Los cinco astronautas de la misión Artemis II ya están de vuelta a la Tierra. Hasta el momento todo ha salido según lo previsto, giro a la Tierra para tomar la autopista de las estrellas hasta llegar a la Luna, rodearla y gracias a su gravedad impulsarse de regreso a casa.
La madrugada de este viernes al sábado volveremos a contener el aliento en el momento de la reentrada de la nave espacial Orión y a comprobar la resistencia del escudo térmico, otra de las grandes claves para que la misión sea un éxito completo.
No me imagino a nadie que de niño no haya soñado con ser astronauta, ir al espacio, dejarse llevar en la butaca del cine mientras disfrutábamos de La Guerra de las Galaxias o matando naves de marcianitos en los recreativos del barrio. Un llamamiento de la inmensidad del universo que nos atrapa por nuestro desconocimiento, su vastedad y la gran pregunta ¿estamos solos en tan infinito lugar?
Afortunados los que pudieron seguir las misiones Apolo y la llegada del ser humano a la superficie lunar aquel 20 de julio de 1969 culminando la carrera espacial. EEUU y la extinta URSS se disputaban esta competición como parte de la demostración de superioridad de un bloque frente al otro.
Los soviéticos parecía que lo conseguirían en primer lugar por tecnología y los hitos de haber llevado al espacio al primer ser humano, Yuri Gagarin, así como al primer ser vivo, la perra Laika unos años atrás, sin embargo, la primera bandera en ondear fue la americana.
Muchas de estas claves recuerdan en gran medida lo que está ocurriendo en este mismo instante. Hoy esta gran carrera espacial la disputan China y de nuevo EEUU. Las misiones Artemis son mucho más que un simple regreso de los humanos a nuestro satélite, son el reimpulso de la búsqueda en el espacio de las capacidades y materias que en la tierra son limitadas.
Un pequeño paso para un gran objetivo por el que China también lucha desde su agencia espacial a través de su programa lunar con dos fines, no solo llegar sino implantarse en la superficie lunar como plataforma de reabastecimiento con los ojos puestos en Marte.
Así pues, quien lo consiga no sólo se apuntará un éxito tecnológico como ya ocurriera en el siglo XX, además liderará estratégicamente recursos de carácter económico y militar. Sin embargo, esta nueva competición espacial plantea preguntas fundamentales. ¿Estamos ante una competencia que impulsará la innovación global o ante una repetición de rivalidades que podrían trasladarse más allá de la Tierra?.
La historia demuestra que la competencia puede acelerar el progreso, pero también fragmentar la cooperación internacional. En un entorno donde los desafíos como la sostenibilidad espacial o la regulación de recursos requieren acuerdos globales, la falta de coordinación podría generar tensiones innecesarias que dependerán de las administraciones que estén al frente en cada momento.
La humanidad está regresando a la Luna, pero la verdadera pregunta es cómo y con quién se dará el siguiente paso. Por cierto, Europa en esto anda rezagada aunque no desaparecida. La Unión Europea está acelerando sus proyectos y colaborando tanto con los americanos como con los chinos
De hecho, la misión de la NASA no es la primera en alcanzar el lado oculto lunar. China lo ha conseguido en dos ocasiones logrando romper un techo hasta ahora imposible gracias a las sondas Chang´e-4 y Chang´e 6, ambas no tripuladas, pero que permitieron traer a la tierra materiales satelitales.
Según ha revelado el astronauta español Pedro Duque, China dispone de satélites de comunicación en la órbita lunar que habrían podido sortear el apagón de las comunicaciones de Artemis con Houston, pero la falta de acuerdos en esta carrera nos sitúa de plano en el dilema de la confrontación a la colaboración.
Artemis II representa una encrucijada ya que puede ser el inicio de una nueva era de las exploración colaborativas o el detonante de una rivalidad más intensa entre potencias. La dirección que tome dependerá no solo de los avances tecnológicos, sino de las decisiones políticas que acompañen a estos.
La humanidad está regresando a la Luna, pero la verdadera pregunta es cómo y con quién se dará el siguiente paso. Por cierto, Europa en esto anda rezagada aunque no desaparecida. La Unión Europea está acelerando sus proyectos y colaborando tanto con los americanos como con los chinos.
La Agencia Espacial Europea (ESA) está dirigiendo sus esfuerzos al desarrollo de sus propios lanzadores y en la futura estación lunar Gateway, donde aspira a llevar a sus propios cosmonautas en pago a la colaboración en las misiones Artemis.
