Aún le quedan a Bad Bunny unos cuantos conciertos en España. El próximo lunes día 15, él y su equipo desmontarán los dos escenarios que durante tantas jornadas han desatado el delirio de quienes gustan de un artista ya universal.

El conejo malo, Benito Antonio, no solo nos ha puesto a bailar sino que nos ha situado ante el desplazamiento de los y las portorriqueñas por el turismo masivo y la especulación inmobiliaria y ante la crisis que enfrenta su patria frente a los EEUU.

Nos ha dado a conocer géneros autóctonos como la plena, la bomba o la música de jíbaro y nos ha hecho prestar atención al sapo concho, una especie endémica y amenazada de Puerto Rico que Benito ha usado como metáfora para representar problemas como la gentrificación, la llegada de especies invasoras o la destrucción de los hábitats.

No se puede decir más con un álbum, 'Debí tirar más fotos', del que se ha diseccionado hasta la más mínima frase. Solo con que una pequeña parte de las más de 600.000 personas que van a pasar por los conciertos en España haya captado el mensaje, el objetivo del artista estará cumplido.

Nadie esperaba que se convirtiera en el icono político y social que ahora es, además de musical

Pero toda moneda tiene su cara y su cruz. Yo no he asistido a ninguno de los conciertos de Bad Bunny, aunque reconozco que me hubiera encantado. Le sigo desde que apenas se entendían sus letras y nadie esperaba que se convirtiera en el icono político y social que ahora es, además de musical.

En este mismo año había que optar por Rosalía o por Benito y yo opté por la primera, que no está el horno para tantos bollos.

Decía lo de la cruz de la moneda porque, una vez más, se ha puesto sobre la mesa la cuestión del privilegio. Su existencia no es nada nuevo, cierto, pero cuando se evidencia tan a las claras que ni asistir a un concierto es igual para todos, y menos para todas, es cuando nos da que pensar. Y no es que únicamente quien ya ostenta una fama por su trabajo, o por lo que sea, disfrute de prebendas, sino que las ganas de alcanzar esos privilegios reservados a una minoría nos hacen situarnos en posiciones nunca imaginadas.

El deseo de entrar en la famosa casita de los conciertos del portorriqueño ha provocado que muchas mujeres hayan cursado, TikTok mediante, cursillos acelerados sobre cómo convertirse en elegibles a los ojos de Jeremy Villanueva, la sombra del cantante y el encargado de seleccionar a las chicas que cada noche entrarán en el templo del conejo malo.

Así han proliferado las cuentas “get ready with me”, es decir, arréglate conmigo. Son perfiles que te preparan para intentar ser la “elegida”, te ayudan a planificar tu vestuario, cómo maquillarte, cómo mirar o cómo colocarte.

Hay que enmarcarse dentro del prototipo para obtener el privilegio más buscado de estas últimas semanas

Eso sí, si tu talla, tu pelo o tu color de piel no es el canon de Jeremy y Benito, olvídate. O si tienes más de 25 años. Hay que enmarcarse dentro del prototipo para obtener el privilegio más buscado de estas últimas semanas. Desconozco si Bad Bunny ha escuchado desde el escenario el grito de “queremos gordas en la casita” de varias mujeres de más de 40 años.

Mucho hemos reflexionado en estos días sobre la necesidad, o no, de bajar el pistón, de pisar más suave el acelerador y olvidarnos por unos días de nuestras reivindicaciones como mujeres para disfrutar de un espectáculo que nos pone a bailar y a perrear.

Es difícil vivir siempre con el hacha levantada, pero lo cierto es que cuando revisamos nuestras posiciones siempre lo hacemos a la baja. No tengo claro que entrar en la famosa casita sea más importante que continuar reivindicando la diversidad de cuerpos, de pieles y de miradas.

Ya que hablamos de privilegios, y de que el Papa está en nuestro país, no dejo de pensar en los influencers católicos, más conocidos ahora como “misioneros digitales”. Ojiplática me he quedado al conocer el nuevo concepto que ha llevado a quienes pertenecen a ese grupo a las primeras filas y a “casitas” situadas cerca del pontífice.

Parece que Dios también concede privilegios con tal de expandir su mensaje por las redes

Dicen que son la versión moderna de los apóstoles y tanto en los actos, públicos o privados, realizados en el Movistar Arena o en el Santiago Bernabéu, han tenido entrada reservada para tener la mejor panorámica del evento. Parece que Dios también concede privilegios con tal de expandir su mensaje por las redes.

Total, que cuando nos preguntamos qué tendrá el poder que tanto engancha a quienes lo ostentan, la respuesta es clara. El poder implica privilegio y el privilegio mola porque te hace sentir diferente, especial, te ayuda a gozar de ventajas y te coloca en una posición favorable frente a los demás. Te lo conceda Dios o Bad Bunny.