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El líder de EH Bildu Arnaldo Otegi pasea junto a un cartel electoral del lehendakari Imanol Pradales en Elgoibar

El líder de EH Bildu Arnaldo Otegi pasea junto a un cartel electoral del lehendakari Imanol Pradales en Elgoibar Efe

Opinión

¿Quién es tu lehendakari?

Publicada

Normalmente pensamos la política en Euskadi como un espacio hecho por y para los partidos, donde los candidatos y candidatas tienen poco o ningún peso. Quienes alguna vez nos hemos dedicado a campañas electorales, en cambio, conocemos la necesidad de posicionar adecuadamente a un buen candidato o candidata.

La sociedad vasca tiene una configuración fuertemente cargada de ideología, producto de un conflicto que operaba no solo en las diferencias identitarias, sino también en las ideológicas. Esto hacía que los partidos, sus militantes y votantes tuvieran un componente ideológico que les identificaba con sus respectivos partidos, no en base a intereses personales o colectivos —aquello de la teoría racional del voto— ni en la simpatía por los candidatos y candidatas que encabezaban las listas, sino a la adscripción ideológica adquirida mediante la socialización.

Reflejaba una política organizada en bloques identitarios, donde incluso los grupos de interés se organizaban en torno a los partidos en función de sus esquemas morales e ideológicos. Todo en Euskadi era política: si pertenecías a un colectivo u organización, enseguida se ubicaba a las personas según su cercanía a uno u otro partido.

Otegi era para la izquierda abertzale un líder importante porque representaba fielmente los principios, valores y esquemas morales de la comunidad en torno a esos partidos

En ese contexto, los candidatos y candidatas solo tenían importancia si representaban fielmente los valores asociados a cada marca electoral; su presencia se diluía por grandes estructuras que abarcaban todo. Otegi, por ejemplo, era para la izquierda abertzale un líder importante no por sus capacidades dialécticas o su habilidad estratégica, sino porque representaba fielmente los principios, valores y esquemas morales de la comunidad en torno a esos partidos. Pasaba con Arzalluz, Basagoiti, López y otros líderes de distintos partidos.

Eso está cambiando. El sistema de partidos se ha moderado, la desaparición de la violencia diluyó las fronteras entre partidos y la llegada de nuevas generaciones, que no convivieron con altos niveles de confrontación en Euskadi como los nacidos en los 70 y 80, ha hecho que los límites ideológicos no sean tan claros. Los votantes empiezan a definir a quién votan no solo por su identidad ideológica. En este contexto, los candidatos y candidatas ganan peso, y mucho. La personalización de la comunicación política a través de las redes sociales ha hecho el resto.

En el terreno estrictamente gubernamental, los votantes deciden su voto de manera más compleja: ya no basta con coincidencia en valores y principios. Ahora buscan candidatos y candidatas con capacidad de gobernar de forma solvente, o al menos que la transmitan. Por eso ya no vale preguntar en las encuestas solo si se conoce y valora a los candidatos y candidatas. También hay que saber quién es el preferido para gobernar.

Entre quienes no responden y quienes consideran que ningún candidato es adecuado, hay un 50% de la población

El Sociómetro Vasco de junio de 2026 pregunta quién consideran que sería el mejor candidato, independientemente del partido al que voten. Es una pregunta interesante porque da información más allá del voto. Los resultados muestran que, entre quienes no responden y quienes consideran que ningún candidato es adecuado, hay un 50% de la población. Este es un terreno especialmente abonado para los outsiders: candidatos que llegan de fuera de la política y conectan efectivamente con ciudadanos que no tienen preferencias entre lo que ya existe.

En cuanto a los candidatos y candidatas que ya ocupan el escenario, el lehendakari Imanol Pradales tiene el 25% de las preferencias totales y es claro ganador entre los votantes del PNV (65%), los mayores de 65 años (35%) y los que se autoubican en el centro ideológico (32%).

Tiene su lógica: su comunicación está orientada en exclusiva a transmitir capacidad de gobierno porque está gobernando. Además, los valores de su marca electoral coinciden con los que se transmiten desde el Gobierno, como solvencia o gestión. Teniendo en cuenta esto, incluso podríamos decir que estas preferencias son discretas.

Sin embargo, la capacidad de Pradales no está solo en la gestión, sino también en llegar a otros electorados. Es el candidato preferido entre los votantes socialistas (28%) —pocos socialistas ven a Andueza como posible lehendakari, y esto tampoco es casual— y tiene preferencias altas entre los votantes del PP (23%), frente a un Javier de Andrés que acumula el 26% entre los populares.

La comunicación política de Peio Otxandiano está orientada fundamentalmente hacia la oposición

Peio Otxandiano tiene un 11% de las preferencias. Esto puede ser normal: su comunicación política está orientada fundamentalmente hacia la oposición, aunque en determinados momentos trate de mostrar capacidad de gestión.

En el caso de Otxandiano, los números segmentados son más discretos. Es el preferido entre los votantes de izquierda (25%) y los de Elkarrekin Podemos (13%). El de EH Bildu muestra menos capacidad de llegar a otros electorados, pero un 4% de los votantes del PNV y del PSE le prefieren antes que a Pradales.

Los demás candidatos y candidatas, entre la falta de conocimiento y la poca importancia de sus partidos en un sistema que empieza a mostrarse como bipartidista, no tienen números sorprendentes ni destacados. Esto, como en la competencia partidista, sigue siendo cosa de dos.

Si los electores del PP y del PSE tienen que elegir entre Pradales y Otxandiano para ser lehendakari, se inclinarán lógicamente por el jeltzale

Cosa de dos, pero con ventaja destacada para Pradales. Si los electores del PP y del PSE tienen que elegir entre Pradales y Otxandiano para ser lehendakari, se inclinarán lógicamente por el jeltzale. Hasta aquí, ninguna sorpresa.

El PNV tiene mejores puentes hacia estos electorados que EH Bildu y el factor candidato le favorece al actual lehendakari. Pero el hecho de que los candidatos y candidatas hayan ganado peso dentro de las decisiones de los electores no quiere decir que sea el único factor.

EH Bildu sigue teniendo fuerza como marca electoral y, de momento, parece conectar mucho mejor con las temáticas que preocupan a la ciudadanía. La próxima elección, también las municipales y forales, no será tanto de candidato como de propuestas y marcas electorales, o al menos eso es lo que debería buscar EH Bildu.

Mientras seguiremos esperando a ese outsider que rompa las reglas del juego y ponga a los candidatos y candidatas en el lugar que se merecen dentro de una elección.