Eres tu mejor producto. Dicho así seguro que le chirría a más de uno. Sin embargo en términos de marketing, esto es así. Todos y cada uno de nosotros somos nuestro valor más importante, a la hora de enfrentarnos al mundo. O dicho de otra forma: somos una marca dotada de atributos y valores en la que la confianza es una prioridad absoluta.

Todo esto de la marca personal me lo ha sugerido quien sin duda y evidentemente sin quererlo, se ha convertido en el personaje por excelencia de la última semana, y lo seguirá siendo durante meses. Me refiero al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que el próximo dos de junio se sentará en el banquillo, acusado de unos cuantos delitos cometidos presuntamente hace un tiempo, y relacionados con el rescate en pandemia de la aeronáutica Plus Ultra.

La noticia como era de esperar ha corrido como la pólvora, y ha traspasado fronteras haciéndose eco de la misma medios internacionales de prestigio. El hecho es histórico, porque por primera vez un expresidente declara ante la justicia en calidad de imputado.

La presunción de inocencia es esa compañera que algunos olvidan en estos casos, y que aun existiendo, ayuda lo justo, cuando se trata de procesos de estas características. De entrada, ya nos han anunciado que el proceso puede dilatarse meses, y eso significa que independientemente del resultado, el desgaste es un precio que se va a pagar pase lo que pase.

Lo de Zapatero estaba “cantado” para muchos antes de que asistiéramos al registro de varias empresas por parte de la UDEF, y a que se hiciera pública la imputación del expresidente

Alargar la instrucción supone por supuesto generar munición de sobra para alimentar la controversia política que ya había estallado antes de conocerse la imputación. Lo de Zapatero estaba “cantado” para muchos antes de que asistiéramos al registro de varias empresas por parte de la UDEF, y a que se hiciera pública la imputación del expresidente.

Sorprenden aunque cada vez menos, las reacciones tanto de los que aprecian a Zapatero, como de los que le tienen ganas. Estos últimos porque vuelven a cargar las tintas no contra el imputado, sino contra Sánchez, a quien por enésima vez le piden que dimita y los otros, los amigos, porque piden cerrar filas en torno a la figura de quien es sin duda un valor obvio para el presidente Sánchez, lo cual y a tenor de otros procesos recientes vividos, es cuando menos arriesgado, por no decir claramente imprudente.

En todo caso y volviendo a la tesis inicial de este artículo, el daño ya está hecho y es irreversible. Pase lo que pase a lo largo del recorrido judicial que acaba de iniciarse, la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, independientemente de la resolución final, ya queda tocada para siempre. Su imagen de marca, la más importante, la personal, siempre estará ligada al San Benito de haber sido el primer presidente de la democracia en sentarse en el banquillo en calidad de imputado.

La verdad es que está situación que como saben no es exclusiva del ex presidente, debería hacernos pensar en varias cuestiones. La primera es la capacidad que tenemos todos de hacer juicios de valor antes de que la justicia se pronuncie. No los para ni el mejor video que pueda enviarse a través de redes anunciando a bombo y platillo la inocencia. Bien al contrario, los alimenta. A partir de ahí no es que el hecho de que puedan exculparle no sirva para nada, evidentemente sí, pero el precio a pagar es excesivamente alto.

La verdad es que está situación que como saben no es exclusiva del ex presidente, debería hacernos pensar en varias cuestiones

Poco o nada ayudan a esto los plazos de la justicia excesivamente largos, tanto que cuando se adoptan las resoluciones finales, la mayoría ya hemos olvidado cómo y porqué se había llegado a ese punto.

Si no se demuestra la culpabilidad de los protagonistas de estos procesos, ¿Quién les ayuda a recuperar su valor personal? , ¿cómo se devuelve la imagen perdida?; ¿cómo se reincorpora uno al mundo normal después de algo así?.

La verdad es que resulta complicado llegar ni siquiera a atisbar las respuestas a estas preguntas.

En todo caso, hoy por hoy la realidad es que le toca hablar a la justicia, mientras el resto debiéramos mantener no sólo la presunción de inocencia sino la prudencia, a la hora de hacer valoraciones. Este argumento vale obviamente para este caso y para otros.

Si somos nuestro mejor producto, dañar la imagen de marca que se basa sobre todo en la confianza, es una cuestión muy seria, tanto que hacerlo gratuitamente debería recompensarse.