijóo o Mr. Wonderful, el deseo mañanero que aparece en la taza de café con la que despertamos del descanso, pero que a medida que la realidad avanza el pragmatismo para conseguir el poder se impone al precio que sea.
El Partido Popular presenta un decálogo único, vinculante y para toda España para intentar abrir las aguas del diálogo con Vox en el que comparte muchos de sus mensajes a cambio de comprometer una estabilidad presupuestaria. Renegar de las políticas verdes, mezclar la violencia de género con otro tipo de violencias, alertar de los peligros de la okupación y de la inmigración irregular...purita mercancía voxera para seducir, cual cola de pavo real, la avenencia de un acuerdo.
En mi opinión con este decálogo el Partido Popular, más allá de intentar asegurarse los gobiernos autonómicos, es una claudicación de todo el discurso que había mantenido hasta ahora; gobernar en solitario. Es el reconocimiento pleno de que dependen de la ultraderecha para poder gobernar con vistas a una convocatoria electoral de unas generales.
Es el asentimiento definitivo de Feijóo a llevar a la contienda electoral el ticket Feijóo – Abascal como presidente y vicepresidente respectivamente. Aunque un momento, paren las máquinas, salta la sorpresa en las Gaunas, Vox no está dispuesto a conformarse con la genuflexión del PP.
Abascal no va a permitir que infantilicen sus tercios hablándoles de unidad nacional, marco constitucional, Estado de Derecho, apelaciones a la legalidad vigente, a las principales instituciones de la nación, a la separación de poderes, a la Jefatura del Estado y al acatamiento del reparto competencial autonómico. Se pregunta si acaso son ellos unos salvajes a los que pretenden domar como si fueran Junts o el PSOE. Tal obviedad ha ofendido a los que tienen la sartén por el mango.
Abascal invita a que esa líneas de negociación sean aclaradas dentro de las filas populares y despeja la primera match ball de la contienda negociadora. Feijóo deberá pasar por debajo del futbolín no de rodillas, sino arrastras.
