Aficionados de la selección española junto al estadio de Anoeta de San Sebastián Efe
Hay que ser muy triste para irte a una manifa a las siete de la tarde de un domingo de julio y terminar, quién podía saberlo, intentando reventar la emisión de la final de la Copa del Mundo y apalizar a los allí presentes, seguidores de la selección española, en el Parque de Doña Casilda de Bilbao.
Mira que hay formas y maneras de ignorar un evento que no te representa.
La principal, ignorarlo, claro.
Puedes irte al monte, leer un libro o ver ETB 1, mientras el resto de la audiencia vasca mira y vive como España gana a Argentina.
O tifar por Argentina. Aunque entiendo que quede raro apoyar a la selección de un país cuyo gobierno respalda el genocidio de Gaza.
Tan raro como oponerse y perseguir a quien anima a la selección de un país que apoya a Palestina y a su pueblo.
La mayoría de vascas y vascos eligió ver y no ignorar la final. Casi el 80%, cifra idéntica a la media española
Sería feo hasta para un revolucionario de pacotilla tipo Ernai.
Está también la opción escogida por muchos nacionalistas vascos tibios: verlo en la clandestinidad de tu hogar o con un grupo reducido de familia y amigos, haciéndote el neutral y el entendido, hasta que aprietas el puñito con el gol de Ferrán y sueltas un ¡bien! bajito para que no te oigan.
Todas ellas son válidas y no molestan a nadie, pero ir a cazar a ciudadanos vascos por la calle porque llevan una camiseta que no te gusta es de nancis, de kristallnacht, de progromo y de colono israelí.
Un 80%
La mayoría de las vascas y de los vascos, por cierto, eligió ver y no ignorar la final.
Casi el 80%, cifra idéntica a la media española.
Ni siquiera hubo ese pequeño diferencial de cuatro o cinco puntos que suele registrarse en estos eventos de gran visionado.
Selección española
Y es muy posible que, como el pueblo vasco es tan listo, fueran a favor de la mejor selección.
Para que lo entiendan, imaginen que la final hubiera sido Italia-Brasil, por decir algo.
En este caso, si a Pradales, gure lehendakari, le hubieran preguntado por sus preferencias les aseguro, sin ningún tipo de duda, que no hubiera contestado la pendejada de que a él lo que le pone de verdad es ver jugar a la canarinha o a la azzurra en San Mamés contra la selección vasca.
Diversidad, deportividad y mensaje de integración
Eso si antes nos ponemos de acuerdo en el nombre de gure selekzioa.
Y esto vale para Arnaldo Otegi, Ibone Bengoetxea, Esteban o cualquier otro equilibrista.
En el ejemplo propuesto, lo más seguro es que el susodicho hubiera elegido bando, basándose en recuerdos y vivencias, en trayectoria, en querencias proustianas o en lo que le hubiera preparado el jefe de prensa y el redactor de discursos, pero hubiera dado una respuesta en clave deportiva.
En el caso real, España-Argentina, de ninguna manera puede ir con la albiceleste, una escuadra que representa a un país gobernado, gracias al voto popular, por un señor que habla con su perro muerto, que apoya a Trump y a Netanyahu, que aplica la motosierra a cualquier cosa que suponga un avance social y que no asiste a la final por la cábala y la superstición.
Entonces, vasco puro de mis entretelas, lo tenías fácil.
En plan, yo apoyaré a España. Por ser los mejores. Por su juego colectivo y generoso, por su diversidad, su deportividad, por su potente mensaje de integración.
Porque es capaz de juntar a un seleccionador católico y meapilas, con un killer rojazo, un negacionista, dos hijos de la emigración más negra, un montón de catalanes, otro de vascos, canarios, extremeños, andaluces, gallegos, valencianos, hasta un francés y un par de madrileños, y funcionar como un colectivo con un interés común.
Hacernos felices. Nada más. Y nada menos.
Era fácil ir con España, Pradales.