Una persona introduce su sobre con voto en una urna. iStock
A un año de unas elecciones vitales
Municipales y forales de 2027, generales de 2027 (si Sánchez aguanta), autonómicas de 2028 y, como 'bonus track', unas europeas en 2029 que van a ser históricas por su importancia e intensidad
No sé si por suerte o por desgracia, pero en Euskadi las campañas electorales cada vez comienzan antes. Queda un año para las elecciones forales y municipales de 2027 y los partidos y coaliciones ya están organizando grandes mítines, lanzando propuestas programáticas en las temáticas que quieren colocar en la agenda e implementando estrategias de confrontación con aliados para diferenciarse ante un electorado cada vez más volátil.
Las elecciones de 2027 van a plantear varios interrogantes a nivel político y se desarrollarán en algunos escenarios principales que ya están establecidos desde 2023. Estas elecciones, además, marcarán en Euskadi el inicio de un nuevo ciclo político que terminará, con el permiso de las europeas de 2029, en 2028 con las elecciones autonómicas vascas.
El desarrollo de las citas electorales será el siguiente: municipales y forales de 2027, generales de 2027 (si Sánchez aguanta), autonómicas de 2028 y, como 'bonus track', unas europeas en 2029 que van a ser históricas por su importancia e intensidad.
Esto hace que los ciudadanos y ciudadanas vascas vayamos a estar sometidos a una tensión electoral que, desde ahora, irá en crecimiento y durará cuatro años, y solo los partidos políticos vascos podrán determinar si esa tensión electoral se traslada a la ciudadanía en torno a propuestas y debates de calidad o con una inclinación a discursos polarizantes y con exceso de carga emocional.
Pero volvamos a las elecciones municipales y forales de 2027. Como ya he dicho, estas elecciones plantearán serios interrogantes que se irán definiendo durante la campaña y, en el día D, ya con resultados encima de la mesa.
El primero: ¿ha superado el PNV la crisis electoral iniciada en 2023? Si la respuesta es negativa, el cambio de lehendakari y de algunos cuadros internos y locales habría resultado estéril y ya no estaríamos hablando de una crisis puntual. Un escenario de cambio en las hegemonías de poder podría estar ganando peso, y eso se trasladaría al resto de elecciones que suceden a las forales de 2027.
Los escenarios municipales son propicios para observar si las fuerzas políticas superan barreras electorales que se les presumían inalcanzables
El segundo interrogante: ¿es EH Bildu capaz de seguir recogiendo votos de capas amplias de la sociedad a las que hace solo unos años no llegaba? Los escenarios municipales son propicios para observar si las fuerzas políticas superan barreras electorales que se les presumían inalcanzables.
Por ejemplo, si revisamos la progresión de voto de EH Bildu en barrios de Vitoria que a principios de siglo eran feudos casi exclusivos del PP, nos daremos cuenta del cambio profundo en la sociología electoral vasca y de que las tendencias de fondo pueden indicarnos cómo se comportarán los electorados en las próximas citas.
El tercer interrogante (y me van a permitir la licencia politológica): ¿estamos ya en el bipartidismo vasco o nos quedan otros cuatro años de pluralismo moderado? Observar cómo se reparte el poder en los ayuntamientos y, sobre todo, en las diputaciones forales nos ayudará a resolver esta pregunta. Para ello, deberemos fijarnos especialmente en la influencia de las terceras fuerzas para formar gobiernos y en si las coaliciones son más o menos numerosas que hace cuatro años.
En cualquier caso, al margen de estos interrogantes, lo que sí podemos establecer ya son los escenarios más importantes de la contienda de 2027. A nivel foral, la atención se fijará en los resultados en Araba y en la gobernabilidad en Gipuzkoa.
En el primer territorio histórico, los resultados ya estaban muy ajustados en 2023 y no parece que los márgenes se hayan ampliado. Especial atención a la circunscripción de Aiaraldea: la desindustrialización de la comarca puede producir cambios que aún no somos capaces de interpretar y que pueden desviarse a favor de unos u otros.
En Gipuzkoa, las distancias sí parecen aumentar a priori, pero la duda a resolver en este caso es si el PSE podrá hacer valer su representación y aprovechar mejor su potencial de coalición, y si el PP volverá a permitir gobernar al PNV en un contexto con unas elecciones generales posteriores a la cita foral y con unos partidos de ámbito estatal cada vez más enfrentados, también en Euskadi.
En el terreno municipal, son varias las plazas de interés. Evidentemente, Vitoria, con cuatro fuerzas políticas en menos de tres puntos de distancia y todas ellas en torno al 20% del voto. Anticipar, incluso con unos días de antelación, qué va a pasar en la capital alavesa es como echar una moneda al aire, pero habrá que mirar al detalle qué ocurre con los casi 8.000 votos que tiene Podemos y con otros miles de votos que fluctúan de elección a elección.
En Araba, también serán importantes Amurrio y Laudio. Como ya se ha mencionado, estos municipios de Aiaraldea están sufriendo una desindustrialización que está afectando a muchas familias y que, aunque solo sea por el tiempo que ocupe en la agenda mediática, será determinante para sus vecinos a la hora de votar en 2027.
Los escenarios son, o bien un voto de castigo a los partidos que gobiernan, o bien una apatía y desmovilización que, a la larga, tendrá grandes consecuencias.
En Bizkaia, mucha atención a dos escenarios: la Margen Izquierda —en especial Santurtzi— y, por supuesto, Getxo. Santurtzi ya presentaba unos resultados muy ajustados y la gran incógnita es si el PSE o el PP se prestarán a seguir apoyando a un PNV sobre el que pesa la sospecha de corrupción, o si facilitarán, con la retirada de ese apoyo, un gobierno de EH Bildu.
La madre de todas las batallas en las municipales de 2027 será Donostia. En 2023, las diferencias entre PNV y EH Bildu eran de poco más de un punto y algo más de 1.000 votos. Es el escenario más complicado
En Getxo, por el contrario, los protagonistas cambian y la mala imagen del PNV en el municipio vizcaíno deja la duda de si EH Bildu o el PP serán quienes aspiren a plantearse como alternativa a los jeltzales.
Y la madre de todas las batallas en las municipales de 2027 será Donostia. En 2023, las diferencias entre PNV y EH Bildu eran de poco más de un punto y algo más de 1.000 votos. Es el escenario más complicado, con un nuevo alcalde del PNV que ha ganado relevancia pública con lo que es, posiblemente, la mejor campaña de posicionamiento de candidato vista en los últimos años en Euskadi, pero en un municipio que arrastra el principal problema de la vivienda como foco de descontento del electorado más joven. E
n este escenario, EH Bildu puede atraer los suficientes votos para terminar ganando la elección en la capital guipuzcoana y, aunque la gobernabilidad sea más difícil para los soberanistas, lo que pase en Donostia nos va a decir en gran medida qué sucederá en Euskadi en los próximos años.
O bien un PNV que se recupera y muestra la efectividad de sus nuevos perfiles, o persiste un desgaste de los jeltzales y un empuje de los de Otxandiano que pueda dar como consecuencia que, al menos, las cortas distancias electorales se mantengan y la gobernabilidad se haga más complicada para los de Sabin Etxea. Veremos.