Resulta más que evidente que vivimos en un mundo cada vez más interconectado y más cambiante. Aunque la mayoría de nosotros sigamos mirando nuestro propio ombligo, sin importarnos demasiado aquello que ocurre a más de unos cientos de kilómetros de nuestras casas, la realidad es tozuda y la situación geopolítica mundial tiene una incidencia muy directa en nuestra vida cotidiana.
La tiene, especialmente, en la economía y en las empresas y lo estamos viendo con toda su crudeza en Euskadi. La guerra arancelaria abierta por un presidente caprichoso desde la Casa Blanca ha sido uno de los motivos para que una de nuestras principales empresas, Tubos Reunidos, haya presentado un ERE que afecta a 301 trabajadores de sus plantas de Amurrio y Trapagaran.
Vemos y tememos también esa incidencia en la Guerra de Irán, que amenaza con frenar algunos proyectos de empresas vascas en la zona del Golfo Pérsico y que puede provocar un aumento de los costes energéticos para nuestras compañías que puede ser muy peligroso.
Esta realidad no es nueva, ya lo vivimos hace unos años con el bloqueo del Canal de Suez, por el accidente del portacontenedores Ever Given, o con la propia Guerra de Ucrania y el corte del suministro del gas ruso.
Es importante promover y potenciar una mayor diversificación industrial para seguir el sabio consejo de nuestras abuelas de “no tener todos los huevos en una cesta”
La situación geopolítica mundial es, sin ninguna duda, uno de los principales riesgos para la supervivencia y buena marcha de alguno de los principales sectores económicos y en Euskadi, pone de manifiesto hasta que punto es importante promover y potenciar una mayor diversificación industrial para seguir el sabio consejo de nuestras abuelas de “no tener todos los huevos en una cesta”.
Esta situación es aún más acuciante en Álava, el territorio con mayor PIB industrial de todo el país y que basa buena parte de su potencia empresarial en sectores con futuros cuando menos complicados, como el caso de la automoción y la industria pesada.
En el caso de la industria del automóvil, la transición hacia el vehículo eléctrico y el propio cambio en los hábitos de movilidad ha generado una incertidumbre continua con la que tienen que lidiar cada día tanto los grandes fabricantes como los cientos de pymes que dependen de ellos.
Cualquier cambio en el mercado y la feroz competencia china son espadas de Damocles que pueden inclinar la balanza hacia el otro lado en cualquier momento
La apuesta de la gran fábrica vasca, Mercedes Benz, por la factoría de Vitoria-Gasteiz supone un importante impulso de futuro con inversiones millonarias para el nuevo modelo eléctrico pero, aún así, cualquier cambio en el mercado y la feroz competencia china son espadas de Damocles que pueden inclinar la balanza hacia el otro lado en cualquier momento.
El Plan de Industria de Euskadi, presentado a mediados del año pasado, ya dividía las inversiones entre los sectores tradicionales que han movido la industria vasca y entre los que podían tener una capacidad tractora a futuro, con una línea clara de impulsar también la descarbonización de las empresas en los 3 territorios.
Esta diversificación no se hace de la noche a la mañana y, por lo tanto, es necesario dotarla de cierta urgencia para ir preparándonos ante posibles contingencias. Necesitamos modernizarnos, pero necesitamos también abrir el foco a nuevos sectores, algunos ya apuntados en este plan del ejecutivo autónomo como el aeroespacial, biosanitario, soluciones digitales avanzadas, redes inteligentes y almacenamiento.
Es imprescindible facilitar un acceso a una energía limpia y más barata a nuestras empresas
Necesitamos también reducir drásticamente nuestra dependencia energética del exterior y eso pasa inevitablemente por incrementar los proyectos de energías renovables en nuestro territorio. Ayer mismo Crónica Vasca desvelaba una cifra aterradora, sólo 1 de los 321 parques eólicos que se están construyendo en España se está levantado en Euskadi, el de Labraza. Facilitar un acceso a una energía limpia y más barata a nuestras empresas es imprescindible también para mejorar su competitividad y para lograrlo hay que consensuar un plan sectorial de renovables ya.
El ecosistema industrial vasco tiene muchas fortalezas pero también cuenta con riesgos, como el de la excesiva dependencia de algunos sectores, que hay que ir corrigiendo para no encontramos con sorpresas desagradables.
Tenemos que saber gestionar esta incertidumbre que se ha apoderado de la economía mundial y trabajar de manera compartida para saber potenciar nuestra ventajas competitivas.
En mi opinión, algunas de las claves pasan por descarbonizar y digitalizar nuestras empresas, garantizar una energía limpia y accesible y, además, crear un mix de sectores que nos permitan tener “los huevos en varias cestas”.
