Faltan unas horas para la celebración de una sesión en la que la ponente que presenta un libro, pide a los organizadores que alguien convierta la ponencia en una presentación en formato de entrevista, con el fin entre otras cosas de hacer más ágil y atractiva la presentación. El responsable del evento se ve en el aprieto de buscar a un periodista que en tiempo récord se haga eco del libro, prepare la intervención y resuelva una papeleta que sinceramente, sí no tienes muchas tablas, es una encomienda complicada.

Así que con este telón de fondo, pide nombres de quién pueda hacer esa tarea, y en una de esas llamadas, se pone en contacto conmigo. Tras explicarme la situación, llega la pregunta incómoda por mi parte ¿este trabajo es remunerado? y con ella la respuesta esperada “no, lo siento. No tengo presupuesto para eso”.

No hay presupuesto para eso, o lo que es lo mismo, no hay presupuesto para el presentador/a. Esto equivale a decir que nuestro trabajo, el de los periodistas y comunicadores, que en muchas ocasiones nos subimos a un escenario para procurar que el ponente brille y que se entienda su mensaje, no vale una mierda. Tal cual.

El problema es que muchos profesionales del periodismo, sobre todo los más jóvenes temen decir no

Evidentemente, mi respuesta ante tan atractiva oferta fue un ”no” rotundo, pero el tema va más allá. En mi caso y con un recorrido profesional amplio y una trayectoria reconocida, decir no, es relativamente sencillo. El problema es que muchos profesionales del periodismo, sobre todo los más jóvenes temen decir no, al entender que eso puede cerrarles puertas en el futuro.

Ese temor es lógico y algunas veces fundado, porque realmente ocurre que por lo que sea, no te vuelven a llamar. La realidad es que si todos pudiéramos permitirnos decir no, cuando a cambio de tu trabajo te ofrecen “experiencia y visibilidad” nos iría mejor a nosotros, pero fundamentalmente, le iría bastante mejor a la dignificación de nuestra profesión.

En un evento tipo, se paga la sala, la cartelería, el sonido, al ponente, el diseño, las azafatas, la actuación final, al fotógrafo …y en algunos, afortunadamente no en todos, no hay dinero para el periodista. Lamentable.

La verdad es que hay ser muy osado para pedirle a cualquier profesional independientemente del ramo en el que ejerza su labor, que trabaje gratis. El periodismo no tiene la exclusiva de que nos encomienden a veces, que trabajemos a cambio de “visibilidad”, ocurre más de lo que pensamos en las carreras artísticas: músicos, bailarines…

Cuando en la primera ocasión que se te presenta no te pones en valor, es muy difícil hacerlo más tarde.

Ante esta desagradable situación, sólo queda una satisfacción que es negarse y hacerlo sin plantearse demasiado si la negativa va a tener consecuencias. Cuando en la primera ocasión que se te presenta no te pones en valor, es muy difícil hacerlo más tarde. Los periodistas lo hemos hecho en tantas ocasiones que ahora cuesta infinito que se entienda que nosotros también comemos todos los días, y que tenemos una formación y en muchos casos una experiencia, que acredita nuestro trabajo.

Ahora mismo estamos peleando contra una inercia, la del gratis total para nuestro trabajo, que se ha alimentado durante tanto tiempo, que cuesta mucho tener el valor necesario para negarse.

Sin embargo estoy convencida de que una negativa a tiempo es una victoria en el presente y también de cara al futuro.

Me encantaría que las generaciones futuras de periodistas no tuvieran que luchar contra esta lacra que otras nos hemos encontrado, y que en algunos casos, por motivos que seguro que son comprensibles, hemos alimentado. El resultado de trabajar gratis sigue ahí, no se valora por parte de algunos lo que hacemos. Creo que no lo debemos permitir, y creo que deberíamos unirnos como colectivo, que se dedica a contar las miserias de otros, para airear las nuestras.

lo mejor es gritar a los cuatro vientos “gratis no trabajo”

Hay que reivindicar la posición. Nuestro trabajo revierte en la sociedad en general, somos los traductores de lo que pasa. La responsabilidad que tenemos es elevada y eso, tenemos la obligación de hacerlo saber.

Así que lo mejor es gritar a los cuatro vientos “gratis no trabajo”, y recordar a quienes contratan, que se tiene lo que se paga. No pagar suele salir más caro que hacerlo.

Nos jugamos la profesionalidad, la responsabilidad y la dignidad así que merece la pena decir NO.