Máxima expectación ante el anuncio por parte del Gobierno de que el pasado miércoles iba a desclasificar todos los documentos relacionados con el 23-F. Expectación, morbo, alabanzas y críticas. De todo hemos tenido en las horas previas y posteriores a conocer los secretos escondidos detrás de la documentación de uno de los episodios que más tinta ha consumido en la historia reciente de España.
Y una vez encendida la luz sobre lo desconocido de lo que en 1981 aconteció, seguro que para muchos no se han cubierto esas expectativas que venían bien alimentadas con carácter previo. Ahora conocemos, eso sí, muchos detalles que antes no teníamos, pero básicamente, nada que cambie el curso de la historia que ya teníamos. Y menos mal.
Uno de los asuntos que sin ninguna duda había generado más morbo es el papel del Rey emérito en aquellas horas aciagas, en las que la democracia estuvo en un tris de desaparecer. Los papeles desclasificados parecen dejar claro que el comportamiento del Borbón fue clave, tal y como nos han venido contando todos estos años, para frenar el golpe de Estado.
Casualidades de la vida y en este caso de la muerte, que el mismo día que se desclasificaba la documentación, fallecía uno de los protagonistas del 23-F. De hecho, el protagonista por excelencia, Antonio Tejero, quien nos mantuvo en vilo y pegados al televisor el día de autos, mientras amenazaba con su arma a los diputados en el congreso.
Todo esto llega en un momento en el que nuestra democracia sufre ataques que hacen que esté en peligro
La realidad es que hoy sabemos algo más de una realidad que ha supuesto un antes y un después en nuestra democracia. Y la realidad es también que todo esto llega en un momento en el que nuestra democracia sufre ataques que hacen que esté en peligro.
La salida a la luz de los papeles del 23-F ha vuelto por otra parte, a elevar algunas voces que reclaman, reclamamos, que se desclasifiquen otros documentos que nos ayudarían a esclarecer pasajes históricos sobre los que todavía no tenemos certezas.
En mi condición de alavesa, sin duda, uno de esos episodios es el trágico 3 de marzo en Vitoria-Gasteiz, del que están a punto de cumplirse 50 años. Aquel nefasto día y pocos meses después de la muerte de Franco, en plena y endeble transición, cinco personas que se habían concentrado en la iglesia de San Francisco de Asís para celebrar una asamblea eran asesinadas. Tenían entre 17 años el más joven y 32 el mayor. Los hechos ni se investigaron, ni fueron juzgados y eso sí, dejaron heridas que aún siguen abiertas, y muchos testigos de aquellos siniestros días, que todavía recuerdan con horror cómo vivieron aquella matanza.
Tenemos derecho a saber, a conocer, y sobre todo, las víctimas tienen derecho al reconocimiento y a la reparación
Nos faltan datos, certezas que ayuden a saber, entre otras cosas, quiénes fueron los máximos responsables de lo ocurrido hace cinco décadas en la capital alavesa. Tenemos derecho a saber, tenemos derecho a conocer, y sobre todo, las víctimas tienen derecho al reconocimiento y a la reparación.
Como el 3 de marzo hay sin duda, muchas cuestiones que aún quedan pendientes de ser esclarecidas, asuntos controvertidos en los que la falta de conocimiento e información, sólo sirven para que no se cierren temas dolorosos y evidentemente, para que no podamos pasar página.
Si realmente nos creemos el mantra de la necesidad de conocer la historia, entre otras cosas, para no repetirla, es absolutamente necesario disponer de toda la información para que cada uno pueda interpretar los datos de la forma que considere oportuna.
No tener datos alimenta algo tan de moda en estos tiempos como son los bulos
Sabemos que incluso teniendo todos los datos, prácticamente cualquier historia se presta a la especulación, pero no tenerlos alimenta algo tan de moda en estos tiempos como son los bulos.
Evitarlos es una responsabilidad de todos. Por ello hacer pública documentación que ya no afecta a la seguridad, es para los ciudadanos un derecho y para los políticos una obligación. Sería bueno que estos procesos no se produjeran a cuentagotas y seguramente con intención política, y que se hiciera de una forma global y con criterio.
Alimentar las dudas no es bueno, así que lo mejor es desclasificar porque algo siempre queda.
