Unión Europea Pixabay
Esta semana Euskadi ha participado en la Bienal de Venecia, uno de los principales escenarios internacionales del arte contemporáneo, cincuenta años después de nuestra histórica presencia en 1976. En una de las ciudades referentes del Renacimiento, nuestro mensaje ha sido claro: en esta época de profundas transformaciones, el mundo necesita más que nunca el arte, la cultura y el conocimiento. Luz humana y humanista que nos ayude a fijar la brújula moral ante los retos emergentes y el nuevo tablero global. Este nuevo ‘Renacimiento’ debe ser impulsado y abanderado por Europa a través de su refundación.
Esta herencia cultural está recogida tanto en el Tratado de Lisboa como en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, enormemente inspiradora: “Los pueblos de Europa, al crear entre sí una unión cada vez más estrecha, han decidido compartir un porvenir pacífico basado en valores comunes. Consciente de su patrimonio espiritual y moral, la Unión está fundada sobre los valores indivisibles y universales de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la solidaridad, y se basa en los principios de la democracia y del Estado de Derecho. Al instituir la ciudadanía de la Unión y crear un espacio de libertad, seguridad y justicia, sitúa a la persona en el centro de su actuación”.
Este año celebramos 75 años del Congreso de la Haya, precursor de la Comunidades Europeas, y 76 de la declaración Schuman, considerada como su carta fundacional. Schuman creía firmemente en el ideal de una Europa unida y “con alma”. Pero sabía también que esa integración debía ser gradual, y que debía asentarse en una base económico-industrial sólida compartida que asegurase la cohesión social y el bienestar. Poniendo en común las producciones de carbón y de acero, aspiraba a sentar unas bases de desarrollo económico y “solidaridad de hecho”.
Acertó plenamente, dejándonos una enseñanza esclarecedora para el momento actual: la soberanía estratégica es la clave para preservar aquello en los que creemos. Debemos compaginar el refuerzo de los valores humanistas y democráticos, logrando, a su vez, un estatus de igualdad para todos los miembros de la comunidad europea mediante la garantía de los derechos civiles, políticos y sociales.
Este año celebramos también un aniversario muy especial, cargado de gran simbolismo: 90 años de la constitución del primer Gobierno Vasco, liderado por el Lehendakari Agirre. Un referente que participó activamente en la gestación del proyecto europeo a través de los Nuevos Equipos Internacionales. Imaginaba una Euskadi libre que creciera dentro de una Europa democrática y del bienestar que abrazara la paz
Este año celebramos también un aniversario muy especial, cargado de gran simbolismo: 90 años de la constitución del primer Gobierno Vasco, liderado por el Lehendakari Agirre. Un referente que participó activamente en la gestación del proyecto europeo a través de los Nuevos Equipos Internacionales. Imaginaba una Euskadi libre que creciera dentro de una Europa democrática y del bienestar que abrazara la paz.
El proceso de construcción europea nos ha permitido vivir el período de paz y prosperidad más largo de nuestra historia. Europa y Euskadi han cambiado mucho durante estos años. Pero también lo ha hecho el mundo. El bipolarismo ha dado paso a la multipolaridad actual y a la contestación de la hegemonía de los Estados Unidos por China. El derecho internacional y el multilateralismo se han visto erosionados, y los movimientos populistas y autoritarios emergen y se organizan globalmente con fuerza. Algunas élites tecnocráticas amenazan con deshacer las democracias liberales en pro de una supuesta eficiencia, al tiempo que las clases medias se debilitan.
Tachada por sus detractores de ineficiente y lenta, y de amenaza a la identidad cultural de sus pueblos, Europa está en el punto de mira de regímenes autocráticos como Rusia, pero también de potencias como China y los Estados Unidos. Nuestra fragmentación les beneficia. Además, el vínculo transatlántico que garantizaba la seguridad de Europa se ha debilitado notablemente, tal vez de manera irreversible.
Dijo Jean Monnet que “los hombres solo aceptan el cambio resignados por la necesidad, y solo ven la necesidad durante las crisis”. El mundo actual exige más velocidad, intensidad y escala. Más agilidad y menos burocracia. Exige que nos quitemos los frenos que lastran a la segunda economía mundial y el mayor espacio de libertades y bienestar del planeta.
Hay motivos para la esperanza. Un área política de casi 500 millones de habitantes con valores compartidos constituye una base sólida para el progreso y la competitividad, y por tanto una garantía de independencia. Esto cobra especial relevancia ante los conflictos abiertos en Ucrania, Palestina, Líbano, Irán, y las amenazas recibidas en los últimos meses. Cabe destacar que, tras el desafío lanzado a Groenlandia por los EEUU, Dinamarca cuenta con el respaldo ciudadano más alto a la UE. Además, Islandia llama a las puertas de la UE.
Europa ya ha demostrado que, además de un proyecto humanista, es una herramienta práctica, afrontando con éxito crisis como la pandemia del COVID 19 con una compra conjunta de vacunas, o emitiendo por primera vez de deuda mancomunada por valor de 750.000 millones de euros. También ha sido capaz de alcanzar acuerdos comerciales con Mercosur, India y Australia, lo cual demuestra que es un socio fiable. Cuando hay voluntad y autonomía política se avanza, pero no podemos limitarnos a hacerlo a golpe de ‘shock’.
Demandamos más capacidades para avanzar hacia una Europa federal, frente a quienes promueven el retorno de la división y los tiempos oscuros. Y aspiramos a que Euskadi participe activamente en las instituciones y redes comunitarias, para aportar nuestro bagaje, y a fin de que nuestra voz sea tenida en cuenta ante el necesario renacer europeo.
Desde Euskadi nos sumamos al anhelo de paz, progreso y justicia social que Europa representa. Lideramos el proyecto de Macrorregión Atlántica desde la que trazar una visión estratégica conjunta para actuar en defensa de nuestros intereses y contribuir a la integración europea. Porque hay libertades y deberes que no son negociables.
Hacemos nuestro el espíritu fundacional de Jean Monnet, quien afirmaba que “no estamos formando coaliciones entre Estados sino una unión entre pueblos.” Redoblamos nuestro compromiso con el legado europeísta que nos une y con su ‘Renacimiento’, fortaleciendo sus ideales y la base socioeconómica que lo sostienen.
Demandamos más capacidades para avanzar hacia una Europa federal, frente a quienes promueven el retorno de la división y los tiempos oscuros. Y aspiramos a que Euskadi participe activamente en las instituciones y redes comunitarias, para aportar nuestro bagaje, y a fin de que nuestra voz sea tenida en cuenta ante el necesario renacer europeo.