Esta semana de junio va a ser recordada en toda Euskadi como una de las más calurosas de su historia, especialmente a estas alturas del año cuando el verano no ha hecho más que comenzar.

Nuestras ciudades se están “derritiendo” a más de 40 grados y nos sorprendemos del impacto que tiene este calor extremo en nuestras vidas, llegando a incrementarse notablemente las muertes por golpes de calor.

Es en escenarios tan extremos como el de este episodio que estamos viviendo, cuando cobra más importancia la estrecha relación que hay entre el diseño urbano o planificación territorial con la salud humana, tanto física como mental.

Les invito a hacer la prueba en su ciudad cualquiera de estos días

¿Sabían ustedes que una zona arbolada de sombra puede ayudar a reducir la temperatura externa en más de 10 grados respecto a otra no naturalizada? Les invito a hacer la prueba en su ciudad cualquiera de estos días y les aseguro que se van a sorprender.

Este es sólo uno de los ejemplos evidentes de hasta qué punto es necesario diseñar nuevos espacios o adaptar los ya existentes para proteger y cuidar la salud de las personas que los habitan.

La activación del nivel rojo de alerta climática este pasado lunes provocaba que los niños y niñas de los centros educativos vascos tuvieran que regresar a sus casas antes de las 13:00 para evitar las temperaturas elevadísimas que se alcanzan en sus edificios, totalmente nocivas para estudiantes de tan corta edad.

La conclusión es sencilla y clara, hemos construido estos centros sin tener en cuenta aspectos como el cambio climático, el aislamiento o la ventilación de unos espacios que desarrollan su periodo lectivo, mayoritariamente, en otras estaciones pero a los que cada vez afecta más el adelanto de las temperaturas veraniegas.

Dejan de ser espacios saludables para convertirse en espacios nocivos para la salud de quienes los utilizan

Si a esto le añadimos que muchos de los patios y zonas de recreo son desiertos de asfalto, sin apenas sombra, tenemos la tormenta perfecta. Dejan de ser espacios saludables para convertirse en espacios nocivos para la salud de quienes los utilizan.

Los profesionales sanitarios no son los únicos que pueden ayudarnos a cuidar nuestra salud, hay muchos otros que juegan un papel muy importante, aunque algunos no sean conscientes todavía de ello.

Estoy hablando de arquitectos, urbanistas, paisajistas, constructores, etc. En manos de todos estos profesionales y también en nuestras manos está conseguir ciudades que nos cuiden, ciudades amables con las personas en las que se pueda acceder a un espacio verde y con sombra a menos de 300 metros de tu domicilio, que fomenten la movilidad activa a través de zonas peatonales o para ciclistas.

Ciudades 8 80, es decir, urbes donde tanto los niños como las personas mayores pueden vivir de una manera amable

Ciudades también accesibles, que eliminen las barreras físicas y las sociales, fomentando espacios de conversación entre diferentes. Ciudades que el experto americano Gil Peñalosa llama Ciudades 8 80, es decir, urbes donde tanto los niños como las personas mayores pueden vivir de una manera amable, sin depender de otras personas y encontrando zonas para su desarrollo humano.

También el diseño de nuestras ciudades influye directamente en la salud mental, uno de los grandes males de este siglo y al que no siempre se le da la importancia que merece.

Hay un buen número de investigaciones científicas que demuestran como los entornos, verdes, sin contaminación acústica o atmosférica y que favorecen los espacios de encuentro ayudan a mejorar la salud mental de todos los ciudadanos.

Ciudades en las que todavía puedes encontrar espacio para sentarte a leer un libro en un paseo

Lo mismo que hablamos de slow food, deberíamos hablar de las slow cities, esas ciudades en las que todavía puedes encontrar espacio para sentarte a leer un libro en un paseo o pararte a beber agua en una fuente.

Teniendo en cuenta la “salud” actual de nuestro sistema público de salud, en el que confluye otra tormenta perfecta agravada por la huelga de médicos, creo que ahora más que nunca es necesario incentivar uno de los mecanismos más efectivos para evitar caer enfermos: la prevención.

De todos depende que esa prevención empiece a aplicarse en los espacios que sirven cada día de escenario a nuestras vidas. No es casualidad que las personas más longevas suelan vivir en entornos rurales, mucho más tranquilos, y rodeados de un buen cordón social y familiar.

Necesitamos ciudades que nos cuiden, necesitamos cuidarnos unos a otros y necesitamos adaptarnos a las nuevas circunstancias derivadas de un fenómeno como el cambio climático, que ya está con nosotros y que se va a intensificar en los próximos años, sobre todo si no avanzamos en la descarbonización de nuestra sociedad.