Acceder a una vivienda en alquiler se ha convertido prácticamente en un deporte de riesgo. Un calvario en el que además de pagar precios desorbitados tienes que pasar tal cantidad de filtros, que se son una auténtica tortura y una forma diabólica de generar estrés y ansiedad.

No todas las localidades lo sufren de la misma manera, pero en las capitales empieza a ser una constante que se acentúa en ciudades como Madrid, Barcelona o San Sebastián, por poner algunos ejemplos.

Es descorazonante tener que buscar un piso para alquilar para cualquiera, pero especialmente para los jóvenes que quieren o necesitan independizarse o estudiar fuera, y ven cómo, aún trabajando, no pueden acceder a las leoninas condiciones que se están aplicando por parte de algunas agencias inmobiliarias: avales, garantías, anticipos… y que, de poder hacerlo, se dejan un porcentaje de su salario que luego les impide vivir en condiciones.

A pesar de todo, el “casting” hay que pasarlo también para acabar viviendo en un antro

Tremendo ver cómo relatan todo lo que tienen que hacer para conseguir casas que en numerosas ocasiones no reúnen las mínimas condiciones de habitabilidad y encima, salen por un ojo de la cara. A pesar de todo, el “casting” hay que pasarlo también para acabar viviendo en un antro.

Habrá quien piense, porque es muy habitual que el problema es que los salarios son bajos, efectivamente en algunos casos eso es así, pero en general, no se trata de eso. Es inviable que los sueldos crezcan al ritmo al que lo hace la vivienda. Imposible. No hay mercado laboral que soporte crecimientos salariales a ese ritmo, con lo cual la solución no va por ahí.

La realidad la evidenciaba el Banco de España denunciando que faltan del orden de 750.000 viviendas para cubrir la demanda que existe ahora. Faltan, y eso no significa que el problema pueda arreglarse con el mercado de viviendas vacías que además de no estar ni en condiciones, ni dónde se necesitan, no alcanzan ni de lejos para cubrir la actual demanda.

Las unidades familiares crecen muy por encima del ritmo de construcción de viviendas

Hay que construir, y además hay que hacerlo rápido porque el agujero se va haciendo cada año más grande. Las unidades familiares crecen muy por encima del ritmo de construcción de viviendas que, dicho sea de paso, lejos de crecer año tras año, va mermando.

Hay una prioridad que es habilitar suelo para poder construir. No nos podemos dormir en los laureles ante el que sin duda es el problema por excelencia para nuestra sociedad. Y no podemos esperar que esto se arregle subiendo los sueldos.

Por mucho que suban, si no hay dónde alojarse, no hay nada que hacer. Esta es la ley del mercado, la de la oferta y la demanda. Hay más peticiones de vivienda que vivienda construida y la tendencia es a que el desequilibrio entre una y otra se vaya acentuando, ya lo está haciendo, con el paso del tiempo.

Pisos que han sido vistos por centenares de posibles inquilinos que no pasan los filtros, particularmente de solvencia

Comprar es complicado y alquilar es una auténtica carrera de obstáculos. Pisos que han sido vistos por centenares, sí, no estoy exagerando, centenares de posibles inquilinos que no pasan los filtros, particularmente de solvencia, para que se los alquilen.

Vamos, que la selección es absolutamente increíble, un examen complicado y poco objetivo, en el que, en el mejor de los casos y si lo apruebas, te sale a pagar y además mucho.

Se entiende perfectamente que esta situación genere estrés y ansiedad entre la gente que busca con desesperación un sitio en el que vivir. Toda esta coyuntura afecta de lleno a la economía global y al mercado laboral en particular.

Si tienes trabajo y no consigues vivienda, no puedes acceder al empleo

En un contexto en el que la falta de perfiles profesionales es un drama ya para muchos sectores, la escasez de oferta de vivienda no ayuda en absoluto. Si tienes trabajo y no consigues vivienda, no puedes acceder al empleo.

Ya hay empresarios, sobre todo del sector de la hostelería en algunas zonas que han tenido que optar por incluir la vivienda para poder tener trabajadores, pero evidentemente, la fórmula no es ninguna panacea y se agota en sí misma.

No todas las empresas, de hecho, muy pocas pueden añadir a los costes laborales el de la vivienda, y además incluso haciéndolo, también nos toparíamos con el escollo de la falta de casas disponibles.

Vamos, que estamos frente a la pescadilla que se muerde la cola, así que solo podemos pedir soluciones rápidas que ayuden a aligerar la angustia de quienes afrontan esto, que es el peor de los castings.