La lengua, cualquier lengua por definición sirve para entendernos, siempre y cuando la compartamos. Por ello cualquier idioma debe ayudar a integrar y a cohesionar y no a lo contrario.
En las últimas semanas la polémica sobre el euskera se ha recrudecido, una vez más, y el asunto ha saltado del Parlamento vasco a la universidad y de allí, al mundo de la economía.
Costó sacar adelante la Ley de Empleo Público en la Cámara vasca, y poco después asistíamos con asombro a la situación generada en las notas de la PAU, con una llamativa acumulación de ceros en el examen de euskera, que por mucho que ha intentado explicarse ha acabado judicializada.
Para rematar todo esto, hace unos días el sindicato ELA se descolgaba con el anuncio de que va a negociar íntegramente en euskera 27 convenios sectoriales, haya o no haya traducción, o lo que es lo mismo, se entiendan o no se entiendan los integrantes de las mesas negociadoras.
Son episodios diferentes con un denominador común: el euskera. La lengua vasca acaba utilizándose políticamente como arma arrojadiza. Así que ninguna de esas actuaciones con la controversia que generan, ayuda a mejorar la posición del idioma, desgraciadamente lo que se genera es lo contrario, se daña a la lengua.
Está muy bien apostar por el euskera pero que no se olvide que aquí la lengua vasca y el castellano son lenguas cooficiales, y debe garantizarse el uso de ambas
Por centrarnos en la parte económica o empresarial, y en concreto en la exigencia del sindicato mayoritario ELA de negociar los grandes convenios sectoriales vascos en euskera, apuntar que flaco favor le han hecho al idioma pero mucho menos aún a la negociación colectiva, ya especialmente tensionada con componentes como el absentismo, la productividad o el salario mínimo vasco.
Bien, pues a todo esto ELA añade la que denominan “opresión lingüística” contra el euskera en la negociación colectiva, y advierte que negociarán en ese lengua, independientemente de que no se traduzca y haya quien no entienda lo que se dice. Vamos, una traba más utilizando el euskera para intentar llegar a acuerdos, o más bien lo contrario, algo a lo que por otra parte ya nos tienen acostumbrados. Parece que computa más en las mesas no alcanzar consensos para poder hacer llamamientos a la huelga que llevar las negociaciones a buen término.
Así que es lógico preguntarse si la propuesta de ELA que ha respaldado LAB y ha cosechado las críticas de CCOO y UGT es realmente una apuesta por el euskera, o una nueva estrategia de confrontación. Parece más lo segundo porque en caso contrario no se lanza eso como un ultimátum, bien al contrario se plantea como una propuesta en la que las partes puedan opinar y obviamente, con la que se garantice que cualquiera que participe en una mesa de negociación va a poder entender lo que allí se diga.
Nos encaminamos a un otoño-invierno caliente en lo que a la negociación colectiva se refiere, con un caldo de cultivo nada halagüeño para la industria, con empresas muy tensionadas por diferentes motivos y con la incertidumbre en todos los ámbitos como telón de fondo
Está muy bien apostar por el euskera pero que no se olvide que aquí la lengua vasca y el castellano son lenguas cooficiales, y debe garantizarse el uso de ambas. En todo caso ya tenemos un motivo más de confrontación en mesas tan sensibles como las que negocian los convenios de metal, que cada vez cuesta más esfuerzo sacar adelante, y que afectan a un buen número de trabajadores de la industria vasca.
Nos encaminamos a un otoño-invierno caliente en lo que a la negociación colectiva se refiere, con un caldo de cultivo nada halagüeño para la industria, con empresas muy tensionadas por diferentes motivos y con la incertidumbre en todos los ámbitos como telón de fondo.
Generar una tensión añadida, sólo consigue eso, tensionar todavía un poco más y poner más palos en la rueda para lograr acuerdos que beneficien a empresas y trabajadores. Pero claro, tal vez para algunos, el objetivo no sea otra que presionar y en este objetivo también vale el uso o no uso del euskera.
Me temo que esto no a va a beneficiar a nadie, ni a la lengua, ni a la negociación colectiva. Por lo pronto el Consejo de Relaciones laborales a quién ELA le ha pedido intervenir en este asunto, ha dicho que corresponde a las partes decidir en qué idioma se haga la negociación colectiva.
Así que visto lo visto, y escuchado lo escuchado, todo parece encaminarse a un diálogo de sordos.
