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Dolores Vázquez, la mujer que pasó 519 días en prisión acusada del crimen de Rocío Wanninkhof

Dolores Vázquez, la mujer que pasó 519 días en prisión acusada del crimen de Rocío Wanninkhof María Aguilella Pardo Efe

Opinión

Dolores

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Imagino que cuando la madre y el padre de Dolores Vázquez decidieron que ese iba a ser su nombre, Dolores, no llegaron a vislumbrar ni por un momento cuánto el dolor iba a marcar su vida.

El dolor de saberse injustamente acusada de algo tan grave como un asesinato, más aún, el asesinato de la hija de su mejor amiga, el dolor de vivir una caza y captura por parte de una sociedad acostumbrada al morbo y al escarnio público, el dolor de haber vivido dentro de un armario en el que estaba bien guardadita su condición sexual y ser víctima de eso que ahora llamamos “outing”, es decir, que alguien haga pública tu sexualidad sin saber si tú quieres compartirla o no.

El dolor de vivir encarcelada durante cerca de 600 días sin que prácticamente nadie crea en tu inocencia, el dolor de que nadie te pida perdón una vez que sales de prisión como inocente.

El 9 de octubre de 1999 desapareció en Mijas, Málaga, la joven Rocío Wanninkhof. Un mes después su cuerpo apareció con nueve puñaladas y envuelta en bolsas de plástico. El país quedó conmocionado, había que resolver el caso cuanto antes para que no se repitiese lo sucedido con las tres niñas de Alcásser cuyo asesinato nunca se esclareció del todo y buscó una culpable, Dolores Vázquez.

Las pruebas no sirvieron para nada

¿Por qué ella? Por su carácter varonil y su aparente frialdad, decían. Y añadiríamos, por ser lesbiana y haber sido pareja de la madre de Rocío. Sus coartadas evidentes fueron obviadas; ni que en el momento del crimen ella estuviera al cuidado de su madre, ni sus registros telefónicos, ni las pruebas físicas como que las ruedas de su coche no coincidiesen en absoluto con las halladas en la zona del crimen sirvieron para nada.

El pueblo español habló y convenció a la justicia. Era un asunto de celos, que la hija no aprobaba la relación de la madre con la presunta asesina, que tenía tanta envidia de la chica que decidió matarla, que…. Tuvieron más peso esas burdas explicaciones que las pruebas científicas y reales. Una lesbiana despechada, más morbo para el caso.

En septiembre del año 2000, la malvada bollera entró en prisión después de que incluso una vidente diese su opinión y concluyese que Dolores mató a Rocío por venganza o que otra mujer jurase haber visto a la acusada apuñalando una foto de la chica. Y la sociedad entera decidió que le gustaba más este final en el que, sin pruebas evidentes, la cruel lesbiana mató a la chica, se la encerró y aquí paz y después gloria.

Un jurado popular y un linchamiento mediático de proporciones infinitas se encargaron de quitar de en medio a una fría, masculina y violenta lesbiana.

En 2003, Tony Alexander King fue detenido y condenado por el asesinato de Sonia Carabantes y también por el de Rocío Wanninkhof

Desafortunadamente tuvo que ser asesinada otra mujer para que Dolores pudiese volver a la vida, o a lo que quedaba de ella. En 2003, Tony Alexander King fue detenido y condenado por el asesinato de Sonia Carabantes y también por el de Rocío Wanninkhof tras su propia confesión como autor de su muerte. Tras casi 600 días encerrada injustamente, Dolores recuperó su libertad y hoy, después de 25 años, continúa sin poder dormir recordando el sonido del cerrojo de su celda y el juicio en el que se sintió como “un mono de feria”.

En todo este tiempo nadie entonó el "mea culpa", ni los medios, ni los miembros del jurado popular, ni los sectores de la sociedad que habían sido tan beligerantes tuvieron la valentía y el respeto de pedir perdón.

Año y medio en prisión, tu vida rota y expuesta, tu familia alejada, tu trabajo desaparecido, tu injusta condición de asesina y tu dolor inmenso se queda sin reparar. Lo mucho que nos importó el caso cuando generaba lectores u oyentes no interesó lo suficiente cuando quedó claro que no eras una asesina. Nadie restaura ni repara lo perdido, es imposible, pero a nadie parece importarle.

Por eso ha sido tan gratificante ver a Dolores rodeada de micrófonos y pudiendo expresar sus sentimientos y su verdad.

Ella necesita más que una reparación moral

Con motivo del Día de la Visibilidad Lésbica, el Ministerio de Igualdad ha querido reparar la injusticia cometida con esta mujer que sigue esperando la petición de perdón de la prensa y de la gente de la calle. Le han concedido la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, pero ella necesita más que una reparación moral, necesita también una reparación económica. “Es hora de que me indemnicen”, dice. Y no le falta razón. Su vida laboral se paró, su cotización a la seguridad social también. Vive de una ayuda y no de la pensión que le hubiera correspondido si todo esto no hubiera sucedido.

La justicia debe ser justa esta vez con una mujer socialmente demonizada e injustamente condenada.

Los prejuicios y la lesbofobia pesaron más en el caso de Dolores Vázquez que las pruebas que la exculpaban. Hoy debe pesar la reparación, la ética, la empatía y la compasión. Ella quiere más, la ministra está dispuesta a dárselo y quienes en aquel momento no supimos proteger, defender y apoyar a una inocente debemos decirle, como mínimo, Dolores, perdón.