Uno añora los lunes pretéritos cuando los diarios abrían con las reacciones del resto de partidos a las soflamas de los Arzalluz, Egibar, Ortuzar y otros eximios representantes del antes conocido como partido guía, el PNV, durante el Aberri Eguna. Hoy, si hay alguna vara que pueda medir la menguante trascendencia de tu discurso, que Isabel Díaz Ayuso sea la que contesta te marca el nivel.
En el coqueto y diminuto marco de la Plaza Nueva de Bilbao, con un escenario con más metros cuadrados que el aforo, pensado exclusivamente para que luzca en la tele, los actuales mandatarios, Esteban y Pradales intentaron encorajinar a la parroquia y prepararles para las contiendas electorales que, sí o sí, tendrán que venir.
El presidente del Euskadi Buru Batzar anunció un gran acto para mayo. El objetivo es marcar paquete, lucir músculo, movilizar a las militantes y a los simpatizantes, juntarles en un lugar para que se vean, se toquen, se reconozcan, desempolven las ikurriñas, las pegatinas, los cánticos y vuelvan a sus pueblos a plantar cara a Bildu.
Spoiler: va a ser otro fail similar al Aberri y al Alderdi Eguna de los últimos años. Y me temo que va a ser un fracaso tanto en asistencia como en objetivos.
No digo que el PNV no sea capaz de aquí a mes y medio, después del puente del 1 de mayo y antes de entrar en el estío que disgrega los fines de semana a sus votantes y militantes entre Castro, Laredo, Noja, La Rioja o Bakio, de juntar a unos miles de fieles. perfectamente colocados en el escenario elegido y estratégicamente fotografiados, pero no será nada espectacular.
Están aburguesados, como decíamos en mi juventud. No quieren peleas con Bildu. Les mola más, es su carácter, pegarse con los españoles, poco. Sobre todo quieren tranquilidad, no sobresaltos.
Después de cuarenta años ocupados en coexistir en los pueblos con su spin of radical, viendo como las demás opciones políticas de Euskadi desaparecían de muchas de esas localidades por la presión, la amenaza física, la coacción y el asesinato, con la nula resistencia y solidaridad de los militantes jeltzales (alguna honrosa excepción hay, como hubo justos entre los alemanes del III Reich), Esteban no puede pretender que su gente se arme de valor de repente. No.
En este sentido, resulta especialmente doloroso y rayano en el cinismo que el máximo dignatario del PNV exprese en una entrevista a la periodista encargada de asuntos jeltzales del diario de referencia, su inquietud por la presión social que sienten los de su partido en los pueblos.
Fíjese, decía el fin de semana, que en sitios como Villabona no podemos completar candidatura a pesar de tener hasta cuatro concejales, porque no encontramos gente del pueblo que quiera ¡Qué pena! ¡Qué triste!
Y no es verdad. Hoy la presión existe pero es residual. Ocurre que el PNV no la enfrenta, la vadea. Se adhiere a casi toda actividad propuesta por la peña bildutarra para competir con ellos en grado de euskaldunidad, no de ciudadanía.
Les compran el marco y luego se quejan porque pierden. Bandera palestina (o la que se tercie), la izamos. Triki-bertso-poteo, lo compramos aunque luego los temas sean los de siempre. Ongi etorri Errefuxiatuak! Claro que sí guapi, pero por aquí mejor no vengan. Korrika. Aurrera!
En los pueblos cuesta completar candidaturas porque ser concejal es un puro acto de militancia y voluntarismo que no se paga en dinero y sí en sinsabores. En los 100 municipios con menos de 1000 habitantes que hay en Euskadi solo cobra el alcalde, por dedicación parcial. Y en los cincuenta que hay de 1000 a 2000, solo el alcalde, dedicación total.
En el caso de Villabona (6000 habitantes) hay tres sueldos para alcalde y concejales del partido que gobierna. El resto, gobiernen o no, están expuestos toda la legislatura a que la ciudadanía les de la chapa, muchas veces en el bar, delante de la parroquia. Y no mola. Y menos gratis.
Eso sin contar que en pueblos pequeños, herri txiki inferno haudi!, las actividades lúdicas que dan votos -hinchables, actividades infantiles, concursos gastronómicos, fiestas, etc...- se programan, como es lógico, los fines de semana, con la presencia obligada de los concejales que necesitan ser votados, sean del gobierno para presumir de gestión, o de la oposición, para criticar. Eso quiere decir, que esos ediles, voluntarios y gratuitos, hipotecan un gran número de fines de semana durante cuatro años.
No seré yo quien le diga al PNV que a Bildu se le combate con política municipal y confrontando en cada ayuntamiento. No siguiéndoles el rollo. Por ejemplo el posicionamiento jeltzale respecto al uso del euskera en las ofertas públicas de empleo, junto a los que vulneran la ley y frente a los que la cumplen, es un error
Estos son los principales motivos por los que al PNV le cuesta completar candidaturas. No la presión de Bildu, que seguro que la hay. Los militantes, hasta hace unos años, comprendían que pasar por el ayuntamiento de su pueblo era una mili obligatoria de al menos cuatro años a cambio del puesto en Osakidetza, en la policía municipal de Bilbao, o como funcionarios en Lakua o en la Dipu. Hoy no. No hay ganas. Y hay problemas en el paraíso.
No seré yo quien le diga al PNV que a Bildu se le combate con política municipal y confrontando en cada ayuntamiento. No siguiéndoles el rollo. Por ejemplo el posicionamiento jeltzale respecto al uso del euskera en las ofertas públicas de empleo, junto a los que vulneran la ley y frente a los que la cumplen, es un error.
No se si, como dice López Basaguren, es un Lizarra lingüístico, pero sí se que no les da un solo voto, les aparta de la centralidad y les aboca a situaciones incómodas como la Korrika de este año. Secundar, en su día, la concentración y foto de alcaldes con las makilas frente al Palacio de Justicia de Bilbao les pudo parecer una buena idea, pero hoy ya saben que fue un error.
Un partido responsable hace bien las cosas. Si la ley existente se queda corta, abre el debate para cambiarla con el máximo consenso, no la incumple. Después no vale decir el el Aberri Eguna que el euskera es de todos, también de los no nacionalistas (vascos). Y ya que tanto les gusta mirarse en Irlanda, que recuerden siempre el uso restringido del gaélico, un 10% de la población, aunque lo conoce el 40% y es obligatorio en la educación.
Por ir terminando. El PNV está en modo pánico, despistado y con muchos frentes abiertos, pero el principal, y eso no deben perderlo de vista, es interno. Quitar las lorzas, tonificar el corpus militante, salir a pasear por los pueblos, decir no a Bildu cuando hay que decir no. Echarles en cara su ambigüedad moral, confrontar en sus debilidades. Coraje cívico se llama. Quedo a la espera.
