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La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 26 de marzo de 2026

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 26 de marzo de 2026 Eduardo Parra Europa Press

Opinión

Estado fallido para la mitad de España, ejemplo para la mitad del mundo

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Uno, que con las patrias y las banderas no ha estado nunca muy a gusto, y mira que lo he intentado, a veces siente ramalazos de algo parecido al orgullo. Por ejemplo, con la actuación del Gobierno de mi país en la crisis del Hondius.

Entonces, me doy cuenta de que estoy totalmente equivocado, que vivimos en un estado fallido donde impera el desgobierno y la corrupción. O al menos eso es lo que dicen los que llevan los colores en la pulserita, los patriotas. No pienso volver a contar el chiste. Se me mira esto si quieren.

La semana pasada, la Guardia Civil interceptó el mayor alijo de cocaína de su historia, 30 toneladas, en el mercante Arconian, frente a las costas del Sáhara Occidental, tras reducir a los hombres armados que custodiaban la droga y detener a la tripulación, en una cinematográfica y peligrosa operación. Sin bajas.

Seguro que el oficial al mando parafraseó aquello de “me encanta que los planes salgan bien”, que decía Hannibal Smith. Un trabajo bien hecho. Con los medios suficientes y necesarios. O al menos nadie dijo lo contrario. Tampoco es que hubiera demasiadas felicitaciones en el ecosistema que forman los sindicatos de este cuerpo o en el de las derechas españolas.

Antes de que se secaran las lágrimas de los allegados de las víctimas, los sindicatos corporativos y las derechas españolas estaban clamando contra el gobierno

Días después salió cruz. Una persecución a una narcolancha en aguas andaluzas terminó con la colisión de las dos embarcaciones del instituto armado y el fallecimiento de dos agentes. Aquí sí. Antes de que se secaran las lágrimas de los allegados de las víctimas, los sindicatos corporativos y las derechas españolas estaban clamando contra el gobierno por la falta de medios que sufren los encargados de la lucha contra el narcotráfico. Con palabras y frases muy duras y gruesas en algunos casos. Y gran repercusión mediática.

Por cierto, una de las embarcaciones afectadas, la que embistió, la grande, era una patrullera a estrenar de 3,5 millones de euros.

Luego viene lo del hantavirus. Con la oposición, desde el PP a VOX, pasando por el presidente canario, poniéndose de perfil en el mejor de los casos, o haciendo el ridículo en el peor. Esas ratas nadadoras, esa exigencia de querer hablar con los técnicos y no con los políticos, esa demagogia para alarmar, asustar y sacar lo peor del ser humano. Bochornoso.

Pero insisten, esa media España que todo lo ve negro, en que somos un país corroído por la corrupción.

Lo que ha quedado es un intento de la fiscalía de evitar la prisión del conseguidor y un enriquecimiento no justificado del exministro Ábalos de 93.000 euros

Lo ha acreditado el juicio del caso Mascarillas, donde un juez y un fiscal han permitido que un imputado “colaborador” como Aldama denuncie a todo un gobierno y su presidente sin aportar una sola prueba. Y claro, al final del juicio-culebrón, con amantes, pisos gratis y despiporres varios, lo que ha quedado es un intento de la fiscalía de evitar la prisión del conseguidor y nexo corruptor y un enriquecimiento no justificado del exministro socialista Ábalos de 93.000 euros. Es todo, creo. Uno a la calle y el otro cadena perpetua o así.

Mientras, en otra sala, la jueza del caso Kitchen frenaba autoritariamente, con autoridad, quiero decir, toda progresión en los testimonios, aunque fueran de inspectores de policía, que pudieran salpicar a M. Rajoy o a otros ministros de su gabinete. Ciñámonos a lo que se juzga. No se me vayan por las ramas. Esto es irrelevante. Orden en la sala.

A esto se deben referir algunos cuando hablan de estado fallido. Si la justicia no es ciega e igual para todos, no hay país que funcione.

Sarcasmo aparte, media España cree de verdad que todo es un desastre que solo puede arreglar un liderazgo autoritario, xenófobo e hiperliberal. Como Trump, vamos. No sé si Feijóo encaja en el perfil, pero es lo que tienen. A esta doctrina contribuyen los lobbies mediáticos de lo que se ha venido a llamar fachosfera o el algoritmo de X que visibiliza y amplifica la estrategia ultra contra el emigrante, Pedro Sánchez, el feminismo, el escudo social o lo que se tercie.

Según Carlos Cué, fuentes de ejecutivo afirman que nunca habían visto una acción tan coordinada

Afirmaba el domingo Carlos Cué en 'El País' —y tiene razón— que el Gobierno está perdiendo la batalla del relato sobre la regularización de los migrantes. Según el autor, citando fuentes de ejecutivo, nunca habían visto una acción tan coordinada. “Si hasta ahora, en momentos de muchísima actividad de los propagadores de discursos antiinmigración (…) se habían detectado hasta 2.000 de las llamadas “redes de amplificación”, esto es, cuentas que se dedican a fabricar mensajes y multiplicarlos, ahora se han encontrado hasta 12.000”.

Doce mil cuentas coordinadas y pagadas por diferentes lobbies de inspiración MAGA, o por el ACOM israelí, por ejemplo, a las que premia y promueve la plataforma de Elon Musk. Difícil competir.

A cambio, España es un faro para medio mundo. Un ejemplo. Una esperanza. Pasmoso.

Es el contrapunto europeo a la deriva autoritaria, imperialista y desestabilizadora que impulsa el presidente de los Estados Unidos. Se opone al impuesto revolucionario del 5% en gasto de defensa que exige, porque sí, el agente naranja, niega el uso de sus bases y el tránsito por el espacio aéreo propio para atacar a Irán, o enfrenta con firmeza la deriva genocida del Gobierno de Israel, primero en Gaza y ahora en Líbano.

Crece económicamente a un buen ritmo. Parece que tendrá el mejor dato de la Unión Europea, alcanza los 22 millones de personas ocupadas, blinda el estado de bienestar con la regularización de la emigración, impulsada por la izquierda, bendecida por la Iglesia católica y recibida como agua de mayo por la clase empresarial española, que los necesita para cubrir las vacantes que los nacionales no quieren. Y ayer nos cuentan que China ha elegido España como su gran fábrica europea de automóviles. Ya veremos.

Las personas migrantes, ni quitan el trabajo a los españoles, ni aumentan las dificultades en el acceso a la vivienda o la inseguridad en nuestras calles, ni colapsan la sanidad pública, ni acaparan las ayudas sociales

Sobre la regularización quiero dejar una opinión o reflexión. Es una medida que no agrava ninguno de los problemas que los partidos de derecha, sus terminales periodísticas y su derivada en redes atribuyen, a voces unos y por lo bajinis otros, a la emigración. No quitan el trabajo a los españoles, ni aumentan las dificultades en el acceso a la vivienda ni la inseguridad en nuestras calles, ni colapsan la sanidad pública. Tampoco acaparan las ayudas sociales.

Por una sencilla razón. Esas personas que van a ver regularizada su situación administrativa ya estaban aquí. Entre nosotros. La presunta contribución a todos esos males antes citados, y que los peores de nosotros se encargan de amplificar todos y cada uno de los días, ya se habría producido. Está descontada. Ahora se trata de que puedan trabajar legalmente y contribuir o defraudar —a su elección— al mantenimiento del estado del bienestar. Es decir, lo mismo que los nacionales.

Se podrá argumentar que ningún otro país europeo tiene la misma política migratoria que España. De hecho, el resto de miembros de la UE tiende a restringir la entrada de estas personas y los derechos de los que ya han entrado. Han comprado un discurso, a mi juicio, racista e ineficaz que no va a solucionar el gripaje y la falta de productividad de sus economías.

Sé que es una generalización, con la carga de injusticia que lleva, pero no se va a una pelea de cuchillos con un libro

A ver si nos queda claro. La emigración hoy ocupa esos puestos de trabajo que los nacionales europeos desdeñan porque ellos sí, como en España, prefieren vivir de las paguitas y otras ventajas de la Europa opulenta antes que trabajar en el campo, en la pesca, en la obra, en la asistencia social, en la sanidad, en la fábrica. Sé que es una generalización, con la carga de injusticia que lleva, pero no se va a una pelea de cuchillos con un libro.

En el tema de la regularización de las personas migrantes, España está sola. Como lo estuvo en la negativa a elevar el gasto militar al 5% del PIB, en el reconocimiento a Palestina, en la condena y reclamación de sanciones para Israel, o en el rechazo a la agresión unilateral de este país y de Trump a Irán. Asuntos en los que ya está acompañada. En cualquier manual se diría que España lideró o que fue precursora. Ya veremos qué ocurre con la regularización de migrantes en el resto de Europa.

Y para rematar, una nueva prueba de estrés de materiales: el hantavirus. Tras el COVID, el volcán de La Palma, el gran apagón o la DANA, a España le toca organizar el rescate y repatriación de un centenar de personas de 18 nacionalidades diferentes tras desatarse un brote infeccioso muy violento en un crucero, que salió del sur argentino y recaló antes en las muy británicas islas de Tristan de Acuña y Santa Elena, donde abandonaron la nave, ya en situación epidémica, varias decenas de pasajeros sin control alguno.

En un tiempo récord, las autoridades competentes, en coordinación con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con los países de destino de los pasajeros han sido capaces de montar un operativo seguro y eficaz en el puerto de Granadilla, Tenerife, que ha culminado con un éxito indiscutible e, imagino, un suspiro de alivio entre los responsables. El primer ministro de Países Bajos, el Vaticano, el embajador del Reino Unido en España o el director de la OMS han agradecido y felicitado a España por el dispositivo.

Los dos países que describo son el mismo. Usted elige con cuál quedarse. O mejor, cuál se acerca más a lo que quiere para usted.